viernes, 11 de septiembre de 2026

EL SINDICATO DEL CRIMEN / MURDER INCORPORATED

  

El sindicato del crimen / Murder Incorporated

Por Federico Bello Landrove

 

    Durante una década aproximadamente –los años treinta del siglo XX-, el crimen organizado de los Estados Unidos mantuvo dentro de sí una organización especializada en asesinar mediante precio a todas aquellas personas respecto de las que había aceptado el contrato para eliminarlas. El número de tales homicidios ha sido evaluado entre un mínimo de 400 y un máximo de 1.000. En este ensayo se hace un amplio resumen de de la génesis, funcionamiento y declive del así llamado Sindicato del Crimen[1] –en inglés, Murder Inc.-, así como sobre las personas y técnicas que hicieron posible su derrota por medios legales.

 

  1. 1.   Introducción

 

     El 17 de enero de 1920, tras aprobarse la necesaria enmienda constitucional, entró en vigor en los Estados Unidos la llamada Ley Volstead o ley seca, que prohibía la fabricación, venta, transporte, importación y exportación de cualquier bebida que tuviese una graduación alcohólica superior al 0,5%[2]. La ley no castigaba directamente el consumo de dichas bebidas, pero sí el adquirirlas en el mercado negro, el transportarlas por la vía pública y el ser traficante-consumidor, es decir, poseer bebidas alcohólicas para el propio consumo y para comerciar con ellas. Las penas previstas para su quebrantamiento eran pecuniarias –multas- y carcelarias, estando su gravedad conectada al hecho de ser, o no, reincidente y a la importancia de la cantidad comerciada. Partiendo de multas de hasta mil dólares y/o prisión de hasta seis meses, se podía llegar  en los supuestos graves y reiterados a multas de no menos de diez mil dólares y privación de libertad de hasta dos años por cada delito[3].

     La llamada por antonomasia prohibición supuso una ocasión pintiparada para enriquecerse infringiéndola. Y nadie estaba más preparado para ello en todos los órdenes que los grupos u organizaciones criminales ya existentes, o que brotarían al amparo de su aprobación. Las mafias[4] multiplicaron su número y riqueza hasta términos términos inimaginables[5] y sería tal su enriquecimiento, que les permitió mantenerse holgadamente durante los veinticinco años siguientes, cuando afloró otra fuente de riqueza del nivel de la del alcohol, o aún mayor: la de las drogas duras y de diseño.

     La vigencia teórica y la masiva infracción práctica de la Ley Volstead supusieron una conmoción social en los Estados Unidos de proporciones gigantescas. Por limitarme a aludir a aspectos vinculados con lo policiaco y lo judicial, señalaré: el enorme nivel de corrupción experimentado por las fuerzas del orden, los políticos y el estamento judicial; el gran incremento de los gastos presupuestarios para implementar la persecución de la venta y contrabando de bebidas; la aparición, para las mafias, de sustanciosos negocios paralelos, como la prostitución, el juego y el chantaje; y, por supuesto, la transformación de la criminalidad organizada en un fenómeno prácticamente imparable, que llegó a constituir un Estado dentro del Estado. A poner en este maremágnum un cierto orden favorable a sus respectivos intereses se aplicaron pronto los mafiosos más perspicaces y decididos y, de la parte contraria y con mucha menor diligencia, autoridades y agentes oficiales que no estaban dispuestos a dejarse orillar ni sobornar. Veamos sucesivamente las iniciativas tomadas por unos y otros y el éxito que lograron alcanzar antes de pasar a la historia, como es inevitable en toda obra humana por poderosa que nos parezca.

 

 

2.  El brazo armado de las mafias: Murder Incorporated

 

     En un primer momento, la administración de los beneficios de la prohibición y la solución de los problemas de sus negocios trató de resolverse dentro los parámetros de traición y violencia frecuentes en las bandas criminales. Algunos de los más sangrientos episodios de esa naturaleza se dieron, precisamente, en el periodo de la ley seca, seguramente favorecidos por el nivel de competencia y de medios materiales que las mafias habían alcanzado. Recordemos, a título de ejemplo, la matanza del día de San Valentín en Chicago[6] o la llamada guerra de los Castellammarenses en Nueva York[7]. Estos episodios, no solo perjudicaban la tranquilidad y capacidad operativa de las bandas, sino que excitaban el miedo y la indignación del público, fomentando la reacción de la ley contra aquellas. Eran consecuencias que, finalmente, algunos de los más destacados mafiosos entendieron que no podían continuar. Los mafiosos italoamericanos de Nueva York, Salvatore Maranzano y Lucky Luciano[8], ofrecieron sucesivamente, a lo largo del año 1931, dos modelos diversos para estructurar la mafia más allá de traiciones, indisciplinas y guerras entre familias. Veamos esquemáticamente sus respectivas notas diferenciales.

     El modelo unificador de la mafia promovido por Maranzano suponía, en realidad, un retorno a criterios tradicionales, difícilmente aplicables a la criminalidad organizada de los años de 1930. Suponía sustancialmente una organización para la mafia italiana de Nueva York, basada en los siguientes principios:

  • División de forma oficial del crimen organizado de Nueva York en cinco facciones independientes –las familias-, entonces las más poderosas, asignando un jefe formal a cada una. 

  • Jerarquía piramidal rígida, que suponía la introducción de manera formal en cada familia de la cadena de mando clásica de la Cosa Nostra: el Capo (Jefe), el Sotto Capo (Subjefe) y los Caporegime (Capitanes) al mando de los Soldati (soldados).

  • Control Centralizado: Al frente de la organización se hallaría un Capo di tutti capi, o jefe supremo. Estaría por encima de todas las familias, podría exigirles contribuciones a modo de impuestos o tributos y tendría la última palabra sobre cualquier disputa, limitando severamente la autonomía de los demás jefes.

  • Exclusividad étnica total: Maranzano era un mafioso de la vieja escuela que se negaba rotundamente a hacer negocios con personas que no fueran puramente sicilianas. Los negocios de la mafia quedaban, así, desconectados de los de otros grupos criminales, como judíos o irlandeses, lo que constituía un potencial e irresuelto motivo de enfrentamientos.

          El modelo Maranzano fue rechazado por la mayoría de los jefes mafiosos de la manera que era usual hasta entonces, a saber, asesinándolo, suceso que se produjo el 10 de septiembre de 1931, siendo dirigido el crimen por quien era el máximo promotor del otro modelo para la mafia: Charles Luciano. Su moderno y revolucionario método de organizar la mafia puede resumirse en las siguientes notas:

  • Abolición del Capo di tutti capi: Luciano entendió que un líder único generaba resentimiento y atraía demasiada atención policial. Decidió eliminar la posición de "Jefe de jefes" de forma permanente.

  • Creación de "La Comisión": En su lugar, fundó un consejo de administración delictivo compuesto inicialmente por los líderes de las Cinco Familias de Nueva York, el jefe de Chicago y el de Buffalo. La Comisión funcionaba como un tribunal para arbitrar disputas, aprobar los asesinatos de miembros de alto rango y delimitar territorios, sin recurrir a guerras abiertas.

  • Apertura de Alianzas (La llamada Comision Nacional del Crimen Organizado): A diferencia de Maranzano, Luciano implementó una mentalidad pragmática de negocios. Permitió y fomentó alianzas estratégicas permanentes con gánsteres no sicilianos, principalmente de origen judío e irlandés, maximizando las ganancias comerciales globales.

  • Estructura empresarial: La mafia dejó de operar como una sociedad de honor siciliana y pasó a funcionar como una corporación moderna bien estructurada, diversificando sus ingresos en sectores legales e ilegales, con contabilidades independientes, pero acabando en un fondo o patrimonio único.

     El modelo de Luciano  fue un completo éxito, incluso más allá del periodo de la prohibición. El establecimiento de la Comisión introdujo más de veinte años de relativa paz en la escena del crimen organizado nacional y de Nueva York. Durante esas dos décadas el crimen organizado se expandió por todo el país y más allá. Cuando llegó el momento de olvidarse del periodo de opulencia de la ley seca, la Comisión invirtió los beneficios anteriores y diversificó las operaciones mafiosas hasta negocios –incluso legales o, cuando menos, no punibles- que hubieran sido impensables en épocas precedentes.

***

     El modelo organizador de Luciano estaba llamado a completarse con mecanismos de acción conjunta de todas las bandas integradas en la Comisión, en aspectos tan relevantes como la economía y el ejercicio de la fuerza. En el primer aspecto, confió al importante mafioso neoyorkino de origen judío, Meyer Lansky[9], la tarea de coordinar y poner al día las finanzas de la organización, tarea fundamental y complementaria de la llevada a cabo por Giuliano con su modelo mafioso. Durante unos treinta años, Lansky mantuvo una eficaz línea directriz para las finanzas de las familias, que se basaba en los siguientes principios:

  • Estabilidad de los mercados de bienes y servicios controlados por la mafia, a través de la pacificación corporativa y la aceptación en la organización de la diversidad étnica.

  • Instauración del blanqueo de capitales procedentes de las actividades criminales. Se crearon grandes cadenas de negocios legales –lavanderías, hoteles, inmobiliarias- para incorporar las ganancias ilícitas al mercado legal de capitales.

  • Inversiones a gran escala para dar rentable salida a las cada vez más sustanciosas ganancias de la mafia. En este sentido destaca la atención al mundo del juego y del lujo, con iniciativas  tales, como el complejo de casinos de Las Vegas (Nevada) y los suntuosos y numerosos resorts de Cuba en los tiempos del dictador Fulgencio Batista[10].

  • La acogida de buena parte de los capitales de la mafia en los llamados paraísos fiscales, comenzando por la apertura de cuentas secretas en bancos suizos.

     El otro aspecto en que el el modelo Luciano de la mafia fue complementado con un organismo especializado y relativamente autónomo fue el del empleo de la fuerza, debidamente autorizado por los jefes de las familias o por la Comisión. Esta iniciativa es de la que pretendo tratar específicamente en el presente ensayo, dándole la denominación de Sindicato del crimen, trasunto de la expresiva fórmula inglesa Murder Inc.[11]. En su momento, Luciano también confió su puesta en marcha a un gánster judío de la zona neoyorkina, Louis Lepke Buchalter, con el italoamericano Albert Anastasia como su segundo[12].

     De entrada, el plan general de Luciano y, por extensión, de la Comisión para el Sindicato del Crimen (en lo sucesivo, el Sindicato) era el de constituir una reducida unidad ejecutiva, con el objetivo principal de cumplir las órdenes criminales de la Comisión. Van a ser las iniciativas de Buchalter y el éxito durante años de sus asesinatos –consumación, impunidad- lo que dé al Sindicato un volumen y un tono muy superiores a lo inicialmente previsto. Lo cierto es que Luciano tenía poco de lo que disentir. Como veremos, las iniciativas de Buchalter significaron en el fondo lo que las del modelo Luciano: Dar a las actividades de la mafia un sentido empresarial, con estructuras y valores sacados frecuentemente del mundo de los negocios. Veámoslo.

***

     Me parece que hay una idea clave en la base de las iniciativas de Buchalter encaminadas a hacer del Sindicato mucho más que la máquina de matar de la mafia. Esa idea es la siguiente: Cuando la policía ignora de principio la autoría de un crimen, trata de identificar al culpable dando respuesta a dos preguntas conexas: 1ª. Qué motivo pudo tener el criminal para matar a su víctima. 2ª. Qué personas estaban relacionadas con el difunto de manera y hasta el extremo de acabar con él. Con esas respuestas se concreta a la persona o personas sospechosas del asesinato. A partir de ahí, no suele resultar difícil desentrañar y resolver el caso.

     Pues bien, la conclusión de Buchalter ante este algoritmo policiaco es la siguiente: Si el criminal no estuviese relacionado con la víctima, ni tuviera otro motivo para matarla que el general de ganar dinero con ello, la policía no daría con él, salvo que hubiese delaciones o el delincuente cometiera errores de cierto bulto. Pero ¿cómo conseguir esa muy probable impunidad? Creando una empresa con la que los interesados en matar contraten mediante precio el homicidio. Esa empresa –llamémosla Sindicato- buscará a un ejecutor de su confianza –cuanto menos relacionado con la víctima, mejor- quien, por parte del precio pagado por el inductor, hará el trabajo y, por sí o por otros compinches, tratará de ocultar el cadáver lo mejor que pueda. Finalmente, la eliminación de testigos imprevistos o, en su caso, de probables delatores completará la limpieza del golpe[13].

     Con todo, tras ciertas vacilaciones iniciales, esa idea genial de una macro empresa de asesinatos mediante precio se reveló como demasiado ambiciosa y bastante alejada de las verdaderas pretensiones de la mafia al constituirla. Buchalter hubo de conformarse con que sus clientes fueran, en realidad, solo los grupos criminales, que le confiaban sus ejecuciones para el caso de que no decidieran practicarlas ellos mismos. Así, se vino abajo buena parte de la clave del Sindicato: que no se supiera a ciencia cierta quién estaba detrás de los crímenes. Ahora ya se comprendía que el encargo era cosa de la mafia y bastaría con preguntarse qué había hecho y a quién había perjudicado o molestado la víctima de los jefes de la organización.

     Pero entremos ya en las interioridades del Sindicato, procurando destacar sus caracteres, que lo hicieron mucho más abierto de lo que sus promotores, Luciano y Lansky, inicialmente previeron.

  • Una organización jerarquizada y compartimentada, para evitar en lo posible que las bases o ejecutores del sindicato conociesen la identidad de quienes lo dirigían y de quienes actuaban en otros contratos o encargos. No se trataba solo de que los sindicalistas no se fueran de la lengua, sino de que supieran de la organización lo menos posible. Es tarea ímproba la de detallar la estructura interna de Murder Inc., aunque solo sea en la zona metropolitana de Nueva York, pero, cuando menos, pueden señalarse tres niveles en ella: 1º. El de los jefes (Buchalter, Anastasia) y sus directos colaboradores (Jacob Gurrah Shapiro, Bugsy Siegel durante un tiempo). 2º. El de los ejecutores de mayor nivel que, o bien realizaban los trabajos más delicados, o bien contrataban a los esbirros de menos nivel para golpes más sencillos: Es el caso de los judíos Harry Pittsburgh Phil Strauss y Martin Bugsy Goldstein, y de los italoamericanos, Harry Happy Maione y Frank Dasher Abbandando. 3º. El de los simples soldados o ejecutores, contratados por los escalones anteriores, con preferencia en el mundo del hampa de la zona de Brooklyn[14] e inmediaciones, con el propósito de que tuvieran cierta especialización, para que actuasen en grupo criminal: informadores, asesinos autores, ayudantes de estos, conductores, enterradores u ocultadores de cadáveres, etc.

  • Abrir la organización del Sindicato por la base a hampones de mayor o menor confianza, desligados hasta entonces de las redes mafiosas, aprovechando sin duda la pobreza y falta de trabajo de los habitantes de barrios marginales, fruto de la Gran Depresión. Se jugaba con un arma de doble filo: Se contrataba a personas poco conocidas de la policía, pero de escasa experiencia criminal que, como meros aficionados, podrían cometer graves errores. Así fue, en efecto, menudeando los casos en que se asesinó a personas equivocadas. Pese a ello, el Sindicato optó por correr riesgos, con una corrección muy importante, ya señalada: La de dejar los crímenes más difíciles o importantes a los pistoleros más avezados de la organización. Así se explica que el máximo ejecutor, Harry Strauss, cometiera unos cien asesinatos, según las cifras que algunos manejan con una gran probabilidad de error.

  • Configurar la relación entre los ejecutores y el Sindicato de una manera estable, no para algún trabajo en particular. Quien entraba al servicio de la organización y no era expulsado de ella, conseguía un estatus que recordaba mucho el de un trabajador por cuenta ajena: Sueldo fijo o ayudas económicas periódicas, con independencia de que se le encargase, o no, un golpe; primas por ejecución, fijadas de ordinario entre mil y cinco mil dólares, según su dificultad y la necesidad de largos desplazamientos; ayudas económicas y defensa legal en caso de ir a la cárcel por acciones encargadas por el Sindicato; ayudas a los familiares próximos en caso de muerte en acto de servicio o en la silla eléctrica. Todo ello era, obviamente costoso, pero garantizaba que los beneficiarios guardasen la máxima fidelidad a la empresa –empezando por la ley del silencio- y fueran adquiriendo destreza y especialización laboral, en los términos antes indicados de integrar equipos o grupos de acción.

  • Posibilidad de abrir los contratos a la eliminación de personas que poco o nada tenían que ver con las mafias. Esas víctimas confundían a la policía, que llegaba a dudar acerca de la autoría del Sindicato en el crimen. Esa confusión también podía obtenerse mediante el empleo de asesinos llegados de lejos, gracias al carácter nacional que el Sindicato iba alcanzando –se recuerda el siniestro prestigio que los asesinos de Detroit alcanzaron incluso entre la bragada delincuencia neoyorquina-.

  • Aunque todo el mecanismo del Sindicato del Crimen parece un tanto primitivo, no dejaban de emitirse recomendaciones, así mismo bastante elementales, para burlar la actuación de la policía, cada vez más sofisticada. Dos de esos consejos nos pueden dar idea del nivel de cuidado que se ordenaba a los ejecutores, no siempre bien dispuestos a seguirlo. Así, para prevenir el uso cada vez mayor de micrófonos ocultos y la interceptación de los teléfonos, se aconsejaba un elemental lenguaje críptico, evitando emplear palabras como asesinato o conspiración para cometerlo, sustituyéndolas por las más adecuadas a la vida laboral alejada de la delincuencia. Y, más certera sin duda, la sugerencia de reemplazar como armas homicidas las pistolas y revólveres por otras no controladas y menos identificables, como las navajas, los picahielos –que llegaron a hacerse famosos como armas- y los medios adecuados para estrangular, como corbatas, pañuelos de seda o cordones de cortina.

 

 

3.  Auge y caída del Sindicato del crimen

 

          La época dorada del Sindicato del Crimen fue aproximadamente el lustro 1931-1935, en el que, sin apenas delaciones ni violencias graves al margen de la organización, llevó a cabo su siniestra serie de asesinatos y represalias ordenados por la Comisión Nacional del Crimen Organizado o por las familias mafiosas, singularmente las cinco grandes de Nueva York. La fuerza del Sindicato se robusteció por sus íntimos contactos funcionales y personales con los sindicatos y organismos mafiosos del mundo laboral –estibadores, camioneros, carniceros-, dentro de los cuales se funcionaba a la manera violenta y dictatorial de Murder Inc., recaudando grandes cantidades de dinero –mercado negro, chantajes, protección, cuotas obligatorias de los obreros- que iban también a engrosar los fondos mafiosos y el patrimonio de los principales sindicalistas. Sin embargo, el buen funcionamiento del Sindicato fue muy pronto afectado por disfunciones internas y ataques exteriores. El propio Buchalter, que tan certeramente y sin oposición había montado y dirigido al principio la labor del Sindicato, utilizó este de manera descarada para eliminar a muchas personas a las que consideraba un peligro para sí mismo, y ello, sin ninguna autorización previa de los capi mafiosos. Veamos diversos motivos y episodios de ese camino hacia la crisis del Sindicato.

     Ya en 1932 se produjo una delación de importancia por parte del contrabandista de licores, Abe Wagner, que había intentado ampliar su ámbito de influencia en el Lower East Side neoyorkino, en contra de los intereses de otras bandas. La respuesta del Sindicato fue concluyente, matando sucesivamente a un hermano de Abe Wagner y a este mismo, pese a su huida disfrazado a Saint Paul (Minnesota). Entre un homicidio y otro, Abe quebrantó la ley del silencio y transmitió amplia información a la policía sobre el entonces incipiente Sindicato y las actividades mafiosas que protegía. No parece que esta delación tuviese importantes efectos en la acción policial que, no obstante, logró la detención de los ejecutores del soplón, quienes serían condenados a cadena perpetua, pese a los enérgicos y dilatados esfuerzos del Sindicato por evitarlo.

     Hasta 1935, el Sindicato logró tapar las grietas en su muro de silencio, sin duda ayudado por la relativa pasividad con que recibían las autoridades policiales las informaciones de algunos hampones. No siempre la culpa era de la indiferencia o apoyo de los agentes, sino de las lógicas dificultades procesales que las leyes presentaban contra las pruebas aportadas. La derogación de la ley seca trajo consigo la aprobación de una nueva Ley de Comunicaciones en 1934, que supuso la ilicitud de las interceptaciones telefónicas en las viviendas, que no estuviesen autorizadas por los jueces con carácter previo[15]. También ocasionó grandes quebraderos de cabeza –y las consiguientes absoluciones o revocación de sentencias de instancia- el principio probatorio conforme al cual no era suficiente para condenar el testimonio de los cómplices en un delito, si no había pruebas complementarias del mismo.

     A partir de 1935 y hasta la práctica desaparición del Sindicato hacia 1941, el éxito del mismo y la general aceptación de sus ejecuciones por el mundo del hampa fueron viniéndose abajo, como una bola de nieve, cada vez más voluminosa y, por ende, de más rápida caída. La crisis no fue solo consecuencia de las deficiencias y las delaciones internas, sino del cambio radical experimentado por los oficiales y agentes encargados de su represión, principalmente, en el Estado de Nueva York, como tendré ocasión de exponer el el capítulo siguiente.

     El inicio del declive del Sindicato fue coetáneo de su ejecución más famosa: la del jefe mafioso, Dutch Schulz[16], que dirigía su propia y exitosa banda en el Bronx neoyorkino, colaboradora con la mafia. La firme decisión de Schulz de acabar con el fiscal especial Dewey[17] para eludir la persecución tributaria de la que le hacía objeto, motivó la reacción de la Comisión de asesinar al mafioso, a fin de evitar la tremenda conmoción pública que hubiese supuesto ejecutar a Dewey. El Sindicato se encargó de poner fin a la vida de Schulz en Nueva York, el 24 de octubre de 1935, en unión de otros tres socios del mismo, lo que demostró la fuerza y capacidad de la organización, incluso frente a los jefes criminales que osaban enfrentarse a las decisiones de la Comisión.

     La decadencia del Sindicato corrió pareja con las dificultades con la ley de su jefe, Buchalter. En parte, fue cegado por la ambición: Ser la figura clave de Murder Inc., sin abandonar su presencia y manejos en los sindicatos textiles neoyorkinos, por los que fue condenado en 1937 a pena de dos años de prisión, seguro preludio de otras mucho más graves. Habiendo obtenido mientras apelaba la libertad provisional, decidió convertir la acción del Sindicato en crímenes en su exclusivo provecho, tratando de quitar de delante a quienes juzgaba más peligrosos, por su capacidad de testificar contra él. Un total de doce mandos intermedios y jefes de baja categoría fueron ejecutados por su orden, bajo los más nimios o burdos pretextos. Simultáneamente, por meras sospechas de delación o información a la policía, fueron ejecutados diversos miembros del Sindicato, en particular, a partir de 1937. Esta ligereza de Buchalter resultó fatal para la organización y, finalmente, para él, pues un buen número de sus colaboradores empezaron a temer por su propia vida o por caer en manos de la policía, que ahora empezaba a actuar con decisión y eficacia, de la mano de los fiscales especiales. Así, enjuiciados por asesinatos cometidos en nombre del Sindicato, fueron condenados a la silla eléctrica o a cadena perpetua destacadas figuras del hampa, como Harry Maione, Frank Abbandando, Harry Strauss, Martin Goldstein, Emanuel Weiss, Louis Capone, Vito Gurino o Jack Parisi[18]. En conjunto, siete de los más notables miembros del Sindicato fueron ejecutados en la silla eléctrica, entre ellos, en 1944, el propio Louis Lepke Buchalter, que tiene el dudoso y sorprendente honor de haber sido en la época el único jefe mafioso en sufrir la pena capital.

***

     De todas las delaciones que soportó el Sindicato a lo largo de su existencia, la más famosa y, quizá, la más importante corrió a cargo del integrante del mismo, Abe Reles[19], sujeto de relevancia en el Sindicato, tanto como ejecutor, como intermediario con los sicarios del nivel inferior. Su información y su prodigiosa memoria lo hacían especialmente atractivo como posible delator, aunque sus compinches no lo esperaban, por tratarse de un sujeto aparentemente duro, un verdadero psicópata criminal. No obstante, habiendo sido alcanzado en el año 1940 por las acusaciones del fiscal Burton Turkus[20], como sospechoso del asesinato de otro gánster, llamado Alex Alpert, se puso desde la cárcel en contacto con su esposa para que transmitiera al fiscal su propuesta de llegar a un acuerdo para evitar la silla eléctrica. Con el beneplácito de su jefe, William O’Dwyer, Turkus fraguó un acuerdo, que supuso la traición más devastadora y trascendental en la historia del Sindicato. Reles no solo confesó sus propios crímenes (admitió haber participado en decenas de asesinatos), sino que proporcionó un mapa detallado del funcionamiento corporativo del Sindicato, revelando que la mafia no mataba por motivos pasionales, sino por "contratos" comerciales aprobados por una junta directiva central, y explicando cómo operaba la red de Murder, Inc. bajo el mando directo de Albert Anastasia y Louis "Lepke" Buchalter. Su prodigiosa memoria ayudó a la policía a resolver más de 85 asesinatos no aclarados hasta entonces, aportando detalles de fosas comunes, armas y modus operandi. 

     Las declaraciones de Reles provocaron un terremoto judicial instantáneo. Sus testimonios en los tribunales enviaron directamente a la silla eléctrica a varios de sus antiguos y más temibles compañeros de fechorías, incluidos Harry "Pittsburgh Phil" Strauss, Martin "Bugsy" Goldstein y Frank Abbandando. Además, su testimonio clave sobre el asesinato de un comerciante llamado Joseph Rosen fue lo que terminó condenando a muerte a su jefe supremo, Buchalter.

     Hallándose bajo la protección de la fiscalía, implementada por seis policías, la noche antes de prestar en juicio un testimonio crucial contra Albert Anastasia, Reles fue precipitado por aquellos desde la ventana de su habitación, en el quinto piso de un hotel de Coney Island, falleciendo el 12 de noviembre de 1941. Los obvios responsables –que nunca fueron juzgados, por insuficiencia de pruebas- fueron recompensados con cien mil dólares, prometidos por el capo mafioso Frank Costello o por el propio Anastasia, logrando encubrir su evidente asesinato con la forma de un accidente sufrido por su custodiado, al tratar este de descolgarse a un piso inferior, con la ayuda de una sábana atada a un calefactor[21]. Seguramente que este afortunado accidente evitó la condena a muerte de Anastasia, que acabaría siendo asesinado  por ejecutores al servicio de Frank Costello, muchos años después (el 2 de mayo de 1957).

     El desmantelamiento del Sindicato del Crimen como tal no fue fruto tan solo de juicios espectaculares, cadenas perpetuas o ejecuciones en la silla eléctrica, sino de delitos y métodos aparentemente menos ambiciosos, como las condenas por evasión de impuestos o por fomentar la prostitución obligada, o la deportación forzada a Italia de algunos mafiosos nacidos en esta y que habían entrado en los EE.UU., a veces, de manera ilegal. Ese sería el caso de Luciano, expulsado en 1946 sin posibilidades de regresar al país norteamericano. Probablemente hubiera sufrido el mismo destierro Anastasia, de no evitarlo gracias a un sorprendente acuerdo de colaboración con el ejército americano durante la Segunda Guerra Mundial[22]. En cualquier caso, todos los jefes que habían promovido y dirigido Murder Inc. quedaron incapacitados para proseguir con el empeño, sin duda, uno de los más interesantes y sangrientos de la criminalidad organizada de los Estados Unidos.

 

 

4.  La lucha contra el Sindicato del Crimen (primera parte)

 

     Siempre resulta arriesgado, cuando no injusto, responsabilizar del éxito de la delincuencia organizada al miedo y a la corrupción experimentados por quienes tienen el deber legal de luchar contra ella: policías, jueces, fiscales o, en cierto modo, los jurados. Por lo mismo, puede ser excesivo centrar en unas pocas personas el triunfo final de la ley frente al delito[23]. Esto aclarado, hay que convenir en que la lucha muy dura y finalmente exitosa contra el Sindicato del Crimen y, por extensión, la delincuencia organizada en la zona metropolitana de Nueva York, fue protagonizada por un reducido grupo de fiscales especializados, encabezando y dirigiendo el trabajo denodado de numerosos policías y grupos de investigación, que llevaron su trabajo ante los tribunales y lograron el legítimo apoyo de jueces profesionales y de jurados designados para juzgar aquellos hechos.

     Entre los beneméritos fiscales antimafia de Nueva York han sido destacados dos, a cuya biografía dedicaré alguna atención en el capítulo 6 de este ensayo. Se trata del fiscal especial de Manhattan, Thomas E. Dewey, y del fiscal adjunto de Brooklyn, Burton Turkus[24]. Ahora me voy a centrar en su labor, no tanto de manera anecdótica, sino como modelo de una forma de actuar dentro de la ley y con la mayor eficacia posible, reflejando sus certeras iniciativas y las inevitables limitaciones que el Derecho o la realidad social imponía a aquellas. En conjunto, la forma de actuar de Dewey, Turkus y sus seguidores supuso el empleo de estrategias de investigación y actuación procesal revolucionarias para la época.

     Métodos clave de investigación y combate legal

  • Interceptaciones telefónicas masivas (Wiretapping): Dewey fue pionero en el uso sistemático de pinchazos telefónicos legalizados para mapear la estructura de la mafia. Su equipo analizó más de 100.000 registros telefónicos para documentar la logística criminal y vincular a los jefes con los ejecutores.

  • Estrategia del Árbol del Crimen (de abajo hacia arriba): En lugar de buscar únicamente a los sicarios de la calle, Dewey dirigió su atención a los líderes financieros y operativos como Louis "Lepke" Buchalter y Lucky Luciano. Al asfixiar los negocios de chantaje laboral y prostitución, dejó desprotegida a la cúpula.

  • Presión y conversión de informantes (Turncoats): Burton Turkus rompió la ley del silencio encarcelando a miembros clave mediante fianzas inalcanzables. Esto llevó a la capitulación de Abe "Kid Twist" Reles, quien confesó decenas de homicidios y testificó contra sus propios compañeros a cambio de evitar la silla eléctrica.

  • Juicios agrupados por módulos: Turkus dividió las imputaciones juzgando a los sicarios en parejas o grupos pequeños (como Harry "Pittsburgh Phil" Strauss, Martin Goldstein o Mendy Weiss). Esta fragmentación impidió coordinar defensas conjuntas y aceleró las sentencias de muerte.

  • Protección de testigos y aislamiento legal: Dado el riesgo inminente de represalias, los fiscales crearon protocolos de custodia sin precedentes, aislando a informantes clave en lugares supervigilados como el hotel Half Moon en Coney Island (aunque Reles terminó muriendo misteriosamente tras caer de una ventana de dicho hotel en 1941).

  • Reforma legal del Indictment: Dewey presionó exitosamente para reformar el código procesal penal de Nueva York, permitiendo acusar a un sospechoso de múltiples cargos y delitos conexos dentro de un solo juicio, en lugar de realizar procesos individuales por cada crimen.

    A pesar de sus éxitos, los fiscales Thomas E. Dewey y Burton Turkus enfrentaron profundos obstáculos legales, procesales y políticos que estuvieron a punto de hacer descarrilar sus investigaciones contra Murder, Inc. y la mafia.

     Principales inconvenientes legales y judiciales

  • Falta de leyes contra el crimen organizado: En las décadas de 1930 y 1940 no existía el concepto legal de "empresa criminal". Los fiscales debían probar la participación directa del autor intelectual en cada homicidio individual, algo casi imposible porque los jefes (como Lucky Luciano o Lepke Buchalter) casi nunca apretaban el gatillo ni daban órdenes verbales directas.

  • Corrupción judicial e infiltración policial: La mafia de Nueva York (especialmente bajo el control de Frank Costello) mantenía a sueldo a jueces, policías de alto rango, magistrados de apelaciones y políticos de Tammany Hall .núcleo corrupto del ayuntamiento neoyorquino-. Dewey tuvo que crear un cuerpo de investigación completamente independiente y secreto para evitar soplos dentro de los tribunales.

  • El vacío legal de las escuchas telefónicas: Aunque Dewey utilizó pinchazos masivos, la admisibilidad de estas pruebas era constante objeto de apelaciones. Legalmente se consideraba una zona gris que la defensa atacaba como violación de la Cuarta Enmienda, amenazando con anular procesos enteros.

  • La regla procesal del testimonio del cómplice: El código penal exigía que el testimonio de un informante (como Abe Reles) fuera corroborado por pruebas independientes materiales o testigos neutrales. Como los asesinatos de Murder, Inc. se cometían sin testigos directos y eliminando evidencias, conectar legalmente la confesión de un sicario con la orden de un jefe de la  mafia requería esfuerzos probatorios extremos.

  • Intimidación y eliminación de testigos clave: El miedo a la venganza paralizaba a las víctimas de extorsión y testigos civiles, quienes preferían ir a la cárcel por desacato antes que testificar. La muerte no esclarecida de Abe "Kid Twist" Reles en 1941 (al caer de la ventana del hotel Half Moon, bajo custodia policial) destruyó casos pendientes contra figuras de la cúpula como Albert Anastasia.

  • Tensiones de jurisdicción entre condados: Murder, Inc. operaba cruzando los límites de Brooklyn, Manhattan, Queens e incluso otros estados (Nueva Jersey, Florida, California). Las fiscalías de distrito celosas de sus competencias a menudo se negaban a compartir evidencias o rivalizaban políticamente, entorpeciendo el rastreo de los crímenes.

     Conscientes de que el Sindicato del Crimen utilizaba la extorsión, el chantaje y la amenaza de muerte contra cualquiera que interfiriera en sus negocios, fiscales como Thomas E. Dewey y Burton Turkus diseñaron un protocolo de protección y control procesal sin precedentes para blindar a los jurados.

     Estrategias de protección e inmunización del jurado

  • Secuestro preventivo del jurado (Jury Sequestration): En los juicios de mayor impacto, se utilizaba por primera vez de forma estricta el aislamiento total. Los jurados eran alojados en hoteles bajo nombres falsos, con escolta policial permanente de 24 horas, prohibiéndoles leer periódicos, escuchar la radio o recibir visitas sin supervisión para evitar que la mafia les hiciese llegar amenazas implícitas.

  • Proceso de Voir Dire (selección de los jurados) exhaustivo y encubierto: Durante la selección, los fiscales investigaban minuciosamente el trasfondo de cada potencial jurado para detectar posibles vínculos con Tammany Hall o con empresas controladas por la mafia. Se eliminaba a cualquier candidato que mostrara el menor indicio de vulnerabilidad económica o familiar que pudiera ser explotada.

  • Anomia procesal parcial: Aunque técnicamente los nombres figuraban en los registros del juzgado, la fiscalía limitaba la difusión pública de la identidad, direcciones y lugares de trabajo de los jurados. La prensa tenía estrictamente prohibido fotografiar sus rostros o publicar datos personales durante la duración del proceso.

  • Presencia policial intimidatoria en la sala de vistas: Las salas donde se juzgaba a capos como Lepke Buchalter o a los sicarios de Brooklyn estaban tomadas por agentes uniformados y policías de paisano. Esta demostración de fuerza buscaba enviar un mensaje claro a los sicarios presentes entre el público: los jurados eran físicamente inalcanzables.

  • Celeridad procesal extrema: Turkus y Dewey aceleraban al máximo los juicios para evitar dar tiempo a la mafia de planear operaciones de chantaje o soborno sobre el jurado. Un juicio por homicidio contra miembros de Murder, Inc. podía resolverse en cuestión de días o pocas semanas, reduciendo la ventana de riesgo.

     Gracias a estas técnicas, la mafia nunca logró intimidar con éxito a un jurado en los juicios principales contra Murder, Inc. Todos los procesos dirigidos por Turkus concluyeron con veredictos de culpabilidad sin que ningún jurado denunciara coacciones directas. Y, en lo referente a los de Dewey, este logró el extraordinario registro de setenta y dos condenas sobre setenta y tres posibles[25].

     La intervención del Federal Bureau of Investigation (FBI), bajo la dirección de J. Edgar Hoover, contra el Sindicato Nacional del Crimen durante la era de Murder, Inc. y el ascenso de las Cinco Familias fue notoriamente tardía, limitada y reacia.

     A diferencia de las fiscalías locales de Nueva York (Dewey, O'Dwyer, Turkus), el FBI apenas jugó un papel directo en el desmantelamiento de Murder, Inc., un hecho que ha sido objeto de severas críticas históricas.

     Las limitaciones reales (Legales y Operativas)

  • Falta de jurisdicción federal para el homicidio: Durante las décadas de 1930 y 1940, el asesinato común era un delito estrictamente estatal/local. El FBI no tenía competencia para investigar crímenes cometidos en Brooklyn o Manhattan, a menos que cruzaran fronteras estatales o violaran leyes federales específicas (como la evasión de impuestos o el secuestro).

  • Ausencia de herramientas de inteligencia modernas: No existían leyes federales de conspiración efectivas. Sin este marco, el FBI no podía imputar a un jefe criminal simplemente por "dirigir" una organización.

  • Escasez de recursos dedicados: Durante la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, el FBI priorizó la caza de atracadores de bancos de alto perfil (como John Dillinger), el espionaje, la contrainteligencia y el sabotaje político, por encima del crimen organizado, que erróneamente se entendía como puramente local o, cuando menos, desconectado entre sí.

     La gran controversia: ¿Hizo el FBI todo lo que pudo?

     La respuesta más generalizada es no. Más allá de las limitaciones de jurisdicción, existieron razones políticas y estratégicas deliberadas por las cuales su Director, John Edgar Hoover[26], decidió no actuar con decisión.

  • La negación dogmática de John E. Hoover: Durante décadas, Hoover negó públicamente la existencia de una mafia nacional o del Sindicato del Crimen organizados a escala federal. Sostenía que solo existían "pandillas locales desorganizadas". Reconocer una red nacional habría evidenciado la incapacidad del FBI para contenerla.

  • Obsesión por la reputación institucional: Hoover construyó la fama del FBI basándose en una tasa de condenas casi perfecta. Investigar la mafia implicaba infiltrar redes complejas con alto riesgo de fracaso, corrupción de agentes o juicios perdidos, lo que ponía en peligro la imagen pública de la agencia.

  • Priorización del comunismo y la subversión: Hoover dirigió la mayor parte de la inteligencia del FBI a perseguir a supuestos subversivos políticos, sindicatos y miembros del Partido Comunista, dejando la delincuencia organizada en un segundo plano.

  • Vulnerabilidad personal e hipotecas políticas: Historiadores sugieren que el Sindicato (a través de figuras como Frank Costello) poseía material sensible sobre la vida privada de Hoover o sus apuestas hípicas, lo que habría incentivado su desinterés en perseguir a la cúpula mafiosa.

 

 

5.  La lucha contra el Sindicato del Crimen (segunda parte)

 

     En un sentido estricto, este capítulo del ensayo está de más, en la medida en que se refiere a periodos posteriores a la efectiva desaparición del Sindicato del Crimen en sentido estricto. Pero tengo la esperanza de que, una vez que lo lean, mis lectores coincidan en el interés de lo tratado en él y en la evidente relación que guarda con lo escrito hasta ahora. En cualquier caso, si nos referimos a la Comisión Nacional del Crimen Organizado –y no solo a su histórico brazo armado, Murder, Inc.- constataremos la absoluta pertinencia de tratar de temas, como la Comisión Kefauver, la Ley RICO o la extraordinaria labor del fiscal especial, Rudolph Giuliani, sin los cuales el descuaje de dicha Comisión del Crimen habría resultado imposible o, al menos, incomprensible.

     Primer paso: Popularidad y política.

     El pueblo americano reconoció la importancia de la lucha legítima y eficaz contra la delincuencia organizada, apoyando para su entrada en política a ciudadanos sin currículo y a juristas implicados en la lucha anticorrupción. El modelo de esta entrada en la política nacional lo representó el fiscal especial Thomas E. Dewey, que alcanzó en 1943 el cargo de gobernador del Estado de Nueva York, en que se mantendría hasta 1954, ganando tres elecciones consecutivas. Convertido en uno de los más destacados políticos republicanos, contendió infructuosamente por la presidencia de los Estados Unidos, contra Franklin D. Roosevelt en 1944 y contra Harry S. Truman en 1948. Su colega fiscal antimafia, Burton Rurkus le apoyó en su carrera política, dirigiendo comités en pro de su nombramiento como gobernador de Nueva York y para la presidencia de la nación.

     Segundo paso: Reconocimiento de la existencia de un crimen organizado a nivel federal.

     A lo largo de 1949, comisiones de ciudadanos y periódicos y revistas a nivel nacional destacaron la existencia de una corrupción sistémica en muchos ambientes y lugares de los EE.UU., que corrompía la economía de mercado, amenazando la libertad de la economía y la vida laboral de todo el país. Ello estimuló, aunque con numerosas tensiones al principio[27], la actividad del Senado –competente para regular el comercio interestatal y con el extranjero-, en orden a formar una comisión para estudiar el problema y proponer soluciones. Dicho comité se estableció el 3 de mayo de 1950, compuesto por cinco senadores, dándole nombre el senador demócrata por Tennessee, Estes Kefauver[28], y alcanzó un enorme relieve, no solo por su actividad en sí –estancias en 14 ciudades; unos seiscientos testigos convocados-, sino porque en su punto de mira se encontraba la delincuencia organizada a nivel nacional, así como porque, por primera vez, la publicidad de sus sesiones alcanzó a televisar las mismas, cosa que permitió llegar a unos trescientos millones de telespectadores[29]. Albert Anastasia fue uno de los testigos convocados por esta Comisión, pero se negó a hacer declaración alguna.

     El gran objetivo que in pectore tenía la Comisión Kefauver[30] era el de acreditar que existía una sólida estructura de crimen organizado en toda la nación y que la misma tenía directa conexión con la procedencia étnica de sus componentes, singularmente, de origen italiano, aunque también judío, irlandés y otros. Eso no se pudo probar, pero sí que la corrupción imperaba por todo el país con unas prácticas similares y ciertas conexiones más o menos extendidas. En todo caso, las audiencias de la Comisión Kefauver familiarizaron la los estadounidenses con conceptos tales, como el de Sindicato del crimen y el de capi di tutti capi. Así, favoreció el que los poderes locales e, incluso, estatales reclamasen del federal su cooperación para combatir el crimen organizado o, al menos, estableciera criterios y modelos de actuación que permitiesen a las autoridades locales actuar coordinadamente. La comisión senatorial estableció en tal sentido una serie de recomendaciones para el Congreso y la Administración norteamericanos que comprendía: El establecimientos de comisiones y unidades permanentes en el departamento de Justicia y en el Congreso para combatir el crimen organizado interestatal; planes de estudio sobre sociología criminal y reformas en el poder judicial para combatir dicha criminalidad; la prohibición de las apuestas mediante telégrafo, teléfono radio y televisión; incorporar a los ayuntamientos comisiones generales sobre el crimen a nivel local; petición formal al departamento de Justicia para que investigara y acusase a 33 individuos sospechosos de ser líderes del crimen organizado en los Estados Unidos.

     No fue menor la influencia de la Comisión Kefauver en conmover los criterios del F.B.I., a la hora de tener que reconocer, por boca de su propio Director, que el Bureau había hecho poco por enfrentarse al crimen organizado a nivel interestatal, único que en principio le incumbía. De todas formas, la respuesta de los agentes federales no fue muy considerable hasta recibir un impulso obligatorio por parte de la administración Kennedy[31], no sin antes convencerse de la existencia de una Comisión Nacional de la mafia, en 1957, al  descubrir la policía local neoyorkina en el pueblo de Apalachin (Nueva York) una reunión de sesenta jefes mafiosos de todo el país, convocada por el capo, Vito Genovese, para ordenar los negocios de la mafia tras el asesinato del jefe, Albert Anastasia. Pero, si reticente se mostró el F.B.I. con estos temas, no lo fue menos la clase política norteamericana en general. Un dato: la acción decisiva del Congreso, al aprobar la ley clave en la materia –la Ley RICO- hubo de esperar hasta 1970, bajo la presidencia de Nixon[32].

     Tercer paso: Una ley que respondiera a los desafíos del crimen organizado, incluso  a nivel nacional.

     La legislación norteamericana tardó casi cuarenta años en responder al modelo Luciano de organización mafiosa, que glosé en el capítulo 2 de este ensayo. Lo logró gracias a la aprobación en 1970 de la llamada Ley RICO, nombre que responde al acróstico de Racketeer Influenced and Corrupt Organizacion Act)[33]. A partir de ella, los miembros de una organización criminal podrán ser acusados y condenados como autores de conspiración para delinquir por todos los delitos cometidos por aquella mientras perteneciesen a la misma, bastando para la calificación como organización criminal con que se hayan cometido a través de ella dos delitos graves en un plazo máximo de diez años. Tienen la consideración de delitos graves a los efectos de esta ley la extorsión y el chantaje, el narcotráfico a gran escala, el lavado de dinero, el fraude financiero, el soborno a funcionarios, jueces y policías, el homicidio, el secuestro y el juego ilegal.

     Las penas previstas por la ley RICO oscilan entre diez y veinte años de prisión por cada delito, sin perjuicio de llegar a la cadena perpetua cuando el delito expresamente la prevea –como es el caso del asesinato-. Con carácter accesorio, se contempla la confiscación de todos los bienes, propiedades y dinero obtenidos mediante la actividad criminal, destruyendo así el corazón financiero de la organización. También se prevén acciones civiles, a cargo de quienes se sientan perjudicados, alcanzando la condena el triplo del daño económico efectivamente sufrido.

     Este cambio de paradigma, de condena por participación probada en delitos individualizados, por castigo por la mera pertenencia a la organización o el obtener beneficio de la misma, fue acompañado en aquellos mismos años de una serie de medidas complementarias, para hacer efectiva la aplicación de la ley RICO, entre los que se encontraban los siguientes:

  •  Creación de las "Strike Forces" (Fuerzas de Choque)

     Bajo el mandato de los fiscales generales de Nixon (principalmente John N. Mitchell), el Departamento de Justicia expandió y consolidó las Strike Forces de Crimen Organizado. Estas unidades combinaban de forma inédita en una sola oficina a agentes del FBI, fiscales federales, inspectores de aduanas, el servicio postal y la agencia tributaria (IRS).

     Al romper la burocracia y la falta de comunicación entre agencias, estas fuerzas de choque se instalaron en ciudades clave como Nueva York, Chicago, Detroit y Miami para asfixiar las finanzas de las familias mafiosas.

  • El Programa de Protección de Testigos (WITSEC)

     La misma ley de 1970 institucionalizó el Programa Federal de Protección de Testigos, diseñado por el fiscal Gerald Shur. Esto fue crucial para romper la omertà o código de silencio de la mafia. Al garantizar a los confidentes de bajo rango identidades completamente nuevas, reubicación geográfica y seguridad para sus familias, el gobierno logró un aluvión de testimonios e información interna que destruyó la estructura celular de la mafia desde dentro.

  • Intervenciones Telefónicas Autorizadas (Wiretapping)

     La administración Nixon comenzó a aplicar de forma masiva y sistemática el Título III de la Omnibus Crime Control and Safe Streets Act[34]. Esto otorgó a los agentes federales el respaldo legal para realizar escuchas telefónicas y colocar micrófonos ocultos con autorización judicial en los clubes sociales y residencias de los capos, acumulando miles de horas de pruebas de audio que posteriormente sirvieron para empapelar a comisiones enteras de la mafia.

     En conjunto, puede afirmarse que la administración de Richard Nixon (1969-1974) marcó un antes y un después en la lucha contra la mafia mediante una estrategia agresiva basada en el concepto de "Ley y Orden" (Law and Order). Su gobierno transformó por completo las herramientas legales del país para desmantelar la estructura financiera y operativa de la Cosa Nostra, que hasta entonces operaba con relativa impunidad.

     Cuarto paso. La plena aplicación de la Ley RICO y la extinción de la mafia tradicional.

     Esta fase decisiva de la lucha judicial contra la mafia se desarrolla ya en la década de 1980 y tuvo como protagonista máximo en los EE.UU. al fiscal federal del distrito Sur de Nueva York, Rudolph Giuliani[35]. En realidad, su actividad se centró en explotar todos los resortes de la Ley RICO para acabar definitivamente con la mafia –cuando menos, la neoyorquina-, en la forma y poder que hasta entonces venía detentando. Curiosamente, su libro aplicativo de cabecera bien pudo haber sido la autobiografía del importante capo, Joe Bonanno, en la que reflejaba con pelos y señales las reglas de la Comisión General del Crimen Organizado, que él mismo había presidido entre 1959 y 1962[36].  Giuliani soportó su estrategia sobre cuatro pilares fundamentales:

  • La presentación de la Comisión como una junta general de directivos de una unión de empresas, que funcionaba con presidencia, reglas y actuaciones comunes o coordinadas.

  • La responsabilidad compartida de todos los directivos por los hechos realizados por sus agentes y ejecutores, bastando con acreditar que los crímenes fueron ordenados en el seno de la organización o que esta se benefició de aquellos.

  • La utilización al máximo de micrófonos ocultos y de grabaciones personales o telefónicas, gracias a las facilidades que fue concediendo la legislación procesal complementaria.

  • El rechazo de los pactos por delación, de las libertades condicionales y de la penas de escasa severidad. Las defensas tradicionales se derrumbaron y los abogados acabaron por reconocer todos los hechos generales –incluso la existencia de la mafia unida-, salvo el de que sus clientes fuesen conocedores o autorizasen los delitos más graves.

     Con estas bases, Giuliani llevó a juicio (1986-1987) de manera conjunta a los principales jefes de las cinco familias de Nueva York, logrando condenas de prisión de por vida para la casi totalidad de ellos. Solo la inaplicación entonces de la pena de muerte impidió que la silla eléctrica hubiese jugado su papel, como en los años cuarenta.

     Con carácter complementario, Giuliani llevó a cabo la impieza de los sindicatos y de sectores clave de la economía lícita, en los cuales la mafia se había infiltrado para controlar áreas sociales estratégicas y lucrarse indebidamente con ellas. Así sucedió, por ejemplo con el Fulton Fish Market, histórico mercado neoyorkino de pescado, controlado mediante extorsión por las familias Genovese y Bonanno; con el sector de la construcción y recogida de basuras, donde la mafia fijaba los precios e imponía un "impuesto privado" a cualquier obra de la ciudad; o con los sindicatos de transportistas, rompiendo la influencia que los capos ejercían sobre los trabajadores portuarios y de transporte de mercancías.

     Igualmente, entre los años 1985 y 1987, Giuliani encabezó la persecución judicial de la llamada Pizza Connection, uno de los procesos judiciales por narcotráfico más largos y complejos de los Estados Unidos. El caso destapó una red internacional de la mafia siciliana que importaba heroína a EE.UU. por valor de 1.600 millones de dólares anuales utilizando como tapadera una red de pizzerías locales en el noreste y medio oeste americano. El juicio concluyó con la condena de más de una veintena de mafiosos, incluyendo a Gaetano Badalamenti, exjefe de la cúpula de la mafia siciliana[37]. 

 

 

6.   Protagonistas del drama

     En las historias sobre la mafia es casi inexorable el perderse a la hora de identificar a cada capo o personaje, establecer la familia a la que pertenece y establecer las relaciones entre ellos. De ahí que muchos de los libros acerca del tema concluyan con un índice alfabético de los individuos citados en el texto. Mi propósito en este capítulo no es, precisamente, identificativo, sino el de precisar algo más de la vida y obra de aquellas personas que me parece influyeron más en el devenir del Sindicato del Crimen, ya fuese como integrantes del mismo, ya como sus más conocidos antagonistas. Me limitaré a citar tres de cada uno de ambos grupos: Tres mafiosos –Luciano, Buchalter y Anastasia- y tres fiscales especiales –Dewey, Turkus y Giuliani-, a los que añadiré a un político muy significativo, Estes Kefauver. Expondré sus notas biográficas[38] por el mismo orden en que acabo de citarlos.

     Charles "Lucky" Luciano (nacido Salvatore Lucania; Lercara Friddi, Sicilia, 1897 – Nápoles, Italia, 1962) es considerado el padre del crimen organizado moderno en Estados Unidos y la figura clave en la estructuración de la mafia italoamericana tal como se conoce hoy.



     Resumen biográfico

  • Primeros años e inicio criminal: Emigró a Nueva York con su familia en 1906. En su juventud se unió a bandas callejeras en el Lower East Side y entabló alianzas estratégicas con otros jóvenes mafiosos como Frank Costello, Vito Genovese y Meyer Lansky, superando barreras étnicas para expandir sus negocios clandestinos durante la Ley Seca.

  • Ascenso y la Comisión: Durante la Guerra de los Castellamarenses (1930-1931), Luciano organizó los asesinatos de los dos viejos jefes mafiosos dominantes, Giuseppe Masseria y Salvatore Maranzano. Tras eliminar el concepto del capo di tutti i capi (jefe de todos los jefes), estableció la Comisión: un consejo regulador formado por las Cinco Familias de Nueva York y otros líderes del país para resolver disputas y administrar sus negocios pacíficamente.

  • Condena y colaboración en la II Guerra Mundial: En 1936 fue condenado a entre 30 y 50 años de prisión por proxenetismo –montaje de redes de prostitución de menores u obligada-. Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de EE. UU. buscó su ayuda (Operación Underworld) para proteger el puerto de Nueva York contra sabotajes nazis y facilitar la inteligencia militar para la invasión aliada de Sicilia.

  • Exilio y muerte: En 1946, gracias a su colaboración bélica, se le conmutó la pena a condición de ser deportado a Italia. Intentó reconectar con la mafia desde La Habana en la Conferencia de la Habana (1946), pero la presión estadounidense lo obligó a regresar a Italia, en donde es casi seguro que contribuyó a organizar la Italian Connection –o Pizza Connection-, para el transporte de drogas, en especial, heroína, desde Europa a Norteamérica[39]. Residió principalmente en Nápoles hasta su muerte por un ataque cardíaco masivo en el aeropuerto de la ciudad en 1962.

     Louis "Lepke" Buchalter (Nueva York, 1897 – Prisión de Sing Sing, Nueva York, 1944) fue un poderoso jefe de la mafia judeoestadounidense y el temido líder del brazo ejecutor del crimen organizado conocido como Murder, Inc. Es el único líder de alto rango de la mafia en Estados Unidos que ha sido ejecutado por la pena de muerte.



Resumen biográfico

  • Inicios en el crimen laboral: Nacido en una familia judía del Lower East Side de Nueva York, comenzó cometiendo hurtos en su adolescencia. En la década de 1920 se alió con Jacob "Gurrah" Shapiro para apoderarse de los sindicatos del sector textil y de la confección en Nueva York mediante la extorsión, las palizas y el chantaje a propietarios y trabajadores.

  • Fundación de Murder, Inc.: En la década de 1930, con la creación de La Comisión por parte de Lucky Luciano y Meyer Lansky, Buchalter asumió el control de Murder, Inc. Este grupo de sicarios a sueldo se encargaba de ejecutar asesinatos por encargo para la mafia a nivel nacional, acumulando cientos de ejecuciones para proteger los intereses del crimen organizado.

  • Fuga y rendición a John Edgar Hoover: A mediados de los años 30, amenazado por las investigaciones del fiscal del distrito Thomas E. Dewey, Buchalter ordenó asesinar a posibles testigos y pasó casi tres años escondido. En 1939, acorralado y creyendo que solo enfrentaría cargos federales menores de narcotráfico, acordó entregarse personalmente al director del FBI, J. Edgar Hoover, a través de una negociación facilitada por el periodista Walter Winchell.

  • Juicio y ejecución: No obstante, tras su condena federal, fue entregado a las autoridades del Estado de Nueva York para ser juzgado por el asesinato de un propietario de una flota de camiones, Joseph Rosen. La confesión del asesino arrepentido Abe Reles fue clave para declararlo culpable de asesinato en primer grado. El 4 de marzo de 1944, Buchalter murió en la silla eléctrica en la prisión de Sing Sing.

     Albert Anastasia (nacido Umberto Anastasio; Calabria, Italia, 1902 – Nueva York, 1957) fue uno de los mafiosos más temidos e implacables de la historia de Estados Unidos. Apodado el "Sombrerero Loco" y el "Lord Alto Verdugo", destacó por su extrema violencia, su papel operativo en Murder, Inc. y por llegar a liderar la familia criminal Mangano (más tarde conocida como la familia Gambino).



Resumen biográfico

  • Llegada y control del puerto: Emigró ilegalmente a Nueva York alrededor de 1919. Comenzó trabajando como estibador en los muelles de Brooklyn, donde recurrió al asesinato y la intimidación para hacerse con el control total de los sindicatos portuarios, convirtiendo los muelles en su principal fuente de poder y extorsión.

  • Operativo jefe de Murder, Inc.: Tras alinearse con Lucky Luciano durante la Guerra de los Castellammarenses, Anastasia fue nombrado jefe operativo de Murder, Inc. junto a Louis "Lepke" Buchalter. Mientras Buchalter administraba el negocio, Anastasia supervisaba directamente a los sicarios y ejecutaba las órdenes de asesinato dictadas por La Comisión, ganándose la reputación de ser el hombre más sanguinario del crimen organizado.

  • Liderazgo de la Familia Gambino: En 1951, tras la misteriosa desaparición de su rival Vincent Mangano, Anastasia tomó el control absoluto de la organización liderada por aquel (que posteriormente se convertiría en la familia Gambino). Durante su mandato como capo, extendió sus operaciones al juego clandestino internacional y a los casinos en Cuba bajo el régimen de Fulgencio Batista.

  • Asesinato en la barbería: Su temperamento errático, instinto violento y ambición desmedida terminaron por alarmar a otros jefes mafiosos, en especial a Vito Genovese y Carlo Gambino. El 25 de octubre de 1957, mientras se afeitaba en la barbería del Hotel Park Sheraton de Nueva York, dos sicarios enmascarados entraron y lo acribillaron a tiros, en uno de los atentados más famosos e icónicos de la historia de la mafia.

    Thomas E. Dewey (Owosso, Míchigan, 1902 – Miami, Florida, 1971) fue un influyente fiscal y político estadounidense, recordado por ser el azote del crimen organizado en Nueva York durante la década de 1930, gobernador del estado de Nueva York y dos veces candidato del Partido Republicano a la presidencia de Estados Unidos.



Resumen biográfico

  • El fiscal implacable contra la mafia: Tras formarse como abogado en la Universidad de Columbia, fue nombrado fiscal especial en 1935 para combatir la corrupción y el crimen en Nueva York. Con métodos agresivos e innovadores –analizados en capítulos anteriores de este ensayo-, logró encarcelar a decenas de figuras clave, destacando la histórica condena de Lucky Luciano en 1936 por proxenetismo y la persecución implacable a Louis "Lepke" Buchalter.

  • Carrera como Gobernador de Nueva York: Su meteórico éxito como perseguidor del crimen lo catapultó a la política. Fue elegido gobernador del estado de Nueva York en 1942, cargo que ocupó durante tres mandatos (hasta 1954). Durante su gestión redujo impuestos, creó el sistema universitario estatal y promovió leyes pioneras contra la discriminación laboral.

  • Candidaturas presidenciales y la famosa portada: Fue el candidato presidencial republicano en 1944 (frente a Franklin D. Roosevelt) y en 1948 (frente a Harry S. Truman). La elección de 1948 dio lugar a uno de los errores periodísticos más icónicos de la historia: el Chicago Daily Tribune imprimió prematuramente el titular "Dewey Defeats Truman" ("Dewey derrota a Truman"), aunque Truman terminó ganando claramente contra todo pronóstico.

  • Últimos años y legado político: Tras retirarse de la política activa en 1955, ejerció como influyente abogado en Nueva York y ejerció como un poder en la sombra (kingmaker) dentro del Partido Republicano, siendo clave para las nominaciones de Dwight D. Eisenhower y Richard M. Nixon. Falleció de un ataque cardíaco en 1971.

     Burton Turkus (Nueva York, 1902 – Nueva York, 1982) fue un destacado fiscal adjunto del condado de Brooklyn y abogado estadounidense, famoso por ser uno de los hombres que desmanteló judicialmente a Murder, Inc. y envió a la silla eléctrica a varios de los sicarios y jefes más peligrosos del crimen organizado.



Resumen biográfico

  • El azote de Murder, Inc.: Como fiscal adjunto del distrito de Brooklyn a principios de la década de 1940, Turkus lideró las acusaciones contra la red de asesinos a sueldo del sindicato del crimen. Consiguió un récord impresionante de condenas por asesinato en primer grado, enviando a nueve miembros de la organización a la silla eléctrica en la prisión de Sing Sing.

  • La condena a Lepke Buchalter: Su mayor triunfo legal fue la acusación y condena de Louis "Lepke" Buchalter, el único gran capo de la mafia en la historia de EE. UU. ejecutado con la pena de muerte. Turkus también logró la pena capital para infames sicarios de Murder, Inc. como Harry "Pittsburgh Phil" Strauss y Martin "Buggsy" Goldstein.

  • Autor del clásico libro sobre Murder, Inc.: En 1951 publicó junto al periodista Sid Feder el libro Murder, Inc.: The Story of the Syndicate, una crónica detallada y de primera mano sobre las operaciones, los crímenes y la caída de la organización criminal. El libro se convirtió en un éxito de ventas y en una referencia histórica fundamental sobre la mafia estadounidense.

  • Carrera posterior como arbitro laboral: Tras su paso por la fiscalía, Turkus ejerció con éxito como abogado defensor, conferenciante y destacado árbitro e intermediario en importantes disputas laborales en sectores como el transporte marítimo y las aerolíneas comerciales, hasta su muerte en 1982.

     Rudolph "Rudy" Giuliani (Nueva York, 1944) es un jurista y político estadounidense, célebre por su agresiva persecución fiscal del crimen organizado en la década de 1980, su mandato como alcalde de Nueva York durante los atentados del 11 de septiembre y su posterior y controvertido papel político como abogado personal de Donald Trump.



Resumen biográfico

  • Es el fiscal que desmanteló La Comisión: Como Fiscal Federal del Distrito Sur de Nueva York (1983-1989), aplicó de forma pionera la ley RICO contra la mafia. Su mayor hito fue el histórico Juicio a La Comisión (1985-1986), donde imputó simultáneamente a los jefes de las Cinco Familias de Nueva York, logrando condenas de 100 años para capos de la talla de Anthony "Fat Tony" Salerno y Carmine Persico, lo que asestó un golpe mortal a la estructura ideada por Lucky Luciano décadas atrás.

  • Alcalde de Nueva York y "Tolerancia Cero": Tras asumir como alcalde en 1994, implementó la famosa y debatida política de seguridad de "Tolerancia Cero" (basada en la teoría de las ventanas rotas) y el sistema de patrullaje por datos CompStat. Durante sus dos mandatos, los índices de delitos violentos cayeron drásticamente en la ciudad, convirtiéndolo en una figura política de alcance nacional.

  • "El Alcalde de América" ( el 11 S): Su liderazgo visible, compasivo y constante en las calles de Nueva York tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 le valió el reconocimiento internacional, la distinción como "Persona del Año" por la revista Time y un título de caballero honorario otorgado por la reina Isabel II.

  • Carrera posterior y controversias legales: En años posteriores intentó sin éxito la nominación presidencial republicana en 2008. A partir de 2018 se convirtió en el abogado personal de Donald Trump, liderando los esfuerzos para impugnar los resultados de las elecciones presidenciales de 2020. Estas acciones derribaron su reputación legal, resultando en la inhabilitación de su licencia de abogado, querellas millonarias por difamación e imputaciones penales en varios estados.

    Carey Estes Kefauver (Madisonville, Tennessee, 1903 – Washington D. C., 1963) fue un abogado y político demócrata estadounidense, influyente senador por Tennessee y figura clave en la exposición pública del crimen organizado a través de las primeras grandes audiencias televisadas de la historia de Estados Unidos.



Resumen biográfico

  • Comités Kefauver (1950-1951): Como senador de EE. UU., presidió el Comité Especial del Senado para Investigar el Crimen Organizado en el Comercio Interestatal. Sus audiencias, transmitidas en directo por televisión a más de 30 millones de espectadores simultáneamente, expusieron por primera vez la existencia del "sindicato nacional del crimen" y llevaron al estrado a mafiosos como Willie Moretti y Frank Costello.

  • Fenómeno mediático: El éxito televisivo de las audiencias convirtió a Kefauver en una celebridad política nacional. Era fácilmente reconocible por su estilo cercano y por usar con frecuencia el característico gorro de piel de mapache como símbolo de sus raíces en Tennessee durante sus campañas.

  • Carrera presidencial y vicepresidencia: Aprovechando su popularidad, compitió por la nominación presidencial del Partido Demócrata en 1952 y 1956. Aunque no logró la candidatura a la presidencia, en 1956 fue elegido como compañero de fórmula (candidato a vicepresidente) de Adlai Stevenson, compitiendo contra la fórmula Eisenhower-Nixon.

  • Labor legislativa y fallecimiento: Como senador progresista en el Sur, promovió antimonopolios, regulaciones de precios en la industria farmacéutica y reformas legislativas contra el crimen. Mantuvo su escaño en el Senado hasta su repentino fallecimiento en 1963 a causa de un aneurisma aórtico.

 

 


 


[1] Hay quienes entienden por Sindicato del Crimen el conjunto de familias y bandas mafiosas que se dedicaban dentro de los Estados Unidos a practicar el delito de manera coordinada u organizada. Yo prefiero llamar a ese conjunto la Comisión Nacional del Crimen Organizado, dejando lo de Sindicato del Crimen para su brazo armado o ejecutor. En todo caso, marcada mi opción, la cuestión queda reducida a un puro nominalismo, dado que no hay una nomenclatura oficial.

[2] La ley había sido aprobada el 28 de octubre de 1919, necesitando de la pertinente enmienda constitucional, la 18ª. El apelativo de Volstead corresponde al apellido de Andrew Volstead, presidente a la sazón de la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes. Dicha ley se mantendría en vigor hasta el 5 de diciembre de 1933, cuando fue derogada juntamente con su enmienda constitucional de apoyo, por la enmienda 21ª. La ley seca estuvo, por tanto, en vigor casi exactamente catorce años.

[3] La aflictividad de la multa ha de tener en cuenta que el dólar de hacia 1925 valía unas veinte veces más que el actual (2026).

[4] Empleo esta palabra como sinónimo de grupo criminal organizado, no de banda de italoamericanos. Nótese que había otras etnias o grupos raciales también muy consolidados, además de la mafia siciliana o italiana. Por ejemplo, en la ciudad de Chicago, se calculaba que algo más del 30% de las bandas eran italoamericanas, pero también había casi otras tantas irlandesas, un 20% de judías y un 12% de raza negra. Según eso, apenas quedaba un ocho por ciento para grupos criminales que no tuvieran precisa connotación étnica ni racial.

[5] Es imposible cuantificar los beneficios ilícitos que trajo la prohibición a los delincuentes norteamericanos: cientos o miles de millones de dólares a todo lo largo de los catorce años que duró. Un ejemplo: la banda de Al Capone –una de las más exitosas en aprovechar la ley seca- se cree que movía unos cien millones de dólares en los años de mayor éxito. Por su parte, el Tesoro de los EE.UU. pudo llegar a perder unos once mil millones de dólares en impuestos y aranceles a la fabricación e importación de las bebidas alcohólicas durante todo el periodo de la prohibición.

[6] Emboscada de los hombres de Al Capone a los del irlandés Bugs Moran el día 14 de abril de 1929, con un total de siete víctimas mortales entre estos últimos.

[7] Se desarrolló entre febrero de 1930 y abril de 1931, entre  partidarios de Salvatore Maranzano y Joe Masseria, con un total aproximado de 120 víctimas mortales entre ambos bandos.

[8] Salvatore Maranzano (1886-1931) y Charles Lucky Luciano (1897-1962), destacados miembros de la mafia italoamericana. Luciano será glosado con algún detalle en el capítulo 6.

[9] Majer Suchowlinski (1902-1983), conocido como Meyer Lansky, importante gánster de origen judío dbielorruso.  Su biografía canónica es: Robert Lacy, Little man: Meyer Lansky and the gangster life, Little Brown, Boston, 1991.

[10] Fulgencio Batista Zaldívar (1901-1973), presidente-dictador de Cuba en 1940-1944 y 1952-1959.

[11] Literalmente, Murder Inc., o Murder Incorporated, puede traducirse como Asesinato, S.A. (Sociedad Anónima).

[12] Louis Lepke Buchalter (1897-1944) y Umberto Anastasio, alias Albert Anastasia (1902-1957), destacados mafiosos a los que también aludiré con mayor detalle en el capítulo 6. Anastasia acabaría por colocarse al mismo nivel de Buchalter, repartiéndose las competencias de manera un tanto anárquica.

[13] Esos eufemismos o palabras del argot empresarial para disfrazar acciones criminales fueron una de las ideas del Sindicato para enmascarar sus conversaciones telefónicas, por si eran grabadas. Fueron conocidas del gran público gracias a las audiencias de la Comisión Kefauver (1951-1952) –de la que trataré en el capítulo 5- y ya fueron empleadas en una de las películas que más de cerca retrató los tiempos del Sindicato y la delación y muerte de Abe Reles (1941): Se trata de Sin conciencia (The enforcer), dirigida en 1951 por Bretaigne Windust (en realidad, por Raoul Walsh). En el Reino Unido la película se tituló Murder Inc., tal cual.

[14] Muestra de esa inicial vinculación del Sindicato con Brooklyn es la de que, durante toda su etapa de actividad, radicó en una pequeña tienda de dicho distrito: Midnight Candy Rosie Star, en el 779 dela Avenida Saratoga. La supervisión del establecimiento corría a cargo de Louis Capone (1896-1944), quien no era pariente de Al Capone.

[15] Se exceptuaron los casos de lucha contra el espionaje y la acción de potencias extranjeras, así como los casos que no supusieran el allanamiento de morada. Véanse las sentencias del Tribunal Supremo Federal, Olmstead vs. United Stales (1927) y Nardone vs. United States (1939).

[16] Arthur Simon Flegenheimer (1901-1935) era su nombre real. Nacido ya en los EE.UU. era de origen judeo-alemán.

[17] Thomas E. Dewey (1902-1971), nombrado por el gobernador de Nueva York fiscal especial para desmantelar el crimen organizado en el condado de Nueva York, el 1 de julio de 1935. Volveré sobre su labor y figura en los capítulos siguientes.

[18] Algunos de ellos tuvieron penas más reducidas, se ampararon en la nulidad de los juicios por insuficiencia de pruebas o fueron ejecutados por el propio Sindicato.

[19] Abraham Abe Reles (1906-1941), alias Kid Twist.

[20] Barton B. Turkus (1902-1982), fiscal adjunto del distrito de Brooklyn, al que aludiré en el capítulo 6.

[21] Todavía en 1951, un gran jurado rechazó acusar a Anastasia por la muerte de Reles, aceptando como más probable su fallecimiento accidental, tratando de descolgarse por la ventana de su habitación del hotel Half Moon de Coney Island , a saber para qué.

[22] Anastasia logró la nacionalidad americana y el rango de sargento técnico, no por un supuesto apoyo al ejército americano invasor de Italia en la II Guerra Mundial, sino entrenando a soldados para ser estibadores en Fort Indiantown (Pensilvania) en los años 1942 y 1943.

[23] Una buena muestra de esa injusticia la supondría olvidar a los políticos de Nueva York que pusieron a disposición de los fiscales anti-Sindicato a decenas de policías muy eficaces y con dedicación exclusiva en unidades adscritas. Merece destacarse al famoso alcalde neoyorkino, Fiorello H. La Guardia (1882-1947), que ejerció el cargo entre 1934 y 1945.

[24] Turkus contó, a partir de 1940, con el decidido apoyo de su superior, William O’Dwyer, quien, entre otras cosas, tenía que autorizar los acuerdos a los que llegase Turkus con los mafiosos delatores, como Abe Reles.

[25] El caso 73 fue un veredicto de no culpabilidad respecto de Dutch Schulz, que no obstante se propuso matar a Dewey, siendo esa la causa de que el Sindicato lo eliminase a él para evitar la reacción que podría haber acarreado el asesinato de dicho fiscal especial.

[26] John Edgar Hoover (1895-1972) fue director del FBI entre 1924 y 1972. Para una biografía comprometida, véase: Cox, John Stuart y Theoharis, Athan G.,  The Boss: J. Edgar Hoover and the Great American Inquisition. Temple University Press, 1988.

[27] Baste decir que la creación del Comité hubo de ser decidida por el voto de calidad del vicepresidente de los EE.UU., Albert W. Barkley.

[28] Carey Estes Kefauver (1903-1963), representante entre 1939 y 1949 y senador entre 1949 y 1963.

[29] Se entiende sumando los de las diversas sesiones televisadas. La población de EE.UU. en 1950 era de 151 millones de residentes.

[30] Así fue siempre conocida, pese a que en mayo de 1951, Kafauver presentó su dimisión, siendo sustituido por el senador por Maryland, Herbert O’Conor, hasta la conclusión de los trabajos en septiembre de dicho año.

[31] La presidencia de John F. Kennedy se inauguró en enero de 1961, con su hermano Robert al frente de la secretaría de Justicia y de la Fiscalía General. Su enfrentamiento bastante radical con la mafia sorprendió a muchos, ya que su padre, Joseph Kennedy, había coqueteado con los mafiosos a nivel negocial y político. Ambos hermanos, John y Robert, serían asesinados, en 1963 y 1968, respectivamente, resultando muy difícil dudar del papel activo de la mafia en dichos crímenes. Véase, Sam y Chuck Giancana, Double Cross. The explosive, inside story of the mobster who controlled America. Warner Books, 1992. Hay traducción española con el título de Fuego cruzado: Mafia, poder, asesinato, Grijalbo, 1992 –en mi opinión, un libro de contenido discutible, pero fascinante-.

[32] Y con John N. Mitchell como secretario de Justicia y Fiscal General.

[33] La citada ley se aprobó el 15 de octubre de 1970 y suele ser conocida por Ley RICO o, libremente, como Ley contra el Crimen Organizado. Su título, de modo más literal, vendría a ser Ley de las Organizaciones corruptas  e influenciadas por los Negocios sucios.

[34] Esta ley se aprobó el 19 de junio de 1968, durante la presidencia de Lyndon B. Johnson.

[35] Rudolph Giuliani (1944), Fiscal General Adjunto de los EE.UU. (1981-1983), fiscal federal del distrito sur de Nueva york (1983-1989), alcalde de dicha ciudad entre 1994 y 2001. De sus últimos años de vida política y jurídica, bajo la égida del presidente Donald J. Trump, vale más olvidarse en este ensayo.

[36] Joe Bonanno, A man of honor, Simon & Schuster, 1984 y ediciones sucesivas. Creo que no hay traducción al español.

[37] Excede con mucho de las pretensiones de este ensayo el aludir siquiera a la cara o vertiente europea de la persecución de la Pizza Connection, que se llevó a cabo en Italia, con similares objetivos y métodos, bajo la inicial dirección del llorado juez instructor de Palermo, Giovanni Falcone (1939-1992).El histórico maxijuicio de Palermo (1986-1987) donde la justicia italiana procesó a 475 mafiosos, terminó condenando a 338 de ellos.

[38] Estas notas biográficas han sido elaboradas sustancialmente con la ayuda de la inteligencia artificial gemini.google, a la que agradezco la cooperación para esta parte de mi ensayo.

[39] También se organizó con el mismo objetivo la French Connection, a partir del puerto francés de Marsella y con los mafiosos de la zona como principales beneficiarios.