viernes, 18 de octubre de 2013

RESÚMENES DE HISTORIA DE LA CIVILIZACIÓN (9ª Y ÚLTIMA ENTREGA)


LECCIÓN 23.  IDEOLOGÍAS DEL SIGLO XX



     Como claramente se deduce del título de esta lección, entramos con ella en el estudio del siglo XX, al que se dedicarán tres. La primera, que ahora abordamos, presenta las ideologías que han dominado el horizonte político occidental a lo largo de la centuria, con especial referencia a las consecuencias fácticas concretas que hayan producido, en uno o varios países, o a nivel global. Por excepción, abordaremos en epígrafes separados la revolución soviética y el comunismo, entendiendo que este es mucho más que aquella.

 

 

  1. LA REVOLUCIÓN SOVIÉTICA.

 

     En la lección 20 presentábamos la ideología socialista durante el siglo XIX. De ella arranca la fuerza teórica y organizativa que dará lugar a la revolución soviética en Rusia (1917), sin duda el equivalente en importancia en el siglo XX, a lo que fue la revolución francesa siglo y pico antes.

 

 

      Los pasos hasta la Revolución y más allá.

 

  • El avance ideológico. La revolución rusa representa el paso del socialismo al comunismo o, si se prefiere, del marxismo al leninismo. ¿Cuáles son los principales signos que evidencian este cambio? Veámoslos a continuación.
  • El imperialismo. Llámese así, o se prefiera la palabra internacionalismo, lo cierto es que los soviéticos de primera hora entienden su revolución como el preámbulo del levantamiento de la clase obrera a nivel mundial, en el que la Rusia soviética y su Partido Comunista ejercerían el liderazgo.
  • Partido único, fuerte, guía y vanguardia de la clase obrera. Este es, naturalmente, el Partido Comunista, cuya correa de transmisión con el Gobierno viene asegurada por la coincidencia personal entre cargos del partido y cargos ministeriales y funcionariales.
  • Acción militar provocadora del cambio. Y no al final de los tiempos, cuando la situación estuviese madura y los capitalistas en abrumadora minoría (como pensaba Marx), sino en situación precaria, con una clase obrera escasa y poco concienciada y teniendo que mantener el Ejército Rojo una dura guerra civil.


      Los componentes históricos.

 

      Contra lo que en principio habían programado los ideólogos socialistas, el triunfo de la revolución soviética se produjo con unos condicionamientos dudosamente favorables, entre los cuales el decisivo fue un imponderable: la tremenda situación de Rusia y de su ejército avanzada la Primera Guerra Mundial.

 

  • Atraso económico y político. Rusia era, en comparación con las potencias occidentales, un mundo rural inmenso, con un Gobierno totalitario y poco eficaz y una clase obrera industrial en crecimiento, pero muy concentrada en determinadas ciudades. Todo esto, que parecía contrario al triunfo de la revolución, fue diestramente aprovechado por los bolcheviques y su líder, Lenin, para conseguir sus propósitos, con una mezcla de oportunismo temporal y radicalismo ideológico.
  • Decantación de múltiples movimientos y descontentos. Los bolcheviques son el último eslabón pre-revolucionario de una estirpe que se remonta a unos 50 años atrás y de la que forman parte nihilistas (terroristas), anarquistas, socialistas y demócratas. De hecho, la propia Revolución fue precedida de una fase moderada (la república de Kerenski), para pasar a la exaltada (Lenin) y acomodarse, finalmente, como dictadura comunista en un solo país (con Stalin).

 
      Sus efectos.

 

·         Desaparición sustancial de la propiedad privada. Después del fracaso de fórmulas más moderadas, la Revolución trajo consigo la expropiación absoluta de la tierra y de los medios o bienes de producción, dejando una magra propiedad privada de los objetos de consumo.

·         Igualitarismo. Desaparecen casi radicalmente las clases sociales y el nivel de vida es muy parecido en todos los sectores de la población. Esta igualación por abajo irá siendo minada con el tiempo, mediante las bonificaciones y privilegios de los altos cargos del partido (nomenklatura) y de la vida profesional (intelligentsia).

·         Exportación revolucionaria. Aunque los soviéticos se ven obligados a replegarse a su propio país, no pierden la oportunidad de apoyar los movimientos obreros revolucionarios de otros pueblos, de dos maneras diferentes: la indirecta, de mediatizar a los partidos comunistas de otros Estados, gracias a la Internacional Comunista; y la directa, de formas de intervención armada o subversiva, ayuda económica o militar, y guerras de conquista.

·         Perpetuación de la ideología y de la clase dirigente. El comunismo soviético pervive en Rusia durante 70 años, en los cuales los cambios son mínimos y con abundantes retrocesos. Es tiempo más que suficiente para constatar la imposibilidad de avanzar y mejorar radicalmente, superando el estadio totalitario y represivo de la revolución. De hecho, el colapso final de la URSS es fruto, en parte, del convencimiento de todos, de que el cambio y la evolución dentro del régimen eran imposibles.

 

 

  1. LAS IDEOLOGÍAS DEMOCRÁTICAS.

 

      Ventajas e inconvenientes de lo diverso y complejo.

 

  • Las democracias del corte occidental se perfilan en el siglo XX mediante la armonía y equilibrio de tres tipos de componentes: los conservadores, los reformistas y los revolucionarios. Ello da a estas democracias un carácter variopinto, pero también una notable capacidad de adaptación y de cambio.
  • El momento decisivo para la consolidación de estas democracias se produce con la entrada en el juego político de las fuerzas socialistas, que renuncian a sus ingredientes de violencia. A partir de este momento, quedan bien representadas en las democracias todas las clases sociales: capitalistas y burgueses (que ya lo estaban desde el siglo XIX) y proletarios (que se integrarán en el siglo XX).


      Claves de las democracias de corte occidental.

 

  • Elecciones libres cada poco número de años. No es una condición suficiente para una democracia, pero sí es obviamente un requisito necesario, el más notorio y principal.
  • Libertades políticas. A los derechos individuales nacidos de la Revolución Francesa, se agregan otros (también surgidos por aquella época), que son indispensables como complemento de las elecciones libres: las libertades públicas (expresión, reunión, asociación); la pluralidad política (sistema de libre creación y actuación de los partidos políticos); equilibrio de poderes, para que no haya un descontrol absolutista por el hecho de haber ganado las últimas elecciones.
  • Relativa igualación de los ciudadanos. Hay que implementar una igualdad de oportunidades, para que todos puedan llegar hasta donde les lleven su trabajo y su talento, en bien suyo y de la sociedad. Y, para los menos favorecidos, hay que marcar una cierta igualdad de medios esenciales (seguridad social, enseñanza, sanidad, servicios públicos en general): es lo que se llama Democracia social o Estado del bienestar, el último pilar de las Democracias occidentales maduras.

 

      Conflictiva conexión de la política y la economía.

 

  • Libertad de empresa, de mercado y de comercio. Las democracias occidentales parten del reconocimiento del liberalismo como la doctrina económica que mejor se adapta al régimen de libertades que en ellas se preconiza. No obstante, el liberalismo tiene dos serios inconvenientes que hay que superar: 1º) El libre mercado es una falacia; un liberalismo puro lleva, más bien, al oligopolio y la colusión. 2º) El liberalismo sin control parece reñido con la existencia de Estados nacionales y de crisis económicas periódicas, que precisan de mecanismos arancelarios y de inversiones y subsidios públicos.
  • Correcciones posibles. Para superar tales inconvenientes, las democracias se moverán entre dos polos extremos, buscando un equilibrio dinámico: el liberalismo puro (o Neoliberalismo), para superar los nacionalismos y generar mercados globales, y la Social-Democracia, o socialismo moderado, que corrige los excesos del mercado liberal con impuestos progresivos, seguridad social y medidas anti-dumping.

 

      El relativo triunfo de las democracias.

 

      Al largo plazo de todo el siglo XX y los comienzos del XXI, las ideologías democráticas parecen haber ganado la partida a sus antagonistas (pacíficamente o por la fuerza) y se van imponiendo, no sólo en Occidente, sino en los Estados más progresivos de todo el mundo.



 

  1. DICTADURAS DE DERECHAS.

 

      El fascismo.

 

      Se ha generalizado la tendencia a denominar fascismo a cualquier dictadura o forma de violencia política. Eso es demasiado generalizar, como en sentido contrario tal vez sea demasiada concreción la de limitar el fascismo a la dictadura encabezada por Mussolini en Italia entre los años 1922 y 1945. Según eso, ¿qué notas distintivas presenta el fascismo? Destaquemos las siguientes:

 

·         Omnipotencia estatal. El Estado pretende dirigir y controlar toda la vida social, encuadrando a la población en un proyecto totalitario. Naturalmente, esa omnipotencia acaba resultando ficticia y la burocracia ineficaz palía (afortunadamente) el intento.

·         Desigualdad de los seres humanos. El fascismo, tomando lo mejor de la historia de la nación (con más o menos trucos y anacronismos), pretende pasar por encima de los Estados rivales o hacerse con colonias de pueblos inferiores. El fascismo italiano se apoyará en las glorias imperiales de la antigua Roma y tratará de dominar a ciertas pequeñas naciones europeas (Albania, Grecia) y africanas (Libia, Abisinia, Somalia).

·         Culto al Jefe.  La jefatura del gobierno y del partido (gracias a la existencia de un rey, Mussolini se abstuvo de reclamar la jefatura del Estado) se asignan, con carácter definitivo y sin elecciones (o con elección falseada) a una persona, que a su vez encarna la personificación de la nación y las virtudes de la misma. Su voluntad es ley y no se considera responsable sino ante la historia.

·         Partido único y antidemocrático. Curiosamente, los fascismos (a semejanza del comunismo) abominan de los partidos políticos, pero constituyen el suyo como único y en él procuran encuadrar a lo más intelectual y lo más violento de la sociedad. Los jerarcas del partido suelen ser simultáneamente los altos cargos del gobierno y, por supuesto, la jefatura del partido la ostenta, de manera férrea y absoluta, el Jefe.

·         Imperialismo militarista. Los fascismos tienen tendencia a resolver por la violencia y la acción directa los problemas internos, y mediante la provocación y la guerra, los internacionales. En una época demasiado tardía para hacerse con un imperio colonial, tratarán, no obstante, de expansionarse a costa de pueblos atrasados, o de establecer protectorados que nadie les ha solicitado ni concedido.

 

      El nazismo.

 

     El régimen que enseñoreó Alemania entre 1933 y 1945 estaba claramente inspirado en la política fascista, aunque pasada por la mentalidad de Hitler y la situación e idiosincrasia del pueblo alemán. Así, vino a resultar una especie de apoteosis del fascismo en muchos de sus aspectos:

 

  • Racismo y antisemitismo. Donde el fascismo se había conformado con cantar las excelencias y superioridad de la nación italiana, el nazismo construirá toda una teoría racista (la gente aria) y se creará un enemigo visceral (los judíos), a quienes perseguirá y exterminará sistemáticamente.
  • Control absoluto de la información y el pensamiento. Es la exacerbación de la omnipotencia estatal que el fascismo cultivaba, llevada hasta el extremo de indagar en lo más recóndito de las opiniones y utilizar la propaganda como tremenda arma de intoxicación (Goebbels).
  • Apelación sistemática a la guerra. Del imperialismo militarista, se pasa a resolver por medio de la invasión y la guerra cualquier problema internacional. Y así, una cadena de conflictos provocados maliciosamente (Austria, Checoslovaquia, Polonia) acabará llevando al mundo a una guerra total.
  • La Segunda Guerra Mundial. En pocas ocasiones históricas una guerra tuvo una responsabilidad más clara ni una más justa reacción internacional. En esa guerra, terrible y destructora (se calculan no menos de 40 millones de muertos), se enfrentaron las potencias democráticas (Estados Unidos, Inglaterra, Francia) y la URSS con las dictaduras imperialistas (Alemania, Italia, Japón). Este acontecimiento histórico (1939-1945) marcó el giro decisivo del siglo XX y la ruina definitiva de las potencias totalitarias de corte fascista.



      Dictaduras para-fascistas.

 

     En torno a la misma época (años treinta del siglo XX), se produjeron ensayos de trasladar el fascismo a otros países europeos (Portugal, España, etc.); pero, aunque partían de las mismas ideas, su aplicación fue en general menos rigurosa. Su denominador común puede resumirse en: economía dirigida, falta de libertades, culto de la personalidad y proclividad a la violencia.

 

      Una de esas dictaduras para-fascistas fue el franquismo español (1936-1975), surgido de una terrible guerra civil. Como la mayor parte de su historia ya se desarrolló en un mundo muy distinto y hasta hostil a tales regímenes, el franquismo estuvo primero a la defensiva y, posteriormente, alivió mucho la presión de la violencia y la opresión. En cierto modo, acabó caracterizado, más que como una dictadura de tipo fascista, como un régimen militarista con una cabeza dirigente omnímoda y ávida de mantenerse hasta la muerte en el poder.

 

 

  1.  EL COMUNISMO.

 
      Aunque, al tratar de la Revolución soviética, se hayan fijado muchas claves del comunismo, nos parece oportuno acabar esta lección con un apartado que desconecte la ideología comunista de su praxis en Rusia y le dé –como efectivamente lo tuvo- un tono internacional y general.

 

      Claves del comunismo.

 

  • Internacionalismo. Se entiende que la clase obrera está por encima de artificiales fronteras políticas y tiene que unirse para lograr sus objetivos (proletarios de todos los países, uníos). A través de la Internacional Comunista y de las actividades proselitistas de la URSS, el comunismo llegó a ser, efectivamente, una fuerza formidable a nivel mundial, implantada en muy diversos países.
  • Partido único fuertemente jerarquizado. Nos remitimos a lo expuesto en el apartado 1 de esta lección respecto del Partido Comunista de la URSS. Otro tanto puede decirse del resto de aquellos, al menos, hasta la evolución llamada eurocomunismo, que dio a algunos partidos comunistas (empezando por el italiano) un cierto tono democrático y propicio a compartir con otros el espectro político, incluso de la derecha.
  • Economía planificada, con bienes de producción de propiedad común. También de esto se ha tratado antes. Baste añadir que la planificación rígida trajo tales complicaciones, que fue siendo mitigada según el comunismo se asentaba más sólidamente en un país, o este salía del marasmo en que solía estar cuando el comunismo se aposentaba en él.
  • Corporativismo soviético. Aun habiendo sido esta nota bastante discordante entre unos regímenes y otros, el comunismo suele canalizar la escasa participación social que admite, a través de vías diferentes de los partidos: soviets o consejos de fábrica, de barrio, de unidad militar, de comuna, etc. De  aquí, las ideas y los dirigentes más capaces y adaptados al régimen pasarán a integrarse en los órganos propios del sindicato o del partido únicos. 


      Auge y decadencia del comunismo.

 

  • Proliferación mundial. Entre el final de la Segunda Guerra Mundial y la caída de la URSS (hacia 1990), el comunismo se expandió de manera tan vigorosa, que plantó cara a las democracias y estuvo a punto de hacerse con el control de una gran parte de mundo (guerra fría, crisis de los misiles en Cuba, triunfos en el Tercer Mundo). La Europa del Este, China y su entorno, Cuba y parte de América Latina, cayeron –por unas u otras razones- en manos de gobiernos comunistas. Tal expansión hizo difícil a la URSS seguir encabezando sin discusión el mundo comunista (enfrentamientos con China y Yugoslavia), pese a ser indudablemente la segunda potencia mundial.
  • Enorme crisis actual. A nivel político, el comunismo apenas ha podido sobrevivir a su caída en la Unión Soviética. La Europa del Este se ha liberado de su sujeción. China asume posturas claramente evolucionistas. América Latina (salvo Cuba) parece haber superado la veleidad de utilizar el comunismo para salir de sus problemas. Pero ese hundimiento político no debe confundirnos: el comunismo sigue teniendo un enorme valor teórico, como utopía y crítica del capitalismo, y es muy probable que tenga un papel importante que cumplir ante los retos que nuestro mundo ha de afrontar. Pero tratar de ellos será cosa de la lección siguiente.

 

 

 

 

 

LECCIÓN 24.  LA DESCOLONIZACIÓN. RECAPITULACIÓN




      Como se deduce del título, esta lección está dividida en dos partes bien diferenciadas. La primera trata del proceso descolonizador, que cuajó masivamente hacia el año 1960. La segunda pretende ser un resumen de los mayores problemas con los que se enfrenta el hombre actual y las respuestas que, hasta ahora, va encontrando para tratar de solucionarlos.

 

 

  1. CAUSAS Y TIPOS DE DESCOLONIZACIÓN.

 

      Causas de la descolonización.

 

      A mediados del siglo XX, se produce un acelerado y global proceso de descolonización, que da al traste con todos los imperios de esa naturaleza y sitúa en la escena internacional a decenas de nuevos Estados soberanos, cuyo número actualmente se aproxima a los doscientos, según la composición de la ONU. ¿Qué causas provocan tan masivo y trascendental fenómeno histórico? Veamos algunas de las más importantes:

 

  • Debilitamiento político y militar de las potencias coloniales. Las clásicas potencias coloniales (Inglaterra y Francia), tras los desastres de la Segunda Guerra Mundial, pierden mucho poder y necesitan hacer enormes inversiones en su propio suelo. Otros Estados coloniales, como Portugal, apenas tienen relevancia internacional. Es, pues, el momento de reclamar la independencia con el mínimo de resistencia por parte de las metrópolis.
  •  Deseo de autodeterminación en las colonias y en las grandes potencias (Estados Unidos y la URSS). El triunfo en la Guerra de las democracias occidentales potencia los deseos de libertad de sus súbditos coloniales y disminuye la oposición doctrinal de los intelectuales metropolitanos. Pero, tan importante o más que lo que sucede en las colonias y en los países imperiales, es la postura de las dos Grandes Potencias salidas de la Guerra Mundial (EE.UU y la URSS), que son contrarias al sistema colonial, entre otras razones, porque, literalmente, no tienen colonias y esperan influir o dominar en las que se independicen.
  • Expansión demográfica y avances culturales y económicos en el Tercer Mundo. Puede decirse que muchas de las colonias han llegado en esta época a su mayoría de edad y actúan de ejemplo y apoyo para las que aún están inmaduras para su independencia.

 

      Tipos de descolonización.

 

      Podemos distinguir tres tipos de descolonización, que dependen de variables tales, como la postura de la metrópoli, el tipo de colonia de que se trate, la madurez colonial y las interferencias de terceros (en especial, de la URSS).

 

  • Pacífico y gradual. Es el dominante en las colonias antiguas de población. La independencia sobreviene en condiciones económicas y políticas relativamente buenas y se mantienen lazos económicos y políticos profundos con la metrópoli.
  • Acelerado, aunque sin lucha. Permite seguir manteniendo buenas relaciones con la potencia colonial, pero la emancipación llega en un ambiente de falta de medios, de organización y de cuadros dirigentes. Es el prototipo de independencia de las colonias de explotación relativamente recientes (del siglo XIX).
  • Violento o bélico. Se produce, en especial, en las colonias intermedias o de población mixta, en que chocan duramente los nativos y los oriundos de la metrópoli; o también, donde grupos independentistas extremistas practican el terrorismo o tratan de implantar el comunismo. En estos casos, la emancipación se encontrará con economías destrozadas, malos hábitos militaristas y ruptura de todo lazo político o económico con la antigua potencia colonial.

 

 

  1. CONSECUENCIAS DE LA DESCOLONIZACIÓN.

 

  • Para los países metropolitanos. En todos los países de tradición imperial (Inglaterra, Francia, Portugal) se produjeron crisis ideológicas y económicas más o menos importantes, pero se resolvieron a corto o medio plazo sin especiales dificultades. Los mayores problemas y más duraderos provinieron de los inmigrantes retornados (pied-noirs argelinos) o de la necesaria reconversión militar (Revolución de los claveles en Portugal).
  • Para los países colonizados. En general, la descolonización ha provocado en ellos graves crisis político-económicas de muy difícil solución, que han tratado de paliar por medios diversos (asociacionismo entre sí o con la metrópoli; fundamentalismo religioso-nacionalista; dictaduras comunistas o militares; autarquías que se sitúan al margen del resto del mundo…). Tales fórmulas no han solido dar resultados positivos a corto y medio plazo.
  • Para el conjunto del mundo. La falta de cultura, de tradición política y de capital de las excolonias, unida a su expansión demográfica, ha generado una nueva forma de colonialismo o dependencia (el tercermundismo), que no encuentra hasta ahora otra salida que la trágica y conflictiva de la emigración.

 

 

  1. DEL TERCER MUNDO, A LOS PROBLEMAS GLOBALES.

 

      Este apartado pretende ser (como antes dijimos) un resumen de los principales retos y problemas que actualmente afronta la humanidad y una alusión a algunas de las fórmulas empleadas para superarlos. Son tantas las cuestiones a tratar, que se impone una selección, que no todos juzgarán acertada.

 

  • Ecología. Es seguramente el problema capital para la especie humana, aunque algunos nos tilden de catastrofistas por reconocerlo. Se ha constatado la imposibilidad de armonizar un ilimitado desarrollo demográfico y económico con la conservación del medio ambiente y los recursos naturales limitados. Las catástrofes presentes auguran en el futuro otras mucho peores, que resultarán imparables a poco que tarden en adoptarse resoluciones drásticas y obligatorias. Pero los designios de los rectores de los pueblos no parecen ir por ahí y se pierden en la falacia del desarrollo sostenible, sin sacrificios inmediatos, grandes y forzosos.
  • Libertad. Aunque muchos países occidentales gozan –como vimos en la lección 23- de democracias razonablemente liberales, en otros muchos Estados (seguramente, en la mayoría) la falta de soportes ideológicos, de igualdad y de justicia hacen de la libertad un bien escaso, y hasta despreciado, que equivocadamente se entrega a los violentos o a los poderosos, a cambio de una hipotética participación en la riqueza. Se impone un trinomio inseparable, “libertad, justicia, igualdad”, en que no se sacrifiquen unos bienes por otros ya que, a la postre, cada uno de ellos hace  posibles los demás.
  • Orden internacional. Las instituciones encargadas de su tutela siguen siendo poco eficaces e imparciales, lo que propicia delirios de violencia (guerras, terrorismo, genocidio) para solucionar los conflictos, tanto a nivel interior como internacional. Las más recientes generaciones parecen haber olvidado la probabilidad de un holocausto nuclear, pero sigue siendo una posibilidad que no puede, en ningún caso, descartarse (cada vez hay más potencias nucleares).
  • Ricos y pobres. Las desigualdades estructurales y nacionales generan enormes diferencias sociales, que acaban redundando en perjuicio de toda la humanidad. Esa tremenda desigualdad, en efecto, está en la base de lacras tales, como las crisis económicas, las migraciones masivas, los atentados ecológicos y la inseguridad política.
  • Espiritualidad. El mundo actual se vanagloria (muchas veces, de manera inexacta) de haber superado el fanatismo y la credulidad, en especial, los generados por la religión. Sin embargo, la crisis del idealismo y la espiritualidad puede comportar la hipertrofia del materialismo y la pérdida de valores morales de gran trascendencia cultural, social y personal.
  • Individualismo. Existen severas tensiones entre la intimidad y la libertad del hombre, por un lado, y su proyección y convivencia social, por otro. No puede olvidarse que la persona es individuo, pero también ser sociable y, sin alguna de esas dos facetas (o con gran predominio de una cualquiera de ellas), la especie humana no tiene posibilidades de prosperar.

 

 

 

 

 

 

LECCIÓN 25. CIVILIZACIÓN Y ARTE CONTEMPORÁNEOS




  1. UNA CIVILIZACIÓN UNIVERSAL.

 

  • Generalización de la civilización europea. Todo el mundo parece haber asimilado (aunque no la comparta) la civilización europea, entendiendo por tal la que en este continente tiene sus orígenes y fue extendiéndose al resto del planeta mediante el doble proceso de colonización y aculturación. Entre otros sectores en que tal asimilación resulta evidente, tenemos los siguientes: organización política, información, transporte, herencia intelectual y valor de lo tecnológico-industrial.
  • Aportaciones crecientes del mundo no europeo. A partir de la asimilación y generalización de lo europeo, es cada vez mayor la aportación a esta civilización unitaria (que no uniforme) del mundo extra-europeo, así en el ámbito teórico, como en el económico. Particularmente importante (quizás, hoy, dominante) es el influjo de los Estados Unidos, verdaderamente cosmopolita, aunque todavía muy marcado por su origen wasp (blanco, anglosajón y protestante). Poco a poco, Europa va quedando reducida a sus reales y modestas dimensiones.
  • Algunas características de esta civilización global. A) La inquietud por el conocimiento y el sentido de la vida del hombre: positivismo y existencialismo son las dos corrientes más importantes en el mundo contemporáneo. B) Gigantescos descubrimientos científicos, encabezados por los de la Física (Einstein) y la Biología (biomedicina, genética). C) Consiguiente y rápida aplicación de los avances de la ciencia pura a las tecnologías de aplicación práctica: Medicina, Telecomunicaciones, Óptica, Informática, Astronáutica.
  • Una tercera revolución industrial. Se inicia con las aplicaciones electrónicas, a mediados del siglo XX, y pronto se le añaden, en sucesión continua, los avances de las comunicaciones y la informática y la genética (tal vez, habría que aludir a una cuarta y una quinta revoluciones). Las aplicaciones fundamentales de esta revolución industrial las encontramos en los terrenos de la inteligencia artificial y la robótica, la energía atómica, las telecomunicaciones y la tecnología de la información. Los avances técnicos tienen una rapidez creciente y, por ende, también los cambios sociales que los mismos generan.
  •  Estado permanente de crisis de lo ya existente. El cambio social acelerado y constante provoca una crisis o cuestionamiento de lo ya existente o, cuando menos, de las formas de expresarlo. Todo parece estar en crisis. Hay una crisis de la razón (surrealismo, cultura del absurdo, esoterismo); una crisis de las ideas abstractas (cultura de la imagen, incluso virtual); una crisis de la educación (papel de los profesores, indisciplina, currículos individualizados); crisis de autoridad (en la familia y en la política)…

 

 

  1.  NUEVOS CAMINOS DEL ARTE.

 

      Es obligado contemplar con prudencia el arte de nuestro tiempo, debido a la falta de distanciamiento que todavía tenemos. Así pues, daremos una serie de escuetas pinceladas, que puedan considerarse un mini-resumen del arte del siglo XX.

 

  • Aparición de técnicas nuevas y de nuevas artes. Las nuevas tecnologías han determinado la aparición de formas distintas de expresar la creación artística: fotografía, cine, animación, vídeo…
  • Recursos expresivos actuales. Las artes visuales del siglo XX se han distanciado de las formas clásicas de expresar la realidad del artista y comunicarla al público, con la lógica perplejidad de este. Recordemos entre tales recursos la geometricidad, la deformación y la abstracción.
  • Arquitectura. Está muy influida por la aparición y utilización de nuevos materiales y el urbanismo. Las exigencias prácticas propician la arquitectura funcional, en tanto que los problemas medioambientales llevan las construcciones a una especie de naturalismo, para no desentonar del entorno del paisaje.
  • Escultura. También experimenta la recepción de nuevos materiales y se acopla a las nuevas realidades al aire libre (urbanismo, paisaje). En su mayor parte, los escultores practican técnicas expresivas nuevas, como el expresionismo y la abstracción.
  • Pintura. En ella encontramos múltiples movimientos, aún no suficientemente decantados: cubismo, expresionismo, surrealismo, abstracción… Picasso aparece como la síntesis del siglo XX pictórico.
  • Música. Los músicos, clásicos y populares, rompen, total o parcialmente, con los tradicionales valores de melodía, escala musical por octavas, tonalidad y ritmo. Por otra parte, los medios de reproducción y comunicación del sonido convierten la música (no siempre arte) en un fenómeno de masas: pop, rock, etc.
  • El cine. La cinematografía se considera el arte del siglo XX por antonomasia. Nadie puede discutirle, entre otros valores los de síntesis (fotografía, música, representación escénica…), de conciencia y de aglutinante social.


 

 

    

 

 

 



 

 

 

viernes, 11 de octubre de 2013

RESÚMENES DE HISTORIA DE LA CIVILIZACIÓN (OCTAVA ENTREGA)


LECCIÓN 19.  LA CIVILIZACIÓN INDUSTRIAL


      Esta lección abarca acontecimientos históricos a lo largo del siglo XIX.



1.      GENERALIDADES ECONÓMICAS.


      La civilización industrial implica o genera una serie de exigencias económicas, entre las que podemos destacar las siguientes:

 

·         Grandes descubrimientos energéticos. Desde el neolítico, el hombre prácticamente no había contado con más fuentes de energía que su trabajo y el de las bestias de carga. A partir de finales del siglo XVIII, una serie de trascendentales avances científicos y tecnológicos multiplicarán casi hasta el infinito las posibilidades de obtener energía para desarrollar los trabajos. La primera fuente fue el vapor (producido por el calentamiento de agua mediante carbón), que dio lugar a las máquinas que funcionaban con calderas. La segunda, desde mediados del siglo XIX, fue la combustión del petróleo, que dará lugar al motor de explosión. Finalmente, al acabar el siglo XIX, la energía eléctrica (producida por medios térmicos o hidráulicos) se aplicará a los motores eléctricos, gracias a la inducción electro-magnética.

·         Explotación masiva de materias primas. La obtención de energía en proporciones enormes y las industrias que ello genera, obligan a una explotación masiva de materias primas para obtener con ellas nuevos materiales. Tal cosa se facilita, a su vez, por el empleo de maquinaria y sustancias químicas en las minas y la agricultura. Las principales materias primas que se precisan son: el carbón y el petróleo, para producir energía; el hierro, para maquinaria y herramientas; el algodón, en la industria textil.

·         Revolución del transporte. Uno de los efectos de la revolución industrial es el de abaratar y hacer más rápido el transporte de personas y mercancías, gracias a los ferrocarriles y los buques de vapor. Al final de este periodo, se inicia el uso del automóvil, facilitado por la existencia de buenas carreteras. Por su parte, el transporte de información y noticias contará ya en el siglo XIX con el teléfono y la telegrafía.

·         Abundante mano de obra industrial. El factor humano se logra mediante una abundante mano de obra industrial, nacida de la explosión demográfica, de la conversión de la población rural en industrial y minera, y de la emigración. La población industrial se concentra en las ciudades, que experimentarán un crecimiento no acorde con la oferta de viviendas y de servicios públicos.

·         Mejores medios financieros. El capitalismo impulsa los modernos medios de acción económica. Las sociedades anónimas proporcionarán los capitales necesarios. Los bancos ejercerán de prestamistas e inversores. Las bolsas de comercio facilitarán los intercambios de materias primas y la negociación de títulos-valores. Las compañías de seguros y de reaseguros garantizarán frente a los riesgos crecientes que la actividad industrial comporta.



2.      REPERCUSIONES SOCIO-POLÍTICAS.


      Una revolución económica de tal magnitud, como la que acabamos de describir, tiene necesariamente que tener el efecto de un cambio radical de la sociedad de su tiempo; un cambio ya apuntado con las revoluciones liberales de fines del siglo XVIII (ver lección 18) y que hará crisis con los movimientos revolucionarios que recorren Europa hacia 1848.

 

·         De los estamentos, a las clases sociales. En esta época se produce la definitiva superación de los estamentos (basados en el nacimiento y en los privilegios), reemplazados por las clases sociales, que tienen su origen en el dinero y la cultura. La existencia de un Derecho igual para todos, hace las clases sociales mucho más permeables al ascenso y descenso en ellas, mientras que los estamentos prácticamente impedían a los ciudadanos pasar de unos a otros.

·         Predominio político de los capitalistas. La nobleza y el clero desaparecen como fuerzas políticas relevantes por sí. En su lugar, son las clases sociales económica o intelectualmente fuertes las que se imponen: en primer lugar, los capitalistas; luego, los pequeños burgueses y los funcionarios de alto y medio nivel.

·         Concentración creciente de la población. En los países industrializados, el campo se despuebla, pues un reducido número de agricultores puede alimentar al resto de la población, gracias a los nuevos medios tecnológicos (mecanización, abonos). En consecuencia, la población rural sobrante acude a las ciudades, en busca de oportunidades en la industria y los servicios, así como de estudios para sus hijos. La clave demográfica y política serán, en lo sucesivo, las medianas y grandes ciudades.

·         Despegue definitivo de los países industriales. La existencia de una industria fuerte y, complementariamente, de un imperio poderoso serán las condiciones necesarias para ser una gran potencia. A lo largo del siglo XIX, cinco Estados alcanzarán indudablemente ese rango: Inglaterra, Alemania y Francia, en Europa; Estados Unidos, en América, y el Japón, en Asia. 

 

 

3.      DIFICULTADES Y TENSIONES.



      Los grandes y rápidos cambios aludidos en los apartados anteriores no se producen sin problemas y luchas. La línea de avance es clara e imparable, pero tendrá que contar (y procurar paliar o resolver) con estas dificultades y tensiones:

 

·         Lucha de clases. El capitalismo y la burguesía ya han alcanzado las cotas de poder político que anhelaban. Ahora le toca el turno al proletariado, que no puede tolerar, ni las pésimas condiciones de trabajo, ni la falta de intervención (a veces, ni derecho al voto) en la vida pública. Surge así la lucha de clases (patronos-obreros y, por extensión, burgueses-proletarios) que, en el siglo XIX es más que una metáfora de violencia. Al lado del sindicalismo meramente reivindicativo, aparecerá el revolucionario, que tratará de alcanzar sus objetivos mediante métodos tales, como la huelga general, el terrorismo o el asesinato político.

·         Grandes bolsas de marginación. La falta de servicios públicos (por crecimiento rapidísimo de la población o por pasividad pública: laissez faire) y de seguridad social ocasiona una forma de vida miserable e insalubre, que la muerte, el accidente o el paro convierten en tragedias. Y así, una gran parte del proletariado forma parte del lumpen, es decir, de quienes carecen de los medios materiales y culturales más elementales.

·         Incomprensión de los ciclos económicos. El cambio radical de estructura económica hace que las escuelas precedentes (mercantilismo, fisiocracia, etc.) sean incapaces de entender la evolución productiva y ofrecer los medios para contrarrestar la fase negativa del ciclo económico. Consecuencia de ello es que las depresiones serán salvajes, sin ofrecer soluciones o paliativos correctores para quienes las sufren con mayor rigor (pequeños rentistas, obreros sin cualificación, etc.).

·         Los países no industrializados pierden el tren. Si una industria poderosa es la clave del poder a partir de ahora, los países que no la tengan irán perdiendo la condición de potencias, cualesquiera que sean su tradición y sus dimensiones físicas. Dos países ejemplifican muy bien esta realidad, a un lado y a otro de Europa: Rusia y España.

 

 



LECCIÓN 20.  EL MOVIMIENTO OBRERO

      Esta lección es una cierta continuación de la precedente. Por tanto, se acomoda al mismo periodo cronológico, a saber, el siglo XIX.

 


1.      EL MOVIMIENTO SINDICALISTA.



      Enlazando con los hechos e ideas reflejados en la lección 19, se explica la aparición del modelo sindicalista para encuadrar a los trabajadores y combatir por sus mejoras económicas y laborales. Una panorámica muy breve de este movimiento tiene que aludir a sus causas, su evolución y sus resultados en esta centuria decimonónica.



       Sus causas.

 

       La idea de que la unión hace la fuerza (sobre todo, para los que individualmente tienen poca) está en la base de la doble causalidad de la aparición de los sindicatos en este momento de la Historia:

 

·         Relevancia y número cada vez mayores de los proletarios. Eso anima a la unión entre ellos, pues comprenden que una acción conjunta puede paralizar la economía del país.

·         Insuficiencia del liberalismo. Las formas socio-económicas liberales son incapaces de otorgar a los trabajadores buenas condiciones políticas y laborales. En un principio, la ideología liberal es reacia a intervenir en la vida económica y no reconoce el sufragio universal, sino que reserva el voto a los que reúnen ciertas condiciones mínimas de riqueza o de cultura.

 

      Su evolución.


       El liberalismo había acabado con los gremios, con el pretexto de que atentaban contra la libre contratación y el libre mercado. Pretenderá hacer lo propio con los sindicatos, esgrimiendo las mismas razones. Esto llevará a las organizaciones sindicales a la clandestinidad y la represión. Por tanto, su acción violenta no es sólo fruto de sus creencias, sino una reacción a la postura negativa de los gobiernos. Pero los sindicatos (que encarnan el futuro) no son los gremios (que eran un residuo del pasado): el liberalismo no podrá acabar con ellos y habrán de aprender a convivir unos con otros.

 

 

     Triunfo final de los sindicatos.

 

     Ese final feliz para los sindicatos, tendrá varias proyecciones:

 

·         Reconocimiento de los sindicatos, como interlocutores esenciales en la vida laboral.

·         Mejoras laborales para los trabajadores, obtenidas gracias a la acción sindical.

·         Extensión del derecho de sufragio (cartismo), hasta generalizarse en la Europa de finales del siglo XIX el sufragio universal masculino (en España, en 1890).

·         Internacionalización del movimiento obrero, que llega hasta pretender superar los Estados y los conflictos bélicos, pero que se quedará en una solidaridad obrera global, sin perjuicio de las divisiones ideológicas nacidas de la fragmentación de la conciencia proletaria, a la que aludiremos en los dos apartados siguientes.

 

 

2. LA UTOPÍA ANARQUISTA.


      Presentar el anarquismo como una utopía parece un prejuicio inadmisible. Lo cierto es que incurre en tales contradicciones internas, que no parece posible que se consolide por mucho tiempo ni en zonas extensas de nuestra compleja sociedad.

 

 

     Los enemigos del hombre.

 

     Para los anarquistas, los enemigos de la realización y felicidad del hombre son tres: la propiedad privada, el Estado y el ejército. En consecuencia, como la sociedad de su tiempo tiene estas tres realidades como básicas, no cabe otra solución que destruir la sociedad presente y construir una nueva, fundada en ideales completamente distintos.


     La sociedad nueva.

 

     La sociedad futura, que los anarquistas preconizan, está basada en tres pilares: la democracia real, el autogobierno y la autosuficiencia.

 

·         Democracia real, que sólo es posible dentro de un completo igualitarismo, sin diferencias económicas entre personas y sin profesionalización de la violencia.

·         Autogobierno, en cuanto que el Estado desaparece y las formas sociales básicas (familia, pueblo, centro de trabajo...) se rigen por la voluntad de la mayoría expresada directamente y sin delegación o profesionalización de la política. La distinción entre representantes y representados políticos se sustituye, si acaso, por la de decisores (todos) y ejecutores (los comisionados a tal fin).

·         Autosuficiencia, en lugar de especialización. Todos deben procurar aprender a hacer de todo y cualquier pequeña unidad social debe bastarse económicamente a sí misma. El comercio aparece como una actividad secundaria y el dinero desaparece como medio de cambio.

 

 

      Los métodos anarquistas.


     Podríamos distinguir, hasta cierto punto, a los anarquistas extremistas de los moderados.

 

·         Métodos generales. Todos los anarquistas aceptan, con más o menos fruición, dos fórmulas complementarias: la autoexclusión de la lucha política (no votan, no forman parte de partidos políticos) y el empleo de la violencia para cambiar la sociedad (terrorismo, revolución armada, atentados políticos o sociales).

·         Anarco-sindicalismo. Se entiende como una fórmula moderada ya que, por lo menos, crea e integra sindicatos que emplean la negociación y la huelga (además de la violencia) para conseguir sus objetivos. El anarco-sindicalismo (CNT-AIT) enraizará profundamente en diversas regiones españolas (Andalucía, Cataluña) y llegará a ser una gran fuerza en la Europa mediterránea en general.

 

 

3. EL SOCIALISMO.


      Desde C. Marx, es habitual distinguir dos etapas y corrientes dentro del socialismo: el socialismo utópico y el socialismo científico. Pero lo cierto es que, durante el siglo XIX, el socialismo aparece como una realidad unitaria de carácter drástico y violento para defender sus objetivos laborales y cambiar la sociedad.


      Aludiremos muy brevemente al socialismo, en dos apartados: ideas-clave y métodos de acción.

 

      Ideas-clave del socialismo.

 

·         Materialismo histórico. Toda la historia de la humanidad se reduce a la economía, es decir, a quién tiene y cómo usa los bienes de producción. La religión y la cultura no son sino superestructuras falaces, que ocultan o hacen olvidar la realidad subyacente: que hay ricos y pobres, poderosos y débiles, y que eso no debiera ser así.

·         Falacia y excesos del capital. No es que los capitalistas deban ser más generosos y menos ricos; es que no deben existir, pues los trabajadores pueden perfectamente organizarse y dirigir fábricas y negocios, sin enriquecerse brutalmente ni explotar a sus compañeros. Los bienes de producción no son de los capitalistas: se los han apropiado, dejando a los trabajadores únicamente su fuerza de trabajo.

·         Lucha de clases. Es la ley que mueve la Historia. No puede haber transacción ni cuartel entre capitalistas y proletarios. Aquellos irán siendo cada vez menos y más ricos; estos serán cada vez más y más pobres. Esta lucha concluirá cuando, dándose cuenta de su fuerza y número, los proletarios hagan la revolución y derroquen a los capitalistas y sus esbirros armados.

·         Dictadura del proletariado. Durante un tiempo, después de la revolución, los proletarios tendrán que mantener la vigilancia y reorganizar la sociedad, conservando una apariencia de Estado y de ejército, pero formado por ellos y a su estricto servicio. Esta situación concluirá cuando la sociedad nueva y socialista haya quedado definitivamente establecida.

·         Sociedad final sin clases y universal. Esta es la utopía socialista. Establecido el socialismo a nivel mundial, cada hombre aportará a la sociedad según sus capacidades y recibirá de aquella según sus necesidades. Los bienes de producción (incluida la tierra) serán de propiedad comunal y un planeta de felices proletarios no conocerá ya de fronteras ni de ejércitos.

 


      Sus métodos.

 

      El socialismo del siglo XIX fue evolucionando, hasta admitir conjuntamente tres tipos de métodos: sindicales, políticos y revolucionarios.

 

·         Métodos sindicales. Los proletarios socialistas (entre los que, a duras penas, se admite a los obreros de la inteligencia y de la corbata) se integran en sindicatos de clase, que utilizan como métodos principales la negociación, la huelga puramente laboral y la huelga general o revolucionaria. Estos sindicatos son mayoritarios en casi toda Europa (en España lo son, sobre todo, en el Norte y en Madrid) y se integrarán a nivel interestatal en la Internacional Socialista.

·         Métodos políticos. En la segunda mitad del siglo XIX, los sindicatos socialistas crearán, como correas de transmisión, partidos políticos socialistas, que pretenden dirigir, gracias a la coincidencia de militancia (no cabe ser miembro del partido si no se es del sindicato) y a que la jefatura del partido se asigna a miembros preparados y destacados del mundo obrero sindical. Antes de que acabe la centuria, los partidos políticos socialistas empezarán a tener cierta representación y se contemplará, aunque con  reticencias, su entrada en Gobiernos de coalición.

·         Métodos revolucionarios. Los socialistas no abdican generalmente del empleo de la fuerza, cuando creen encontrarse en peligro o entienden llegada su hora. La pistola en el bolsillo, las prácticas armadas y de orden abierto, las huelgas generales violentas y, en última instancia, la sublevación armada, están en la teoría (mítines, editoriales, etc.) y en la praxis de los socialistas decimonónicos.

 

      Para concluir esta referencia al socialismo, debemos señalar la enorme influencia posterior que tendrá, tanto en las revoluciones, como en los programas políticos. Sobre ello hemos de volver en la lección 23.

 



LECCIÓN 21.  IMPERIALISMO Y COLONIALISMO

      En otras lecciones anteriores (singularmente, en la 12) hemos tratado del colonialismo, pues este es un fenómeno que se ha producido en épocas muy diversas de la Historia. Pero dedicamos una lección completa al colonialismo del siglo XIX,  porque en ningún otro momento histórico vivió Europa, globalmente considerada, con tanta importancia e intensidad, el proceso de la colonización.

 

 

1.      FACTORES DEL PROCESO COLONIAL DECIMONÓNICO.

 

      La colonización se ve impulsada, a la vez, por motivos económicos, políticos e ideológicos.


Factores económicos.
 

·         La gran necesidad –fruto de la revolución industrial- de materias primas baratas. Ciertamente, el comercio podría haber facilitado parte de ellas, pero otra parte importante tenía que ser producida o extraída mediante la presencia y la imposición de las potencias coloniales.

·         La precisión de mano de obra barata (como era la indígena) y consumidora en régimen de monopolio de los productos de la metrópoli. Es decir, la colonia producía las materias primas baratas y consumía los productos elaborados, al precio que le fijaban los capitalistas metropolitanos.

·         La colocación y rentabilidad de capitales, suponiendo que los mismos fueran excedentarios, una vez agotadas las posibilidades de inversión en la propia metrópoli.

 

    

      Factores políticos.


     En el siglo XIX se asiste a un fuerte auge del nacionalismo, que tiene el imperialismo como la otra cara de la moneda. En efecto, la creencia en la superioridad nacional propicia el expansionismo y acaba haciendo de la colonización una necesidad de geoestrategia militar.

 

 

      Factores ideológicos.

 

     Con lo económico y lo político, se mezclan razones morales, científicas y religiosas, no siempre sinceras y, desde luego, insuficientes por sí mismas para alimentar el fenómeno colonial. Si acaso, tales motivaciones culturales suavizaron la dureza de la colonización, aunque con alta dosis de paternalismo y espíritu de misión.

 


2.      EXPANSIÓN EUROPEA CONSIGUIENTE.

 

      El colonialismo, fenómeno casi exclusivamente europeo.

 

     La colonización decimonónica es dedicación y tarea de las potencias europeas. Las mismas se extienden por tres continentes (África, Asia y Oceanía), proyectando sobre ellos una emigración de no menos de 25 millones de personas.

 

      El denominado proceso colonial engloba, en realidad, distintos tipos de interferencia europea en otras partes del mundo: colonias propiamente dichas; protectorados, que respetan hasta cierto punto la soberanía del gobierno local; concesiones, o territorios pequeños cedidos por cierto tiempo y precio para facilitar el comercio de la potencia extranjera.

 

 

      Tensiones entre las potencias coloniales.

 

      La expansión colonial genera tensiones entre las potencias interesadas en ella. Para evitar la guerra, es necesario llegar a repartos consensuados. El más importante y general es el propiciado por Bismarck (Berlín, 1885), que procurará dejar un cierto margen para los Estados bisoños en temas coloniales, que han llegado tarde a tal vocación y repartos. Pero lo cierto es que sólo las mayores potencias coloniales (Inglaterra y Francia) logran formar imperios mundiales, con una cierta lógica y continuidad territorial (sobre todo, en África).

 

 

      Consecuencias culturales y geográficas.


      La colonización decimonónica pone el mundo atrasado a los pies de Europa. Nuestro continente, a través de sus mayores potencias, llega a dominar el 60 % del Globo, con una población del 65 % del total de toda la Tierra. Esta gigantesca expansión, que tendría por término medio una duración de un siglo, está en la base del mundo actual y explica la extensión de las razas, idiomas y culturas occidentales por los más variados lugares de nuestro planeta.

 
 

      3.  ORGANIZACIÓN DE LAS COLONIAS.

 

      Haciendo un poderoso esfuerzo de síntesis, podemos distinguir dos formas muy diversas de organizar las colonias, que denominaremos colonia de población y colonia de explotación.

 

·         Colonias de población. En ellas se produce un trasvase importante de población de la metrópoli y, por ende, de instituciones y formas metropolitanas. Ello tiene el efecto positivo de que la colonia tenga pronto un alto grado de madurez y autosuficiencia, y acabe separándose amistosamente de la metrópoli hermana, pasando previamente por una relación cuasi-federal. La contrapartida es que la población autóctona tiene que ser relativamente pequeña, para poder absorberla, y eso puede exigir una previa cuasi-aniquilación. Ejemplos: Canadá, Australia, Nueva Zelanda.

·         Colonias de explotación. Con abundante y poco asimilable población nativa, la potencia colonial limita el trasvase de población casi exclusivamente a los funcionarios que ejercen el servicio civil, militar y naval. En interés de la obtención de materias primas, la metrópoli establecerá una mínima infraestructura para el control y la atención pública básica de los nativos. Ejemplo: las colonias africanas, en general.

·         Formas intermedias. Excepcionalmente, se pretendió implantar el modelo de colonia de población en tierras de numerosa población nativa. El mestizaje y la asimilación no prosperaron y la convivencia y ulterior independencia resultaron altamente traumáticas. Ejemplos: Argelia, Unión Sudafricana.

 

  

4. ALGUNAS CONSECUENCIAS DE LA COLONIZACIÓN.



      Para los países colonizadores.

 

     Al menos aparentemente, todo son ventajas para las metrópolis, en especial, si tienen fuerza y medios económicos suficientes, no actuando por el mero prestigio. Entre las ventajas que obtienen los países colonizadores, podemos señalar las siguientes:

 

·         Potencian su economía, gracias a la obtención barata y suficiente de materias primas y a la consecución de mercados cautivos, como hemos visto antes.

·         Mejoran la organización militar, si bien el modelo de fuerzas armadas coloniales puede volverse contra la metrópoli, por su carestía y tendencia a entrometerse en la vida civil, obteniendo múltiples granjerías de ello.

·         Desarrollan un aparato estatal muy completo, frente al liberalismo abstencionista en Europa, que más adelante podrá ser empleado en el interior, contando con la gran experiencia y preparación que atesoran los mejores funcionarios del servicio exterior.

·         Dan salida a partes excedentarias de su población, aunque a veces la sangría es demasiado fuerte y debilita a la metrópoli.

 

      En conjunto, la mejor prueba de que la colonización sienta bien a las potencias es el deseo de los Estados menores (España, Portugal) o de los llegados tarde (Alemania, Italia) de formar su propio, aunque pequeño y difuso, imperio colonial.

 

      Para los países colonizados.

 
      Constituye la antítesis de lo expuesto para los países colonizadores: el balance es muy desfavorable, aunque no deje de tener aspectos positivos (y conste que nos referimos a las colonias de explotación e intermedias, que antes vimos):

 

·         En lo económico y demográfico. La mayor parte de las colonias sufren una crisis demográfica (cuando no verdaderos genocidios) y una explotación económica más o menos esquilmadora.

·         En lo cultural. El total puede resultar positivo, en cuanto que la colonia tiene la oportunidad de  incorporarse a la civilización más desarrollada de los occidentales.

·         En lo político. La suma algebraica de ventajas e inconvenientes es dispar, según potencias coloniales y según qué colonias, pero, en general, todas estas sufren el efecto negativo de ver desarticulada su organización autóctona.

 

 

 

 

LECCIÓN 22.  CULTURA DE LA SOCIEDAD INDUSTRIAL

 

 

     Esta lección complementa a las anteriores y cierra el estudio del siglo XIX. Se desarrolla en tres apartados, que sucesivamente tratan de la ciencia, la incidencia en el arte de la masificación y de la tecnología de la información, y las diversas tendencias artísticas.

 

 

  1. LA CIENCIA Y SU INFLUENCIA.

 

     La deseada acción coordinada de la ciencia pura y la tecnología (insuficiente en tantas épocas de la Historia para que aquella rindiera resultados en la vida práctica) se inicia en el siglo XVIII y continuará ya casi sin fisuras hasta nuestros días. El siglo XIX se beneficia, pues, de esta unidad ciencia – tecnología, que agiganta y da efectos prácticos a los avances científicos y, a su vez, en un proceso de retroalimentación, proporciona estímulos altruistas y económicos a los científicos para seguir investigando.

 

      Algunos de los efectos más destacados de este gran progreso científico son los siguientes:

 

·         Avances educativos a nivel general. Cuando menos en los países más avanzados, se implanta un sistema nacional de enseñanza pública, con planes de estudio oficiales, profesores titulados y pagados con fondos públicos, universidades en menor número pero mejores prestaciones, etc. Y, por encima de todo, las ciencias experimentales alcanzan el prestigio y el soporte de laboratorios e industrias, que les resulta indispensable.

·         Relativa superación de las enfermedades infecciosas. Y ello, gracias a los avances médicos y de la higiene pública y personal. No es preciso encarecer la importancia que tuvo en el orden demográfico y para la calidad y duración media de la vida.

·         Las revoluciones industriales. En el siglo XIX se vive el apogeo de la primera revolución industrial (la del vapor) y los inicios de la segunda (la de la electricidad). Tampoco será preciso insistir en que la aportación de una inmensa cantidad de energía aplicable para la realización del trabajo resulta de enorme trascendencia en los sectores de la  producción económica, los viajes, el urbanismo, etc.

·         Crisis de la religión tradicional, superada por el auge del racionalismo y por la propia crítica bíblica. Esto generará, bien el descreimiento y el desprestigio de las ideas religiosas, bien la necesidad de apartar de la religión sus aspectos más exagerados y externos. Aunque se trata de un fenómeno general, suele personalizarse este enfrentamiento ciencia–religión en la teoría evolucionista (Darwin), de cuya importancia histórica y trascendencia futura no cabe dudar.

 

 

  1. INFORMACIÓN Y ARTE DE MASAS.

 

      En el siglo XIX se producen los primeros esbozos de la información y la cultura de masas, gracias a la generalización de medios de comunicación tales, como los periódicos, el telégrafo o las agencias de noticias.

 

      La posibilidad consiguiente, de que el artista conecte de una manera directa con un público numeroso, pudiendo obtener del mismo el apoyo económico y moral que necesita, tiende a desarrollar la independencia y personalidad de los artistas, cada vez más desligados del mecenazgo y volcados hacia el público y hacia su libertad creadora. Aunque viviera en una época en la que todavía todo esto era incipiente, Beethoven (1770-1827) aparece como el modelo y pionero de ese nuevo tipo de artista.

 

 

  1. TENDENCIAS ARTÍSTICAS.

 

      Como había sucedido también en el siglo precedente, el XIX es una centuria de diversos movimientos y estilos artísticos, que pasan con cierta rapidez y no llegan a consolidarse en el gusto de la sociedad más allá de unas décadas. Además del Neoclasicismo, que pervive aún en la primera mitad del siglo, podemos destacar, como estilos o tendencias decimonónicos, los siguientes:

 

  • El romanticismo. Es, tal vez, la tendencia artística más característica del siglo XIX, aunque no alcanza proyección precisa en todas las artes. Constituye una apoteosis de la libertad individual, de los sentimientos y del espíritu de los pueblos (vertiente historicista y nacionalista). El romanticismo es, ante todo, un movimiento del arte abstracto, es decir, de la literatura y de la música. La pintura también se nutrió de él (especialmente, la de historia), pero la escultura y, sobre todo, la arquitectura no llegan a perfilar y definir un estilo o modo de hacer genuinamente romántico.
  • El realismo. Lógica reacción frente a los excesos románticos y tendencia burguesa por antonomasia, el realismo llena la segunda mitad del siglo XIX, aunque casi exclusivamente en literatura y en pintura. Es maestro en hacer el análisis de lo cotidiano y lo vulgar, incluso de lo sórdido (Naturalismo). Su mejor realización es, sin duda, la novela (Balzac, Dickens, Zola, Galdós…).
  • El impresionismo. Ruptura, incluso escandalosa, con el arte establecido, este estilo supone una valoración de lo subjetivo y lo cambiante, reclamando el valor de la impresión frente a la verdad objetiva. Apenas tuvo relevancia más allá de la pintura y de la música, pero en aquella su originalidad y trascendencia son extraordinarias.