sábado, 26 de octubre de 2013

SACUDE EL YUGO DE LA ESCLAVITUD




Sacude el yugo de la esclavitud

 

Por Federico Bello Landrove

 

     Ciertos síntomas misteriosos de rebeldía ponen sobre aviso a una sociedad subyugada y muda. ¿Es posible que la candidez e inexperiencia de unos niños pueda dar jaque a las fuerzas vivas de una ciudad aletargada y provinciana? Los protagonistas de este relato aprenderán, a su costa, que el futuro se abre camino entre dudas, no entre certezas.

 

 
 

1.   El dardo en la canción

 

     En un remanso de la bulliciosa plaza del Mercado de Castellar, se levanta airoso un torreado edificio de ladrillo, cuya roja silueta denota su edad y su progenie. Pero no es de sus caracteres arquitectónicos de lo que quiero tratar[1], sino de un extraño episodio sucedido en su seno, allá por el año 1954. No busquen referencias al mismo en las hemerotecas, ni siquiera en el cajón de sastre de Internet: las Autoridades de entonces hicieron valer férreamente la censura y el conocimiento de la anécdota quedó circunscrito a sus protagonistas y a aquellos a quienes estos se lo quisieron revelar. Por razones que no vienen al caso, yo fui uno de esos confidentes y, a estas alturas cimeras de la vida, no estoy dispuesto a llevarme el secreto a la tumba. Así pues, he aquí la historia.

 

***

 

     En aquel entonces, el inmueble de marras seguía dedicado a su prístina finalidad de formar a maestros. Daba fe de ello el rótulo en inmaculada piedra caliza, cuya albura resaltaba entre el rojo barro circundante: Escuela Normal. Con todo, el magno edificio tenía capacidad para compartirlo con la Escuela de Prácticas y –tradición un tanto llamativa- la Casa de Socorro. No citaría semejante nimiedad, si no hubiese tenido bastante que ver en el desarrollo de este curioso suceso.

 

***

 

     Todo comenzó –se dice- una gélida mañana de enero, con todos los alumnos en formación y el fornido don Elías, bandera nacional enarbolada, presto a recorrer en ambos sentidos el pasillo de entrada a las clases. Era el momento de que trescientas gargantas mal entonadas y peor desayunadas cantaran el himno patrio, con la archisabida letra de Pemán[2], que los pobres niños (también las niñas, de la escuela aneja) comprendían malamente. El Director, al frente del claustro en pleno, apenas paró mientes en el cambio de melodía, ni tampoco en las palabras que confusamente llegaban a sus oídos:

 

Serenos y alegres,

Valientes y osados...

 

     Demasiado joven para atar cabos, así de pronto, supuso que se trataba de un cambio de programa, insertando una canción patriótica especial. ¡Eran tantas las efemérides a celebrar, las consignas a difundir! En efecto –tranquilízase, para sí-. Algo cantan los chicos sobre los hijos del Cid. Pero otros profesores de más edad sienten cómo se les eriza el vello de la nuca, por miedo o de emoción. Por su parte, don Elías concluye su tremolante desfile a paso ligero y, todo sofocado, apostrofa al Director:

 

-          ¡Por Dios, Benito, córtelos usted, que están cantando el himno de Riego!

 

***

 

     La cosa pasó a mayores, un par de días después, cuando los esmirriados gimnastas de quinto curso[3] formaban para regresar a clase, tras la tabla de movimientos y las patadas al balón subsiguientes. El mismo don Elías, que ya conocemos, sintió brotar en su corazón la cualidad de camisa vieja de las JONS[4] y ordenó con voz tonante:

 

-          ¡A formar! ¡De frente, marchen! ¡Isabel y Fernando![5]

 

     La respuesta coral a tal conminación brotó clara y unánime:

 

¡Arriba, parias de la Tierra!

¡En pie, famélica legión!

 

     Don Elías, con los ojos desorbitados, pasó la vista por la doble fila, atónito. Todos los chicos cantaban con unanimidad y coordinación sorprendentes, incluso más serios y ordenados que de costumbre. Mandó inmediato silencio y los ecos de La Internacional se perdieron entre los Capuchinos y el Mercado Viejo. Llegados a clase, la vergüenza y la sorpresa dominaron en el aguerrido excombatiente, sobre la inquina y la punición. Por si acaso, tomó modestísima venganza:

 

-          Abrid la enciclopedia por la página 217 y me copiáis tres veces la lección de los Reyes Católicos; y lo que no os dé tiempo en clase, lo hacéis en casa.

 

     Por él, ahí habría acabado todo. Pero oídos menos tolerantes habían escuchado aquello de los nada de hoy todo han de ser. Y le faltó tiempo a su portador para acudir con el cuento a la pareja de policías de retén en el mercado:

 

-          Acabo de oír cantar La Internacional a los chicos de la Normal.

 

     El cabo guardia lo miró de hito en hito, entre airado e incrédulo:

 

-          ¿La Internacional? ¿Acaso la conoce usted, como para no tener temor de equivocarse?

 

     El sujeto farfulló una disculpa y se escurrió hacia los puestos de las verduleras.

 

-          Cuidado que hay gente grillada, apostilló el otro agente.

 

     Y siguieron la ronda.

 

 
***

 

     Estaba visto que los buenos patriotas docentes tendrían que apurar el cáliz hasta las heces. Celebrábase, unas fechas más tarde de lo narrado, la festividad del Estudiante Caído [6]. Tras las oportunas peroratas magistrales en cada aula, los escolares de los tres últimos cursos y sus mentores se apretujaron a mediodía en el salón de actos, para escuchar la lección conmemorativa, a impartir por la Inspectora, señorita Salvatella, a quien presentaré a ustedes en el capítulo siguiente. La oradora procuró hacer honor a la norma ABC de la Sección Femenina (discurso alto, breve y compendioso) y cedió al Director escolar la tarea de proferir los gritos de ritual [7], para lo que la señorita tenía poca voz. Los chicos respondieron con un desmesurado entusiasmo y la Inspectora, haciendo gala de su tesitura de mezzo-soprano, inició el cántico de aquel himno, tan manido, como levantado:

 

Cara al sol con la camisa nueva,

Que tú bordaste en rojo ayer…[8]

 

     Los chicos, como un solo hombre, siguieron esa entrada de una forma que no estaba prevista:

 

Negras tormentas agitan los aires;

Nubes oscuras nos impiden ver[9]

 

     Durante unos instantes, se produjo cierta algarabía, dado que los profesores seguían por los derroteros del sol, en tanto sus díscolos discípulos lo hacían por los de los cumulonimbos. Unos y otros embravecían, ante el estupor de la inspectora Salvatella, que escrutaba los rostros, arrebolados pero serenos, de los pueriles cantores. Nada en ellos reflejaba rebeldía, ni sensación de estar haciendo algo prohibido. Finalmente, cuando en estrados volvían las  banderas victoriosas y más abajo se alzaba la bandera revolucionaria, la señorita hizo un ejercicio de síntesis y susurró al vociferante director:

 

-          Que abran las puertas y retirémonos todos con las banderas. Trataremos de lo sucedido, pero con la cabeza fría.

 

     Mas, aún con frialdad y prudencia, todos comprendían que había llegado el momento de hacer algo. De hecho, al salir del inmueble y tomar la calle de la Universidad, camino de su casa, Dolores Salvatella tuvo la debilidad de pensar si el día del Estudiante Caído no sería, también, el de la inspectora defenestrada.

 

  


2.  La prudencia en la mujer



     La señorita Salvatella habría peinado ya abundantes canas, a no ser porque se las teñía. Su media melena con raya a la izquierda (con perdón) ofrecía un hermoso color dorado, que era la admiración de sus amigas en aquella época de tintes rudimentarios. El sol arrancaba a su cabello reflejos metálicos, que hacían un bello juego con el color de sus ojos, a mitad de camino entre tono del citrino y el de las esmeraldas del Darién. Conste que tan metafórica presentación era cosa de la octava real que le había dedicado la delegada provincial de la Sección Femenina, que por ella bebía los vientos, sin  ser del todo correspondida.

 

     Quedamos en que Dolores se teñía cuidadosamente el pelo. Más difícil le había resultado en la vida disimular el origen catalán de su apellido, por más que hubiese nacido en Almería. Y es que bastaba con que se presentara ante cualquier persona castellana, para que surgiera el comentario, con más o menos contenido implícito:

 

-          Salvatella, Salvatella... ¿Catalana?

-          Pues no, señor: andaluza.

 

     El andalucismo no mejoraba mucho su estatus en el áspero Castellar, pero ella se empeñaba en mantener un leve acento sureño, que dulcificaba las jotas y acortaba los plurales. Esa suave pronunciación y su perpetua sonrisa se habían hecho notar en la visita que les giró, años antes, Pilar Primo de Rivera, quien la tomó del brazo, interrumpiendo bruscamente su explicación de las excelencias artísticas de la iglesia del Salvador:

 

-          Tú no eres de aquí, ¿verdad? Lo noto en las eses.

-          ...

-          Sí mujer, que las que pones de más entre palabra, las quitas al final.

 

     Viniendo de quien venía, el comentario podía ser una facecia. En efecto, doña Pilar estaba favorablemente impresionada por aquella militante de carrera propia, bien trajeada y maquillada, culta y servicial. Con todo, la Delegada Nacional se permitió recordar a la provincial los estragos del tiempo en la Salvatella:

 

-          ¡Cómo se le notan las arrugas a Dolores! Todavía me acuerdo de su primera aparición en los cursos del castillo de La Mota: Entonces sí que era una auténtica belleza. Recordarás que lo comentamos...

-          Mujer, la edad no perdona, pero se cuida mucho. Además, como persona, es un encanto.

-          Ya lo sé, ya. Más de una vez he pensado en llevármela a Madrid, a la Regiduría de Educación.

 

     Marina, la delegada de Castellar, sintió que le arrancaban el alma. Arguyó:

 

-          Aquí nos es muy necesaria. Además, como inspectora escolar, está realizando una gran labor.

-          Bien, ya veremos, pero lo cierto es que tiene un perfil perfecto para enlace con el SEM[10].

 

     La delegada provincial miró el perfil de Dolores, apto para muy otros fines, y suspiró. Aunque los suspiros son aire y van al aire, este debió de tener una virtualidad especial pues, cuatro años después de la conversación susodicha, la inspectora Salvatella seguía en Castellar, a disposición de Marina y de la vigilancia del recto funcionamiento de las escuelas del centro de la ciudad. Y, en esas estaba, cuando la pilló el toro de los cánticos inconvenientes.

 

***

 

     Borrador manuscrito del informe, que elevó la Inspectora de Enseñanza Primaria, doña Dolores Salvatella Almanzora a doña Marina Pereda Bachiller, Delegada Provincial de la Sección Femenina (documento que obra en mi poder y transcribo literalmente, subsanando un par de palabras ininteligibles y una mínima falta de ortografía).

 

     Camarada Delegada Provincial:

 

En cumplimiento de mis deberes como Inspectora de las Escuelas Anejas a la Normal de esta capital, así como de tus propias indicaciones, me cumple elevarte el siguiente informe, que también hago llegar en esta misma fecha al Sr. Inspector Jefe Provincial de Enseñanza Primaria.    

 

     El sorprendente suceso del que fui testigo en el salón de actos de la susodicha Escuela Normal, el pasado día 9 de febrero, en el que los niños de cuarto a sexto de Enseñanza Primaria, en lugar del Cara al Sol, entonaron una canción anarquista histórica, había tenido en los días anteriores dos precedentes de menor notoriedad, a saber:

 

A)     En la mañana del lunes, 25 de enero, al realizarse la ceremonia de izar bandera, la generalidad de los alumnos cantó la versión republicana del Himno Nacional, en lugar de la aprobada oficialmente por las Autoridades felizmente ejercientes en la actualidad.

B)     Al concluir, sobre las once de la mañana del pasado 3 de febrero, la clase de gimnasia de quinto curso, los niños se retiraron cantando el himno internacional del comunismo, en lugar de la marcha patriótica Isabel y Fernando, que les había sido ordenada.

 

     La Inspectora que suscribe no puede menos de lamentar no haber sido informada en su momento de tan llamativos precedentes, a fin de tomar medidas que habrían evitado el bochorno del pasado 9 de febrero. Con todo, he de reconocer que el Director del Centro escolar y el profesor directamente desacatado, don Elías Redondo, no han actuado con ánimo de ocultación, sino en la errada impresión de que los hechos serían excepcionales y podría resultar contraproducente darles pábulo, habida cuenta de la edad e inocencia de los alumnos.

 

     En cualquier caso, hechas las oportunas indagaciones y practicados los interrogatorios que en pliego aparte se adjuntan, he llegado a la conclusión de que los maestros nada han tenido que ver con estos hechos, ni tampoco se han encontrado instigadores o cabecillas entre los alumnos. Es lo más probable que los padres o parientes de algunos de ellos puedan haberles hecho conocer tan disolventes canciones en sus casas, privadamente, lo que habría llevado a los niños a aprenderlas y entonarlas en público, sin mayor malicia ni perniciosos objetivos.

 

     Con todo, la Inspectora informante confiesa que le resulta llamativa la unanimidad de la conducta y la sustitución de las canciones patrióticas por otras nefandas. Por ello, así como por evitar la continuación de estos episodios de objetiva alteración del orden académico, se proponen a la Superioridad las siguientes medidas:

 

     1ª. Advertir al Director y maestros de la Escuela Aneja a la Normal masculina, que no toleren la menor modificación de los alumnos en las canciones patrióticas ordenadas, así como que pongan en conocimiento de esta Inspección las alteraciones que pudieren producirse. Se sugiere la oportunidad de reducir, hasta nuevo aviso, los cánticos patrióticos, a excepción del Himno Nacional y el Cara al Sol en los momentos preceptuados.

 

     2ª. Mantener un discreto control por la Policía de las canciones que los padres de alumnos menos adictos al Movimiento Nacional enseñen a sus hijos, o entonen y tarareen en lugares públicos o en el hogar, siempre que lleguen a oídos del vecindario.

 

     3ª. Exponer reservadamente los hechos al señor Director del Manicomio Provincial, por si los mismos tuviesen alguna connotación o explicación psiquiátrica, que pudiera servir de punto de partida para su tratamiento epidémico.

 

     Castellar, a tres de marzo de mil novecientos cincuenta y cuatro.

 

     Ignoraría las decisiones que, en un principio, adoptaron los destinatarios de tan prudente informe, si no se hubieran producido nuevos sucesos, en una línea políticamente muy similar. El hecho es que se produjeron -¡vaya que sí!- y ese nuevo y más peligroso giro hizo entrar en escena al segundo protagonista de nuestro relato.

 

 
3.   Con lupa y de puntillas

     No puede decirse que el inspector de Policía de primera, Melquiades Figueroa, se sintiese halagado de que se le confiara un caso tan peculiar. En la sobremesa del almuerzo del día 26 de marzo de 1954 –viernes-, volcó ante su madre, doña María, toda la bilis que le había provocado el encarguito del comisario:

 

-          ¡Hágase usted policía, para esto! Que si los niños cantan el Himno de Riego u Os pinos de Pondal[11]. Que si los retratos de Franco y José Antonio de las clases se vienen al suelo durante la noche. Más valía que cuidaran mejor el edificio y que empezaran a repartir la ayuda americana[12].

-          Cálmate, Mel, que te pierde el genio. ¿No puedes endosarle el asunto a alguno de los jóvenes a tu mando?

-          ¡Quia! Me han ordenado llevar personalmente las averiguaciones; eso sí, en colaboración con la inspectora del colegio, que se encargará de la cuestión administrativa.

-          ¿La conoces? ¿Es soltera?

-          Pero, mamá –suspiró el inspector-, ¿Qué se me da que sea soltera o tenga marido y siete hijos?

-         

-          Está bien, ya te contaré. He quedado en la Jefatura con ella, hoy, a las seis. Tienen mucha prisa en resolver el asunto. Estamos tan cerca del Día de la Victoria…[13]

 
 



     Como, sin duda, son ustedes buenos entendedores, habrán deducido de este breve diálogo –amenizado con amarguillos de Villoldo y anís de El Mono- que el señor Figueroa era un probo y escrupuloso policía, de no buen carácter; que a su mediana edad se mantenía soltero, conviviendo con doña María, su madre viuda, quien temía como a un nublado las escasas veleidades sentimentales de su retoño; y que este, aun siendo tan adicto al Régimen como era preciso en su profesión, tenía un punto de independencia de criterio. Tampoco se les habrá escapado –por el apellido y la cita de Pondal- que don Mel era gallego; de Vigo, para más detalle. Pero lo cierto es que, entre la guerra y sus múltiples destinos policiacos, el mar y la fonética galaicos eran para él poco más que un borroso recuerdo, que su madre se encargaba inconscientemente de avivar.

 

 

***

 

     El primer encuentro entre Dolores y Melquiades resultó mejor de lo que ambos habían imaginado. Bastante cohibida ante un policía, de elevada estatura y voz cavernosa, la inspectora sacó su vena sumisa y servicial, dejando que fuera el varón –como quería la ética falangista- quien llevase la voz cantante, vale decir, la dirección de las operaciones. Por su parte, Figueroa hubo de tragarse los exabruptos sobre la menopausia y los marimachos de la Sección Femenina, con los que había acompañado el nudo de la corbata y el repeinado de los pocos cabellos que la edad le había dejado. La inspectora debió notar aquella revisión de prejuicios y decidió apoyarla:

 

-          Yo, señor Figueroa, no soy más que una maestra vocacional y una inspectora al servicio de los maestros, que buena falta les hace. Lo de la Sección Femenina… ¿no se lo han contado?

-          Pues no. ¿A qué se refiere usted?

-          La verdad es que le estoy muy agradecida, pero entré, como tantos otros, porque mi familia no era bien vista y tuve miedo de que no me dejasen participar en las oposiciones al magisterio nacional. ¿A usted no…?

-          Pues no, la verdad. Después de estar tres años pegando tiros con los nacionales y ascender a sargento por méritos de guerra, no creo que importase la ideología de mi difunto padre.

-          Ya, perdone; no quería entrometerme… Supuse que, como policía y al tener que trabajar en cierto modo juntos, le habrían puesto al corriente.

-          Bueno, ¿qué le parece si preparamos el plan? Yo había pensado…

 

     Como era de suponer, conociendo al inspector, el plan era exhaustivo y agotador. Ninguna posible causa de caída de las fotografías era dejada sin investigar: desde la resistencia del yeso y las medidas de las escarpias, hasta la ideología de los maestros de cada aula y la inclinación del portero del colegio a la bebida. Todo previsto, todo peritado y, hasta cierto punto, anticipado. Dolores estaba patidifusa.

 

-          Esto tenemos que dejarlo resuelto de aquí al lunes –concluyó Mel-. Así, si no tenemos las cosas del pasado claras y cristalinas, podemos montar guardia día y noche, de manera discreta, por si se repiten en las próximas fechas.

-          ¿Día y noche?, balbuceó Dolores.

-          No se inquiete. Podemos hacer guardia individual y, en horas nocturnas, descabezar un sueñecito por turnos.

-          ¿En dónde? No sé si el portero querrá prestarnos un catre.

-          Había pensado en las literas de la Casa de Socorro, aclaró el policía.

 

     Nuestra inspectora se despidió, decaída y temblorosa. Afuera, también había caído ya decididamente la noche. Contra su costumbre, Figueroa le estrechó la mano y todavía formuló un último consejo:

 

-          En cualquier caso, señorita, atención y sigilo. Es lo que yo digo siempre en estos casos:

             Con lupa y de puntillas.

 

     A la hora de cenar, Melquiades estaba de un insólito buen humor. Y así, sin esperar el inevitable interrogatorio de su madre, le espetó:

 

-          ¡Ah!, la inspectora, muy bien, muy bien… Tanto, que no va a importarme pasar un par de noches de servicio con ella.

 

 

 

4.   Hay luminosos misterios

 
     La investigación rutinaria no aportó ninguna certeza, por más que algún maestro no se mostrara cómodo bajo la mirada de José Antonio –ni ante la del policía-, y que ciertas alcayatas malamente habían aguantado durante quince años el peso del Caudillo. Antes bien, el misterio parecía adoptar un tono burlón: Estando de vigilancia la buena de Dolores, oyó un estrépito en la bella escalera de zócalo talaverano y barandilla de balaustres finamente forjados. Acudió a la carrera al lugar del estropicio. Una bandera nacional había caído a plomo sobre la puerta encristalada de la biblioteca, haciendo añicos con su mástil dos o tres vidrios.

 

     Se imponía, pues, pasar a la segunda parte de la estrategia. No resultó fácil, empero, convencer al Médico Jefe de la Casa de Socorro del préstamo de un bien, tan necesario como escaso:

 

-          ¿Dejarles usar una de nuestras literas? Pero si solo tenemos dos para el personal de guardia...

-          Bien –sentenció el policía-: una para el médico y otra para nosotros. No pretenderá anteponer el practicante a la señora inspectora.

-          Pero es que la enfermera de noche también podría ser una mujer.

-          Puede usar la camilla de los reconocimientos. Total, cuando la necesite algún enfermo o accidentado, no tendrá más remedio que levantarse para atenderlo.

 

     Más mollar resultó el facultativo de guardia nocturna, en cuanto conoció a la señorita Salvatella. Y no es que el doctor Gredilla fuese un rijoso, pero sí que era un caballero muy fino y se aburría soberanamente casi todas las noches. Cincuentón, bien parecido y de amplia cultura, era –como le gustaba definirse- triste pecio del naufragio / de nuestra civil contienda. A la inspectora le sonaban bien los octosílabos, sobre todo, cuando pudo consultar en el diccionario el significado de su primer sustantivo. También le agradaban las tacitas de café, servidas de un termo rojo con rayas a la escocesa, y las casi inaudibles canciones de madrugada, que Radio Peninsular difundía a través del receptor Telefunken, semioculto en un autoclave fuera de servicio.

 

     La noche del cambio de mes, recién tendida en la litera, bajo la ruana con la que el doctor la había arropado amorosamente, Dolores decidió sincerarse con Gredilla -¡llámeme Ángel!-. Total, se les estaba acabando el tiempo y nada tenía que perder:

 

-          No sé si sabe, o ha llegado a sospechar, lo que nos trae aquí al policía y a mí.

-          Algún misterio habrá de ser.

-          Y tanto. Ha llegado ya el Día de la Victoria y nosotros, tan in albis como al principio.

-          Si puedo ayudarla...

 

     La Salvatella dudó unos momentos. Parecía un buen hombre y era tan culto... Se decidió:

 

-          Voy a exponerle brevemente nuestras cuitas, a condición de que mantenga la máxima reserva. De otro modo, me traerá serios problemas y el policía montará en cólera.

-          Señora –bromeó el galeno-, aunque mi función es la de salvar vidas, en este caso seré una tumba.

 

     En consecuencia, Dolores le refirió lo esencial de cuanto sabemos, desde el himno de Riego a la caída de la bandera. Según hablaba, iba incubando una tesis, con la que concluyó su narración:

 

-          En fin, doctor, eso es todo lo principal. ¿Qué opina usted? ¿Podría ser el edificio el detonante de todo ello?

-          Por lo que yo sé –repuso Gredilla-, este gran inmueble ha tenido una vida relativamente plácida. En sus treinta y tantos años de existencia, ha servido a las hermosas y sustanciales funciones de formar maestros y curar urgencias. Es posible que algunos miasmas hayan podido quedar de tantos antiespañoles como pulularon entre sus paredes, hasta la salvífica insurrección del año treinta y seis. A cambio, durante la guerra fue utilizado como hospital de legionarios, lo que sin duda lo habrá purificado de los gérmenes levógiros.

 

     La engolada respuesta encerraba una tan evidente crítica de su tesis de la posesión por los espíritus, que Dolores se sintió avergonzada. Molesta por haber hecho el ridículo, lanzó al doctor el reto de dar con la causa de los sucesos. El interpelado encendió un cigarrillo, se recostó en la silla hasta dejarla en equilibrio inestable y, pausadamente, aventuró:

 

-          Los hombres de ciencia –por llamarnos así- tenemos constante experiencia del inexorable avance de la Naturaleza, que se rige, a veces, por leyes físicas evidentes, y en otras, por la confusa, aunque coherente, marcha de la evolución. O, dicho de manera más llana, cuando los hombres nos empeñamos en cerrarle la puerta, la vida entra por la ventana.

-          Lo siento, don Ángel, pero no acierto a encontrar la relación con...

-          Pues bien clara está, mi estimada amiga. La guerra que hemos sufrido y la paz de que venimos disfrutando han acoquinado de tal modo la natural evolución de España y de los españoles, que parece vivamos en el interior de una caldera en ebullición y sin válvula de escape. No digo que en origen no haya habido causas y hasta motivos –una dama de la Sección Femenina sin duda dará con ellos-. Afirmo que no puede mantenerse indefinidamente un país y a sus habitantes anclados en ese día, del que hoy mismo se cumplen quince años. Como dijo Talleyrand, las bayonetas sirven para todo, menos para sentarse sobre ellas.

 

     Callaron. Por la puerta, apareció Figueroa, presto al relevo en la guardia. Los dos interlocutores estuvieron a punto de ser pillados en falta; de modo que cambiaron radicalmente de conversación:

 

-          ¿Alguna novedad, Melquiades?, inquirió la señorita Salvatella.

-          Que ya estamos en abril, replicó el policía, cubriendo con la mano un bostezo.

 
 



***

 

     Eran las nueve de la mañana. En la frontera iglesia de Capuchinos campaneaban, tocando a misa. Un Figueroa, ceñudo e hirsuto, y una Dolores, fresca y maquillada, con aire de no haber roto un plato, se sentaron a una mesa del Café del Campillo, solitario, como acabado de abrir:

 

-          Perdone la ocurrencia, Melquiades, pero ¿no podría ser que nuestro misterio no tuviese explicación racional ninguna?

-          Todo tiene una causa y un fin –discrepó el policía-. No hay ningún enigma que no haya resuelto yo en doce años con una pregunta clave: ¿A quién beneficia?

-          ¡Ah, sí? ¿Y a quién beneficia que se rompan los retratos? ¿A los cristaleros, quizá?

 

      El inspector se quedó de una pieza. No esperaba que la chica pudiera salirle respondona.

 

-          Mujer, todo coincide: canciones sectarias, fotografías del Caudillo, ¡la bandera nacional! Eso es cosa del contubernio judeo-masónico o, por lo menos, de algunos anarquistas de Castellar.

-          ¿Y si yo le dijera que tengo una hipótesis de trabajo?

 

     Melquiades se la quedó mirando admirativamente, mientras deshacía con la cucharilla el terrón de azúcar del café. Verdaderamente, aquella señora le resultaba cada vez más desconcertante. Dolores apartó sus ojos verdes de los negros y escrutadores de su colega de trabajo, los fijó en la fotografía de equipo del Real Castellar sobre la barra, y recitó de corrido, como propia, la teoría del doctor Gredilla, debidamente suavizada. Se hizo el silencio durante no menos de un minuto. Podían oírse los chispazos de las neuronas del policía, interconectando furiosamente. Al fin:

 

-          Después de una semana de mal comer y peor dormir –se lamentó Figueroa-, estoy dispuesto a creerme cualquier cosa; más aún, me importa un bledo lo que canten los rapaces y tengo en tanto la caída de los retratos, como la de las hojas en otoño. Pero sucede, perspicaz Dolores, que uno tiene su fama de experto y vive de esto. No sé tú -¡al fin, tuteo!-, pero yo no puedo ir a mi comisario y decirle que pongan una válvula en la caldera de España y que, si no lo hacen, los escolares seguirán saliendo por peteneras marxistas.

-          ¿Y si la válvula la ponemos nosotros? Tengo una idea que, al propio tiempo, puede demostrar si tengo razón, o no.

 

     Muy decidida, se levantó y llamó al camarero. Mientras Melquiades pagaba las consumiciones, Dolores concluyó, como hablando consigo misma:

 

-          Eso que a mí me gustaría más que siguiera el misterio. En fin, no sé cómo decirlo... Hay cosas que pierden mucho cuando se explican.

 

 

 
5.   El conjuro de la torre


     En una de las dos torres de la Normal tenía su vivienda el jefe de bedeles, Zacarías, famoso por sus exabruptos, que ni siquiera ahorraba a los profesores, sobre todo, cuando había libado más de la cuenta.  En el ático de la otra, se guardaban en confuso amontonamiento todo género de materiales de desecho, desde sillones de cátedra, hasta animales disecados. Hasta allí subieron la tarde del viernes, 3 de abril, nuestros investigadores, con un sigilo que evidenciaba la maldad de su acción. No era para menos. Escuchémoslos, el día anterior:

 

-          ¿Y dónde rayos vamos a encontrar, así como así, una fotografía comprometedora y un libro de canciones de la época de la República?, inquirió Figueroa.

-          Déjalo de mi cuenta, Melquiades –repuso Dolores-. Para algo es una de la cáscara amarga.

-          Me va pareciendo, amiga, que tú juegas a todos los paños.

-          No me hagas caso. Se trata de recuerdos de mis padres, que me traje de Almería.

 

     En efecto, disimulados bajo el ejemplar del día del periódico falangista Libertad (dime de qué alardeas…), ascendían la escalera, bajo el brazo de la Salvatella, un ejemplar de Yerma, con foto de García Lorca, y un fatigado ejemplar del Cancionero Musical de Martínez Torner[14]. Abría la marcha el inspector Figueroa, con una innecesaria linterna en la mano. Dolores objetó:

 

-          Tal vez habría sido mejor acordarse de la llave. Creo que ese trastero suele estar cerrado.

-          ¿Y para qué crees que he traído una ganzúa? -preguntó retóricamente el policía-, quien, a lo que se ve, algo había aprendido de su clientela.

 

***



     Media hora más tarde, ya desembarazados de su peligrosa mercancía, Melquiades y Dolores platicaban a la misma mesa del Café del Campillo, en que los sorprendimos un par de días antes:

 

-          Bueno, Mel, ahora, a redactar el borrador que tenemos que presentar a nuestros superiores, no sea que nos pillen en alguna contradicción.

-          No sé cómo vamos a salir del paso. Menudo sofoco cuando le cuente al comisario eso de que, por si se trataba de algo diabólico, nos trajimos a un exorcista.

-          Hombre, dicho así… Pero, si sustituimos diabólico por sobrenatural y, en vez de exorcismos, escribimos oraciones de protección de la casa, podemos quedar bastante bien.

-          Tú, tal vez, que en la Sección Femenina sois bastante beatas, pero lo que es mi jefe…

-          Tu jefe tendrá que tragar con los métodos católicos, apostólicos y romanos. El caso es que den resultado; y, en cuanto a eso, tengo el pálpito de que vamos a lograr un éxito rotundo.

-          Dios te oiga. Con estas cosas milagrosas, uno nunca sabe…

-          Mi querido policía: bien mirado, lo milagroso no es que el Futuro se haya abierto paso abruptamente en estos tiempos. Lo extraño es que haya tardado quince años en estallar.

-          Y lo que te rondaré, morena, aventuró Figueroa, con su pesimismo habitual.

 

***

 

     Pesimismo y optimismo se conjugaron en lo sucesivo. Como Dolores había presumido, la Normal de Castellar no volvió a ser espacio de fenómenos paranormales del estilo de los reseñados. Y, según supuso Melquiades, el Futuro hubo de dar muchos más pasitos que zancadas. En fin, el episodio se archivó, se olvidó y, finalmente, fue expurgado… hasta ahora.

 

***

 

     Olvidaba narrarles a ustedes una breve coda de esta verídica historia, que me llegó por conducto de mis padres, muchos años después. Acabábamos de dar tierra a nuestro amigo Melquiades Figueroa. Había muerto mucho más viejo que en el 54, pero tan soltero como entonces. Eso comentaba yo, cuando mi madre me hizo una precisión:

 

-          La verdad es que, entre su madre y la timidez, el pobre hizo muy poco por abandonar la soltería.

-          Y, para lo poco que hizo –agregó mi padre-, tuvo bastante mal ojo.

 

      Y se echó a reír de buena gana, lo que no es muy educado, cuando se camina por el cementerio de vuelta de un sepelio. Mi madre se ruborizó y le hizo el típico gesto del dedo sobre los labios. Aquello me vedó el acceso directo a alguna anécdota, tan jugosa como picante. Ahora, que conozco la relación de la inspectora –de enseñanza- y el inspector –de policía-, así como la inclinación sexual de aquella, he creído comprender lo sucedido. ¡Lástima que ya no estén mis padres en este mundo, para confirmármelo!

 

     En fin, de una manera u otra, muchos de los que vivimos aquellos tiempos sacudimos el yugo de la esclavitud. Aunque, si bien se mira, es una pesada sujeción de la que nunca acabamos de liberarnos del todo. ¿No es cierto?

 
 

 

 

 



[1]   Con todo, si mi intuición es correcta, el autor tiene en mente una construcción escolar inaugurada hacia 1930, obra del conocido arquitecto escolar,  Antonio Flórez Urdapilleta (1877-1941).
[2]  José María Pemán y Pemartín (1897-1981), autor de una letra (1928) del himno nacional (o Marcha de Granaderos, o Marcha Real) que, con algunas alteraciones alusivas al Régimen, se mantuvo como texto oficioso de la pieza durante el Franquismo y, como tal, fue cantada por generaciones de escolares de aquella época.
[3]  En aquella época, los grados o cursos de la Enseñanza Primaria eran seis y se cursaban entre los cinco y los catorce años. Quiere decirse que los gimnastas aludidos podrían tener unos once o doce años.
[4]  J.O.N.S. (Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista), movimiento autónomo desde 1931 a 1934, cuando se fusionó con Falange Española. Camisas viejas eran, obviamente, sus miembros de primera época.
[5]  Canción política (también conocida como En pie, camaradas), que pasa por ser el himno de las citadas J.O.N.S. Para su letra completa (a la que pertenecen –paradójicamente- las palabras que dan título a este relato), véase  Himnos y canciones, edit. Vicesecretaría de Educación Popular, Madrid, 1942.
[6] Festividad conmemorativa del asesinato político de Matías Montero (1934), que se celebraba (inicialmente, con vacación) el 9 de febrero de cada año.
[7] Lemas y vítores que, a voz en cuello profería el presidente de los actos falangistas, para ser contestados a coro y entusiásticamente por los demás circunstantes. Su número y orden estaban más o menos determinados, siendo reducidos ordinariamente a cinco: ¡España, una! ¡España, grande! ¡España, libre! ¡Viva Franco! ¡Arriba España!
[8] Himno oficial de Falange Española desde febrero de 1936, y oficioso del franquismo durante la mayor parte de su historia.
[9]  Primeros versos del himno anarquista A las barricadas, originalmente polaco, pero adoptado mundialmente por los anarcosindicalistas. En España lo fue por la CNT, tras divulgarse en el periodo 1933-1936.
[10] S.E.M., o Servicio Español de Magisterio, organismo oficial dependiente del Ministerio de la Secretaría General del Movimiento, responsable de la formación política de los maestros vinculados a Falange y las maestras adictas a la Sección Femenina.
[11]  Inequívoca alusión al himno de Galicia, cuya letra es del poeta Eduardo Pondal (1835-1917). Oficializado durante la II República, fue evitado durante el franquismo, al menos, hasta los años de 1960 y siguientes.
[12]  El señor Figueroa alude seguramente al suplemento alimenticio de leche en polvo y queso, que empezó a repartirse en algunas escuelas como sobre-desayuno. Fue una de las facilidades concedidas a España por el Gobierno de los Estados Unidos, a raíz del tratado de amistad y cooperación de 1953.
[13]  El 1 de abril, en que el franquismo conmemoraba su triunfo militar en nuestra Guerra Civil de 1936-1939.
[14]  La primera edición de Yerma data de 1934. La edición princeps del Cancionero Musical (Selección y armonización de Eduardo Martínez Torner) es de 1928.

viernes, 18 de octubre de 2013

RESÚMENES DE HISTORIA DE LA CIVILIZACIÓN (9ª Y ÚLTIMA ENTREGA)


LECCIÓN 23.  IDEOLOGÍAS DEL SIGLO XX



     Como claramente se deduce del título de esta lección, entramos con ella en el estudio del siglo XX, al que se dedicarán tres. La primera, que ahora abordamos, presenta las ideologías que han dominado el horizonte político occidental a lo largo de la centuria, con especial referencia a las consecuencias fácticas concretas que hayan producido, en uno o varios países, o a nivel global. Por excepción, abordaremos en epígrafes separados la revolución soviética y el comunismo, entendiendo que este es mucho más que aquella.

 

 

  1. LA REVOLUCIÓN SOVIÉTICA.

 

     En la lección 20 presentábamos la ideología socialista durante el siglo XIX. De ella arranca la fuerza teórica y organizativa que dará lugar a la revolución soviética en Rusia (1917), sin duda el equivalente en importancia en el siglo XX, a lo que fue la revolución francesa siglo y pico antes.

 

 

      Los pasos hasta la Revolución y más allá.

 

  • El avance ideológico. La revolución rusa representa el paso del socialismo al comunismo o, si se prefiere, del marxismo al leninismo. ¿Cuáles son los principales signos que evidencian este cambio? Veámoslos a continuación.
  • El imperialismo. Llámese así, o se prefiera la palabra internacionalismo, lo cierto es que los soviéticos de primera hora entienden su revolución como el preámbulo del levantamiento de la clase obrera a nivel mundial, en el que la Rusia soviética y su Partido Comunista ejercerían el liderazgo.
  • Partido único, fuerte, guía y vanguardia de la clase obrera. Este es, naturalmente, el Partido Comunista, cuya correa de transmisión con el Gobierno viene asegurada por la coincidencia personal entre cargos del partido y cargos ministeriales y funcionariales.
  • Acción militar provocadora del cambio. Y no al final de los tiempos, cuando la situación estuviese madura y los capitalistas en abrumadora minoría (como pensaba Marx), sino en situación precaria, con una clase obrera escasa y poco concienciada y teniendo que mantener el Ejército Rojo una dura guerra civil.


      Los componentes históricos.

 

      Contra lo que en principio habían programado los ideólogos socialistas, el triunfo de la revolución soviética se produjo con unos condicionamientos dudosamente favorables, entre los cuales el decisivo fue un imponderable: la tremenda situación de Rusia y de su ejército avanzada la Primera Guerra Mundial.

 

  • Atraso económico y político. Rusia era, en comparación con las potencias occidentales, un mundo rural inmenso, con un Gobierno totalitario y poco eficaz y una clase obrera industrial en crecimiento, pero muy concentrada en determinadas ciudades. Todo esto, que parecía contrario al triunfo de la revolución, fue diestramente aprovechado por los bolcheviques y su líder, Lenin, para conseguir sus propósitos, con una mezcla de oportunismo temporal y radicalismo ideológico.
  • Decantación de múltiples movimientos y descontentos. Los bolcheviques son el último eslabón pre-revolucionario de una estirpe que se remonta a unos 50 años atrás y de la que forman parte nihilistas (terroristas), anarquistas, socialistas y demócratas. De hecho, la propia Revolución fue precedida de una fase moderada (la república de Kerenski), para pasar a la exaltada (Lenin) y acomodarse, finalmente, como dictadura comunista en un solo país (con Stalin).

 
      Sus efectos.

 

·         Desaparición sustancial de la propiedad privada. Después del fracaso de fórmulas más moderadas, la Revolución trajo consigo la expropiación absoluta de la tierra y de los medios o bienes de producción, dejando una magra propiedad privada de los objetos de consumo.

·         Igualitarismo. Desaparecen casi radicalmente las clases sociales y el nivel de vida es muy parecido en todos los sectores de la población. Esta igualación por abajo irá siendo minada con el tiempo, mediante las bonificaciones y privilegios de los altos cargos del partido (nomenklatura) y de la vida profesional (intelligentsia).

·         Exportación revolucionaria. Aunque los soviéticos se ven obligados a replegarse a su propio país, no pierden la oportunidad de apoyar los movimientos obreros revolucionarios de otros pueblos, de dos maneras diferentes: la indirecta, de mediatizar a los partidos comunistas de otros Estados, gracias a la Internacional Comunista; y la directa, de formas de intervención armada o subversiva, ayuda económica o militar, y guerras de conquista.

·         Perpetuación de la ideología y de la clase dirigente. El comunismo soviético pervive en Rusia durante 70 años, en los cuales los cambios son mínimos y con abundantes retrocesos. Es tiempo más que suficiente para constatar la imposibilidad de avanzar y mejorar radicalmente, superando el estadio totalitario y represivo de la revolución. De hecho, el colapso final de la URSS es fruto, en parte, del convencimiento de todos, de que el cambio y la evolución dentro del régimen eran imposibles.

 

 

  1. LAS IDEOLOGÍAS DEMOCRÁTICAS.

 

      Ventajas e inconvenientes de lo diverso y complejo.

 

  • Las democracias del corte occidental se perfilan en el siglo XX mediante la armonía y equilibrio de tres tipos de componentes: los conservadores, los reformistas y los revolucionarios. Ello da a estas democracias un carácter variopinto, pero también una notable capacidad de adaptación y de cambio.
  • El momento decisivo para la consolidación de estas democracias se produce con la entrada en el juego político de las fuerzas socialistas, que renuncian a sus ingredientes de violencia. A partir de este momento, quedan bien representadas en las democracias todas las clases sociales: capitalistas y burgueses (que ya lo estaban desde el siglo XIX) y proletarios (que se integrarán en el siglo XX).


      Claves de las democracias de corte occidental.

 

  • Elecciones libres cada poco número de años. No es una condición suficiente para una democracia, pero sí es obviamente un requisito necesario, el más notorio y principal.
  • Libertades políticas. A los derechos individuales nacidos de la Revolución Francesa, se agregan otros (también surgidos por aquella época), que son indispensables como complemento de las elecciones libres: las libertades públicas (expresión, reunión, asociación); la pluralidad política (sistema de libre creación y actuación de los partidos políticos); equilibrio de poderes, para que no haya un descontrol absolutista por el hecho de haber ganado las últimas elecciones.
  • Relativa igualación de los ciudadanos. Hay que implementar una igualdad de oportunidades, para que todos puedan llegar hasta donde les lleven su trabajo y su talento, en bien suyo y de la sociedad. Y, para los menos favorecidos, hay que marcar una cierta igualdad de medios esenciales (seguridad social, enseñanza, sanidad, servicios públicos en general): es lo que se llama Democracia social o Estado del bienestar, el último pilar de las Democracias occidentales maduras.

 

      Conflictiva conexión de la política y la economía.

 

  • Libertad de empresa, de mercado y de comercio. Las democracias occidentales parten del reconocimiento del liberalismo como la doctrina económica que mejor se adapta al régimen de libertades que en ellas se preconiza. No obstante, el liberalismo tiene dos serios inconvenientes que hay que superar: 1º) El libre mercado es una falacia; un liberalismo puro lleva, más bien, al oligopolio y la colusión. 2º) El liberalismo sin control parece reñido con la existencia de Estados nacionales y de crisis económicas periódicas, que precisan de mecanismos arancelarios y de inversiones y subsidios públicos.
  • Correcciones posibles. Para superar tales inconvenientes, las democracias se moverán entre dos polos extremos, buscando un equilibrio dinámico: el liberalismo puro (o Neoliberalismo), para superar los nacionalismos y generar mercados globales, y la Social-Democracia, o socialismo moderado, que corrige los excesos del mercado liberal con impuestos progresivos, seguridad social y medidas anti-dumping.

 

      El relativo triunfo de las democracias.

 

      Al largo plazo de todo el siglo XX y los comienzos del XXI, las ideologías democráticas parecen haber ganado la partida a sus antagonistas (pacíficamente o por la fuerza) y se van imponiendo, no sólo en Occidente, sino en los Estados más progresivos de todo el mundo.



 

  1. DICTADURAS DE DERECHAS.

 

      El fascismo.

 

      Se ha generalizado la tendencia a denominar fascismo a cualquier dictadura o forma de violencia política. Eso es demasiado generalizar, como en sentido contrario tal vez sea demasiada concreción la de limitar el fascismo a la dictadura encabezada por Mussolini en Italia entre los años 1922 y 1945. Según eso, ¿qué notas distintivas presenta el fascismo? Destaquemos las siguientes:

 

·         Omnipotencia estatal. El Estado pretende dirigir y controlar toda la vida social, encuadrando a la población en un proyecto totalitario. Naturalmente, esa omnipotencia acaba resultando ficticia y la burocracia ineficaz palía (afortunadamente) el intento.

·         Desigualdad de los seres humanos. El fascismo, tomando lo mejor de la historia de la nación (con más o menos trucos y anacronismos), pretende pasar por encima de los Estados rivales o hacerse con colonias de pueblos inferiores. El fascismo italiano se apoyará en las glorias imperiales de la antigua Roma y tratará de dominar a ciertas pequeñas naciones europeas (Albania, Grecia) y africanas (Libia, Abisinia, Somalia).

·         Culto al Jefe.  La jefatura del gobierno y del partido (gracias a la existencia de un rey, Mussolini se abstuvo de reclamar la jefatura del Estado) se asignan, con carácter definitivo y sin elecciones (o con elección falseada) a una persona, que a su vez encarna la personificación de la nación y las virtudes de la misma. Su voluntad es ley y no se considera responsable sino ante la historia.

·         Partido único y antidemocrático. Curiosamente, los fascismos (a semejanza del comunismo) abominan de los partidos políticos, pero constituyen el suyo como único y en él procuran encuadrar a lo más intelectual y lo más violento de la sociedad. Los jerarcas del partido suelen ser simultáneamente los altos cargos del gobierno y, por supuesto, la jefatura del partido la ostenta, de manera férrea y absoluta, el Jefe.

·         Imperialismo militarista. Los fascismos tienen tendencia a resolver por la violencia y la acción directa los problemas internos, y mediante la provocación y la guerra, los internacionales. En una época demasiado tardía para hacerse con un imperio colonial, tratarán, no obstante, de expansionarse a costa de pueblos atrasados, o de establecer protectorados que nadie les ha solicitado ni concedido.

 

      El nazismo.

 

     El régimen que enseñoreó Alemania entre 1933 y 1945 estaba claramente inspirado en la política fascista, aunque pasada por la mentalidad de Hitler y la situación e idiosincrasia del pueblo alemán. Así, vino a resultar una especie de apoteosis del fascismo en muchos de sus aspectos:

 

  • Racismo y antisemitismo. Donde el fascismo se había conformado con cantar las excelencias y superioridad de la nación italiana, el nazismo construirá toda una teoría racista (la gente aria) y se creará un enemigo visceral (los judíos), a quienes perseguirá y exterminará sistemáticamente.
  • Control absoluto de la información y el pensamiento. Es la exacerbación de la omnipotencia estatal que el fascismo cultivaba, llevada hasta el extremo de indagar en lo más recóndito de las opiniones y utilizar la propaganda como tremenda arma de intoxicación (Goebbels).
  • Apelación sistemática a la guerra. Del imperialismo militarista, se pasa a resolver por medio de la invasión y la guerra cualquier problema internacional. Y así, una cadena de conflictos provocados maliciosamente (Austria, Checoslovaquia, Polonia) acabará llevando al mundo a una guerra total.
  • La Segunda Guerra Mundial. En pocas ocasiones históricas una guerra tuvo una responsabilidad más clara ni una más justa reacción internacional. En esa guerra, terrible y destructora (se calculan no menos de 40 millones de muertos), se enfrentaron las potencias democráticas (Estados Unidos, Inglaterra, Francia) y la URSS con las dictaduras imperialistas (Alemania, Italia, Japón). Este acontecimiento histórico (1939-1945) marcó el giro decisivo del siglo XX y la ruina definitiva de las potencias totalitarias de corte fascista.



      Dictaduras para-fascistas.

 

     En torno a la misma época (años treinta del siglo XX), se produjeron ensayos de trasladar el fascismo a otros países europeos (Portugal, España, etc.); pero, aunque partían de las mismas ideas, su aplicación fue en general menos rigurosa. Su denominador común puede resumirse en: economía dirigida, falta de libertades, culto de la personalidad y proclividad a la violencia.

 

      Una de esas dictaduras para-fascistas fue el franquismo español (1936-1975), surgido de una terrible guerra civil. Como la mayor parte de su historia ya se desarrolló en un mundo muy distinto y hasta hostil a tales regímenes, el franquismo estuvo primero a la defensiva y, posteriormente, alivió mucho la presión de la violencia y la opresión. En cierto modo, acabó caracterizado, más que como una dictadura de tipo fascista, como un régimen militarista con una cabeza dirigente omnímoda y ávida de mantenerse hasta la muerte en el poder.

 

 

  1.  EL COMUNISMO.

 
      Aunque, al tratar de la Revolución soviética, se hayan fijado muchas claves del comunismo, nos parece oportuno acabar esta lección con un apartado que desconecte la ideología comunista de su praxis en Rusia y le dé –como efectivamente lo tuvo- un tono internacional y general.

 

      Claves del comunismo.

 

  • Internacionalismo. Se entiende que la clase obrera está por encima de artificiales fronteras políticas y tiene que unirse para lograr sus objetivos (proletarios de todos los países, uníos). A través de la Internacional Comunista y de las actividades proselitistas de la URSS, el comunismo llegó a ser, efectivamente, una fuerza formidable a nivel mundial, implantada en muy diversos países.
  • Partido único fuertemente jerarquizado. Nos remitimos a lo expuesto en el apartado 1 de esta lección respecto del Partido Comunista de la URSS. Otro tanto puede decirse del resto de aquellos, al menos, hasta la evolución llamada eurocomunismo, que dio a algunos partidos comunistas (empezando por el italiano) un cierto tono democrático y propicio a compartir con otros el espectro político, incluso de la derecha.
  • Economía planificada, con bienes de producción de propiedad común. También de esto se ha tratado antes. Baste añadir que la planificación rígida trajo tales complicaciones, que fue siendo mitigada según el comunismo se asentaba más sólidamente en un país, o este salía del marasmo en que solía estar cuando el comunismo se aposentaba en él.
  • Corporativismo soviético. Aun habiendo sido esta nota bastante discordante entre unos regímenes y otros, el comunismo suele canalizar la escasa participación social que admite, a través de vías diferentes de los partidos: soviets o consejos de fábrica, de barrio, de unidad militar, de comuna, etc. De  aquí, las ideas y los dirigentes más capaces y adaptados al régimen pasarán a integrarse en los órganos propios del sindicato o del partido únicos. 


      Auge y decadencia del comunismo.

 

  • Proliferación mundial. Entre el final de la Segunda Guerra Mundial y la caída de la URSS (hacia 1990), el comunismo se expandió de manera tan vigorosa, que plantó cara a las democracias y estuvo a punto de hacerse con el control de una gran parte de mundo (guerra fría, crisis de los misiles en Cuba, triunfos en el Tercer Mundo). La Europa del Este, China y su entorno, Cuba y parte de América Latina, cayeron –por unas u otras razones- en manos de gobiernos comunistas. Tal expansión hizo difícil a la URSS seguir encabezando sin discusión el mundo comunista (enfrentamientos con China y Yugoslavia), pese a ser indudablemente la segunda potencia mundial.
  • Enorme crisis actual. A nivel político, el comunismo apenas ha podido sobrevivir a su caída en la Unión Soviética. La Europa del Este se ha liberado de su sujeción. China asume posturas claramente evolucionistas. América Latina (salvo Cuba) parece haber superado la veleidad de utilizar el comunismo para salir de sus problemas. Pero ese hundimiento político no debe confundirnos: el comunismo sigue teniendo un enorme valor teórico, como utopía y crítica del capitalismo, y es muy probable que tenga un papel importante que cumplir ante los retos que nuestro mundo ha de afrontar. Pero tratar de ellos será cosa de la lección siguiente.

 

 

 

 

 

LECCIÓN 24.  LA DESCOLONIZACIÓN. RECAPITULACIÓN




      Como se deduce del título, esta lección está dividida en dos partes bien diferenciadas. La primera trata del proceso descolonizador, que cuajó masivamente hacia el año 1960. La segunda pretende ser un resumen de los mayores problemas con los que se enfrenta el hombre actual y las respuestas que, hasta ahora, va encontrando para tratar de solucionarlos.

 

 

  1. CAUSAS Y TIPOS DE DESCOLONIZACIÓN.

 

      Causas de la descolonización.

 

      A mediados del siglo XX, se produce un acelerado y global proceso de descolonización, que da al traste con todos los imperios de esa naturaleza y sitúa en la escena internacional a decenas de nuevos Estados soberanos, cuyo número actualmente se aproxima a los doscientos, según la composición de la ONU. ¿Qué causas provocan tan masivo y trascendental fenómeno histórico? Veamos algunas de las más importantes:

 

  • Debilitamiento político y militar de las potencias coloniales. Las clásicas potencias coloniales (Inglaterra y Francia), tras los desastres de la Segunda Guerra Mundial, pierden mucho poder y necesitan hacer enormes inversiones en su propio suelo. Otros Estados coloniales, como Portugal, apenas tienen relevancia internacional. Es, pues, el momento de reclamar la independencia con el mínimo de resistencia por parte de las metrópolis.
  •  Deseo de autodeterminación en las colonias y en las grandes potencias (Estados Unidos y la URSS). El triunfo en la Guerra de las democracias occidentales potencia los deseos de libertad de sus súbditos coloniales y disminuye la oposición doctrinal de los intelectuales metropolitanos. Pero, tan importante o más que lo que sucede en las colonias y en los países imperiales, es la postura de las dos Grandes Potencias salidas de la Guerra Mundial (EE.UU y la URSS), que son contrarias al sistema colonial, entre otras razones, porque, literalmente, no tienen colonias y esperan influir o dominar en las que se independicen.
  • Expansión demográfica y avances culturales y económicos en el Tercer Mundo. Puede decirse que muchas de las colonias han llegado en esta época a su mayoría de edad y actúan de ejemplo y apoyo para las que aún están inmaduras para su independencia.

 

      Tipos de descolonización.

 

      Podemos distinguir tres tipos de descolonización, que dependen de variables tales, como la postura de la metrópoli, el tipo de colonia de que se trate, la madurez colonial y las interferencias de terceros (en especial, de la URSS).

 

  • Pacífico y gradual. Es el dominante en las colonias antiguas de población. La independencia sobreviene en condiciones económicas y políticas relativamente buenas y se mantienen lazos económicos y políticos profundos con la metrópoli.
  • Acelerado, aunque sin lucha. Permite seguir manteniendo buenas relaciones con la potencia colonial, pero la emancipación llega en un ambiente de falta de medios, de organización y de cuadros dirigentes. Es el prototipo de independencia de las colonias de explotación relativamente recientes (del siglo XIX).
  • Violento o bélico. Se produce, en especial, en las colonias intermedias o de población mixta, en que chocan duramente los nativos y los oriundos de la metrópoli; o también, donde grupos independentistas extremistas practican el terrorismo o tratan de implantar el comunismo. En estos casos, la emancipación se encontrará con economías destrozadas, malos hábitos militaristas y ruptura de todo lazo político o económico con la antigua potencia colonial.

 

 

  1. CONSECUENCIAS DE LA DESCOLONIZACIÓN.

 

  • Para los países metropolitanos. En todos los países de tradición imperial (Inglaterra, Francia, Portugal) se produjeron crisis ideológicas y económicas más o menos importantes, pero se resolvieron a corto o medio plazo sin especiales dificultades. Los mayores problemas y más duraderos provinieron de los inmigrantes retornados (pied-noirs argelinos) o de la necesaria reconversión militar (Revolución de los claveles en Portugal).
  • Para los países colonizados. En general, la descolonización ha provocado en ellos graves crisis político-económicas de muy difícil solución, que han tratado de paliar por medios diversos (asociacionismo entre sí o con la metrópoli; fundamentalismo religioso-nacionalista; dictaduras comunistas o militares; autarquías que se sitúan al margen del resto del mundo…). Tales fórmulas no han solido dar resultados positivos a corto y medio plazo.
  • Para el conjunto del mundo. La falta de cultura, de tradición política y de capital de las excolonias, unida a su expansión demográfica, ha generado una nueva forma de colonialismo o dependencia (el tercermundismo), que no encuentra hasta ahora otra salida que la trágica y conflictiva de la emigración.

 

 

  1. DEL TERCER MUNDO, A LOS PROBLEMAS GLOBALES.

 

      Este apartado pretende ser (como antes dijimos) un resumen de los principales retos y problemas que actualmente afronta la humanidad y una alusión a algunas de las fórmulas empleadas para superarlos. Son tantas las cuestiones a tratar, que se impone una selección, que no todos juzgarán acertada.

 

  • Ecología. Es seguramente el problema capital para la especie humana, aunque algunos nos tilden de catastrofistas por reconocerlo. Se ha constatado la imposibilidad de armonizar un ilimitado desarrollo demográfico y económico con la conservación del medio ambiente y los recursos naturales limitados. Las catástrofes presentes auguran en el futuro otras mucho peores, que resultarán imparables a poco que tarden en adoptarse resoluciones drásticas y obligatorias. Pero los designios de los rectores de los pueblos no parecen ir por ahí y se pierden en la falacia del desarrollo sostenible, sin sacrificios inmediatos, grandes y forzosos.
  • Libertad. Aunque muchos países occidentales gozan –como vimos en la lección 23- de democracias razonablemente liberales, en otros muchos Estados (seguramente, en la mayoría) la falta de soportes ideológicos, de igualdad y de justicia hacen de la libertad un bien escaso, y hasta despreciado, que equivocadamente se entrega a los violentos o a los poderosos, a cambio de una hipotética participación en la riqueza. Se impone un trinomio inseparable, “libertad, justicia, igualdad”, en que no se sacrifiquen unos bienes por otros ya que, a la postre, cada uno de ellos hace  posibles los demás.
  • Orden internacional. Las instituciones encargadas de su tutela siguen siendo poco eficaces e imparciales, lo que propicia delirios de violencia (guerras, terrorismo, genocidio) para solucionar los conflictos, tanto a nivel interior como internacional. Las más recientes generaciones parecen haber olvidado la probabilidad de un holocausto nuclear, pero sigue siendo una posibilidad que no puede, en ningún caso, descartarse (cada vez hay más potencias nucleares).
  • Ricos y pobres. Las desigualdades estructurales y nacionales generan enormes diferencias sociales, que acaban redundando en perjuicio de toda la humanidad. Esa tremenda desigualdad, en efecto, está en la base de lacras tales, como las crisis económicas, las migraciones masivas, los atentados ecológicos y la inseguridad política.
  • Espiritualidad. El mundo actual se vanagloria (muchas veces, de manera inexacta) de haber superado el fanatismo y la credulidad, en especial, los generados por la religión. Sin embargo, la crisis del idealismo y la espiritualidad puede comportar la hipertrofia del materialismo y la pérdida de valores morales de gran trascendencia cultural, social y personal.
  • Individualismo. Existen severas tensiones entre la intimidad y la libertad del hombre, por un lado, y su proyección y convivencia social, por otro. No puede olvidarse que la persona es individuo, pero también ser sociable y, sin alguna de esas dos facetas (o con gran predominio de una cualquiera de ellas), la especie humana no tiene posibilidades de prosperar.

 

 

 

 

 

 

LECCIÓN 25. CIVILIZACIÓN Y ARTE CONTEMPORÁNEOS




  1. UNA CIVILIZACIÓN UNIVERSAL.

 

  • Generalización de la civilización europea. Todo el mundo parece haber asimilado (aunque no la comparta) la civilización europea, entendiendo por tal la que en este continente tiene sus orígenes y fue extendiéndose al resto del planeta mediante el doble proceso de colonización y aculturación. Entre otros sectores en que tal asimilación resulta evidente, tenemos los siguientes: organización política, información, transporte, herencia intelectual y valor de lo tecnológico-industrial.
  • Aportaciones crecientes del mundo no europeo. A partir de la asimilación y generalización de lo europeo, es cada vez mayor la aportación a esta civilización unitaria (que no uniforme) del mundo extra-europeo, así en el ámbito teórico, como en el económico. Particularmente importante (quizás, hoy, dominante) es el influjo de los Estados Unidos, verdaderamente cosmopolita, aunque todavía muy marcado por su origen wasp (blanco, anglosajón y protestante). Poco a poco, Europa va quedando reducida a sus reales y modestas dimensiones.
  • Algunas características de esta civilización global. A) La inquietud por el conocimiento y el sentido de la vida del hombre: positivismo y existencialismo son las dos corrientes más importantes en el mundo contemporáneo. B) Gigantescos descubrimientos científicos, encabezados por los de la Física (Einstein) y la Biología (biomedicina, genética). C) Consiguiente y rápida aplicación de los avances de la ciencia pura a las tecnologías de aplicación práctica: Medicina, Telecomunicaciones, Óptica, Informática, Astronáutica.
  • Una tercera revolución industrial. Se inicia con las aplicaciones electrónicas, a mediados del siglo XX, y pronto se le añaden, en sucesión continua, los avances de las comunicaciones y la informática y la genética (tal vez, habría que aludir a una cuarta y una quinta revoluciones). Las aplicaciones fundamentales de esta revolución industrial las encontramos en los terrenos de la inteligencia artificial y la robótica, la energía atómica, las telecomunicaciones y la tecnología de la información. Los avances técnicos tienen una rapidez creciente y, por ende, también los cambios sociales que los mismos generan.
  •  Estado permanente de crisis de lo ya existente. El cambio social acelerado y constante provoca una crisis o cuestionamiento de lo ya existente o, cuando menos, de las formas de expresarlo. Todo parece estar en crisis. Hay una crisis de la razón (surrealismo, cultura del absurdo, esoterismo); una crisis de las ideas abstractas (cultura de la imagen, incluso virtual); una crisis de la educación (papel de los profesores, indisciplina, currículos individualizados); crisis de autoridad (en la familia y en la política)…

 

 

  1.  NUEVOS CAMINOS DEL ARTE.

 

      Es obligado contemplar con prudencia el arte de nuestro tiempo, debido a la falta de distanciamiento que todavía tenemos. Así pues, daremos una serie de escuetas pinceladas, que puedan considerarse un mini-resumen del arte del siglo XX.

 

  • Aparición de técnicas nuevas y de nuevas artes. Las nuevas tecnologías han determinado la aparición de formas distintas de expresar la creación artística: fotografía, cine, animación, vídeo…
  • Recursos expresivos actuales. Las artes visuales del siglo XX se han distanciado de las formas clásicas de expresar la realidad del artista y comunicarla al público, con la lógica perplejidad de este. Recordemos entre tales recursos la geometricidad, la deformación y la abstracción.
  • Arquitectura. Está muy influida por la aparición y utilización de nuevos materiales y el urbanismo. Las exigencias prácticas propician la arquitectura funcional, en tanto que los problemas medioambientales llevan las construcciones a una especie de naturalismo, para no desentonar del entorno del paisaje.
  • Escultura. También experimenta la recepción de nuevos materiales y se acopla a las nuevas realidades al aire libre (urbanismo, paisaje). En su mayor parte, los escultores practican técnicas expresivas nuevas, como el expresionismo y la abstracción.
  • Pintura. En ella encontramos múltiples movimientos, aún no suficientemente decantados: cubismo, expresionismo, surrealismo, abstracción… Picasso aparece como la síntesis del siglo XX pictórico.
  • Música. Los músicos, clásicos y populares, rompen, total o parcialmente, con los tradicionales valores de melodía, escala musical por octavas, tonalidad y ritmo. Por otra parte, los medios de reproducción y comunicación del sonido convierten la música (no siempre arte) en un fenómeno de masas: pop, rock, etc.
  • El cine. La cinematografía se considera el arte del siglo XX por antonomasia. Nadie puede discutirle, entre otros valores los de síntesis (fotografía, música, representación escénica…), de conciencia y de aglutinante social.