viernes, 22 de junio de 2018

HISTORIAS CURIOSAS DE LA ERA VARGAS (PRIMERA PARTE)



Historias curiosas de la Era Vargas. Primera parte


     La lectura de una reciente biografía de Getúlio Vargas[1] ha provocado mi curiosidad en algunos episodios y anécdotas, que ahora narro, dirigiéndome principalmente a mis lectores no brasileños, para los que aquel gran estadista y Presidente de la República brasileña puede haber quedado casi olvidado. Las expongo en dos relatos, dividido cada uno de ellos en cinco apartados o capítulos. En algunos casos, les he puesto un punto de fantasía, pero siempre dentro del respeto por la verdad esencial.




1.      Las casualidades de la vida


     A lo largo de su dilatada primera etapa al frente de Brasil (1930-1945), Getúlio Vargas sufrió dos aparatosos accidentes de circulación, con graves afectaciones óseas, de los que salió sin secuelas relevantes[2]. Me centraré en el acaecido el 25 de abril de 1933, ocho días antes de las elecciones para elegir diputados a la Asamblea Constituyente; y lo haré, no tanto por lo que supuso para el entonces Jefe del Gobierno Provisional, sino por lo que estuvo a punto de suponer para la vida de su hijo menor, Getulinho[3].

     Imaginemos una anochecida de fuerte tormenta, con lluvia torrencial y gran aparato eléctrico, en la que el vehículo presidencial -un potente Lincoln 164-A de 8 cilindros y siete plazas, con techo convertible de cuero-, avanza con notables precauciones por la carretera de Rio de Janeiro a Petrópolis, sentido de esta última ciudad, a unos sesenta quilómetros por hora. La vía es, por su mero trazado, ya peligrosa, pues ha de salvar un gran desnivel, mediante innumerables curvas, con precipicio a un lado y elevados taludes pétreos al otro. La lluvia torrencial salta sobre la calzada, formando auténticas cascadas, y no son infrecuentes los aludes de tierra y piedras de mediano tamaño.

     En el coche viajan seis personas. En los asientos delanteros, al volante, el experto chófer presidencial, Euclides Fernandes, y el copiloto, Ataide dos Santos. En uno de los dos asientos plegables intermedios, el oficial de Marina, Celso Pestana, nuevo ayudante de órdenes, incorporado al servicio del Presidente del Gobierno antes de la fecha en que le correspondía posesionarse, para cubrir en el día del accidente la licencia del titular. En el amplio y corrido asiento trasero, el matrimonio Vargas, Getúlio y Darcy, así como su hijo pequeño Getulinho, de catorce años de edad[4].

     En el recorrido, el adolescente, tal vez para conversar con el joven ayudante militar, se coloca frente a él, bajando el segundo sitio abatible. Sus padres, que acaban de ser atendidos por el dentista, es probable que no estuvieran de humor para charlar. El propio señor Vargas parece algo escalofriado; protege su cuello con una gruesa bufanda de lana. La verdad es que la humedad y la traicionera neblina que cubre el paisaje conforman una ingrata noche otoñiza.

     En un momento dado, doña Darcy requiere a su hijo para que abandone la compañía del oficial Pestana y pase al asiento posterior, sentándose entre sus padres.

     El vehículo supera el tercer viaducto de la carretera y alcanza el punto quilométrico 53. En ese momento se produce un estruendoso impacto contra el Lincoln, que lo desplaza sin control por la carretera, hasta que el habilidoso chófer logra hacerse con él, frenarlo y estacionarlo en la margen interior de la calzada. Seguidamente, con cierta dificultad, conductor y copiloto salen del vehículo y se disponen a averiguar lo sucedido y, en su caso, a prestar ayuda a los pasajeros. El espectáculo que se ofrece a sus ojos en el interior del habitáculo es pavoroso.



     Una piedra de más de ochenta quilos de peso, ha entrado por el techo abatible del coche, haciendo en él un gran rasgón en forma de rombo, y ha ido a impactar directamente contra la cabeza del teniente Pestana, la cual ha quedado destrozada, diseminando restos de sangre y masa encefálica en su entorno, incluso sobre el Jefe del Gobierno y su esposa. El asiento abatible del oficial y su cuerpo han caído hacia atrás, sobre Getúlio Vargas, fracturándole una pierna. El pedrusco, siguiendo su camino, se ha deslizado por cima del desocupado asiento de transportín, yendo a impactar contra las piernas de doña Darcy, ocasionándole una fractura abierta, por la que sangra copiosamente. ¿Y Getulinho? Se encuentra ileso, aunque en el estado de shock psíquico que es de suponer.

     Después de algunos titubeos sobre adónde dirigirse -habida cuenta que el vehículo parece funcionar correctamente- Vargas ordena seguir viaje a Petrópolis, ya que es más rápido que retornar a Rio, y la hemorragia de su esposa amenaza desangramiento. El Presidente y su mujer quedarán muy pronto ingresados en la Casa de Salud São José de la ciudad petropolitana. El mayor cuidado es por la lesionada, que ve cómo las heridas se le infectan y está a punto de gangrenarse la pierna. Todo será felizmente superado y la pareja accidentada retornará a Rio al cabo de un mes, aproximadamente, para seguir la recuperación en su residencia.

     Ante las sospechas de un atentado, se llevará a cabo una estricta pesquisa, coordinada por el Jefe de Policía de Rio de Janeiro, Filinto Müller. A su conclusión, fue descartada una posible acción criminal, ya que el contorno de la piedra desprendida se correspondía exactamente con las aledañas, situadas unos cuarenta metros por encima de la carretera. No había huellas de apalancamiento ni explosivos y, dadas las circunstancias de la hora y la climatología, era impensable que algún criminal hubiese subido hasta allí y precisado tan exactamente el paso del vehículo de Vargas…, aunque lo obvio era que la roca no le había acertado a él por apenas un metro o, lo que es lo mismo, una fracción de segundo.

     Cualquiera que ahora lea este suceso, sin otros aditamentos, se inclinará a pensar lo adversa que fue la fortuna con el teniente Pestana, que estaba allí sin haberse cumplido aún el día de su incorporación, solo por ayudar a un compañero ausente; y qué favorables los hados para el muchacho, gracias a la subconsciente prudencia de una madre previsora. Otra cosa, empero, se opinará, al conocer que Getulinho murió a los 24 años[5], víctima de la poliomielitis, después de unos últimos meses muy duros por la desesperanza y la inmovilidad.



2.      Amores presidenciales


     La publicación del Diário de Getúlio Vargas[6] ha sido decisiva para su biografía política, pero sobre todo para los aspectos humanos de la misma, como pueden ser los amorosos. En particular, ha confirmado y ofrecido muy interesantes detalles, fácticos y sentimentales, de la relación de Vargas con quien parece haber sido su gran amor extramatrimonial: Aimée Soto-Maior de Sá (1909[7]-2006). Procuraré en este capítulo ofrecer un resumen, siquiera pálido, de algunos aspectos relevantes de dicha relación, así como de los personajes principales y secundarios que formaron su quinteto sustancial.

     El primer punto al que quiero aludir es el de la duración de dichas relaciones, entendidas como de amantes. El diario de Getúlio recoge alusiones a Aimée desde el año 1931[8], pero las mismas no parecen concluyentes para afirmar intimidad, hasta 1936. Ello tiene importancia desde diversos puntos de vista: duración de la relación; edad y estado civil de Aimée a su comienzo[9]; posición del primer marido de Aimée cerca de Getúlio, etc. Pues bien, si nos atenemos exclusivamente a las alusiones claras en el diario de Vargas, la intimidad entre este y Aimée duró escasamente dos años, entre 1936 y 1938. El término inicial permanece, en todo caso, confuso; el final es claro, dado que Aimée decidió ausentarse definitivamente de Brasil en el año últimamente citado y, que se sepa, nunca más volvió a encontrarse con Getúlio.

     A tenor del número de alusiones a Aimée existentes en el diario[10], así como del contenido de las mismas, podemos tener una vívida impresión de la evolución de la relación y de sus circunstancias de espacio, tiempo y efectos en Getúlio. Desde luego, extraemos -como cualquier lector- el convencimiento de que la joven, bella, culta y atractiva Aimée produjo en el veterano político -veintitantos años mayor que ella y escasamente apasionado a la sazón por su esposa Darcy[11]- un deslumbramiento y una pasión muy intensos y duraderos. Es claro que Vargas no era un dechado de fidelidad física matrimonial pero, en mi opinión, tampoco se trataba del individuo mujeriego y promiscuo que a veces se nos ha querido presentar.

     Sentimientos aparte, ha interesado a sus biógrafos enlazar su relación con Aimée a las posibles consecuencias que aquella pudiera haber tenido en la política de Getúlio, máxime constatando que los años que la misma duró coinciden básicamente con la preparación, golpe de estado y primeras consecuencias de la implantación del Estado Novo, así como del contragolpe integralista. Esquematizando la valoración más prudente, puede indicarse lo que sigue: A) No parece que Aimée usara de su privilegiada posición para influir en su amante, ni en las decisiones políticas, ni para favorecer a ciertas personas. En todo caso, si en alguna ocasión lo pretendió, no consta que lo consiguiera. B) Es clara la influencia energética o euforizante de la relación, en lo tocante a animar y potenciar las aptitudes de Getúlio -incluido el mayor cuidado de su apariencia, mediante el ejercicio deportivo-, así como la incidencia contraria cuando, por razones personales y familiares, Aimée cortó con bastante brusquedad con el Presidente y marchó definitivamente al extranjero. A todo ello alude Lira Neto, como una somatización de los avatares psíquicos y sentimentales de la relación[12].

***


     Junto a Getúlio, Aimée aparece como actriz principal de este drama. Para mí, la pregunta más atrayente de contestar, entre las suscitadas por los estudiosos, es la siguiente: ¿Amó ella verdaderamente a su amante? Está claro que, con los datos de que disponemos, la respuesta habrá de ser básicamente una simple opinión. Por eso, no puedo reputar prudente la tajante postura del biógrafo de Vargas, José Carlos Mello[13], al sostener que Aimée no amó a Getúlio, pero sí que hirió el corazón de este. Para explicar la situación, desde el punto de vista de la mujer, Mello acude a un expediente tan manido, como aleatorio: la pura fascinación que en su juventud le produjo el ser amante de la máxima autoridad del País. Y completa el retrato con unas pinceladas de frivolidad, extraídas del ciclo vital de Aimée y, en mi opinión, sin valor probatorio, aún en el caso de ser ciertas: Que ella no se quería casar, ni tener hijos; que pretendía una vida libre no compatible con la sociedad de la época…

     Una visión más romántica, y más realista, implica el siguiente razonamiento: Siendo Aimée una mujer casada, admirada y de vida social muy intensa, no necesitaba de la relación íntima y duradera con Vargas para alcanzar fama o influencias, lo que, por otra parte, ella evitaba o no tenía interés en alcanzar. Tampoco puede olvidarse que Aimée no se entregó plenamente a Vargas, al parecer, hasta varios años después de conocerlo y tratarlo[14]. En tercer lugar, es casi una perogrullada afirmar que en el interés de Aimée por Getúlio fue relevante -si no decisivo- el papel y la personalidad de este como primera autoridad de Brasil; pero eso no significa que los sentimientos se quedaran en la mera admiración por la carrera política del amante. A mayores, la duración de la relación y las circunstancias que sobre la promiscuidad ofrece el Diário[15] parecen indicativas de una profundidad de afecto por ambas partes. Finalmente, la ruptura de la relación pareció responder a motivos ajenos al interés de Aimée por Getúlio sino, más bien, a la notoriedad pública que el romance estaba alcanzando y a la tensión producida en la vida matrimonial de ambos, a la que luego me referiré.

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     Pasando a los personajes secundarios del quinteto, podemos comenzar por doña Darcy, la esposa de Getúlio, mujer cuarentona en la época, y que por aquellas fechas cumplía las bodas de plata matrimoniales con el prócer. De tal relación había cinco hijos, nacidos entre 1912 y 1918.

     La esposa de Vargas muy probablemente era conocedora de las relaciones de este con otras mujeres, que menudearon antes y después de conocer a Aimée[16]. La brevedad de tales contactos y su procurada reserva parecen haber sido suficientes para que Darcy los tolerara sin grandes estridencias, aunque el diario de Getúlio parece reflejar discusiones y quejas frecuentes de su esposa, relacionadas con los celos hacia otras mujeres.

     Como es natural, la irrupción de Aimée en el horizonte sentimental de Vargas y, sobre todo, la persistencia de su relación cambiaron radicalmente la relativa condescendencia de Darcy hacia las infidelidades de su marido. En particular, hubo de molestarla el hecho de que se tratase de una mujer joven, muy conocida en los ambientes sociales de Rio y que fuera la esposa de un íntimo colaborador de Getúlio, como después veremos. Y, por lo menos, en un principio se guardaron las formas, buscando la pareja que sus encuentros adúlteros se produjesen en algún apartamento más o menos recatado[17]. Pero, con el tiempo, el atrevimiento de Getúlio -y la aceptación del mismo por Aimée- fueron creciendo, menudeando las apariciones de la pareja en público, la inclusión de la amante en reuniones y actividades deportivas -equitación, golf- y -lo que ya hizo desbordar el vaso- la inclusión de la señora de Simões Lopes en unas vacaciones familiares de Getúlio durante el año 1938, en el balneario de São Lourenço (Minas Gerais), donde las ausencias de los dos fueron constantes y llamativas, alcanzando la temeridad de mantener relaciones sexuales en un bosquecillo próximo.

     El efecto de aquel desprecio por cubrir las apariencias matrimoniales fue que Darcy se marchara incontinente de la estación termal y el recrudecimiento de las escenas de celos. Parece datar de dicho momento la conocida decisión de pasar Getúlio y ella a ocupar habitaciones separadas en el palacio presidencial de Guanabara, sin que volviesen a tener -que se sepa- relaciones sexuales entre ellos. A partir de entonces, con conocida hipérbole, el matrimonio pasó a no tener otras actividades privadas en común que las partidas de cartas y de ping-pong.

     Todo ello, consecuentemente magnificado por rumores y publicidad, está en la base de la decisión de Aimée de alejarse de Brasil, extrañamiento que sería definitivo. Pero hubo también consecuencias en su matrimonio con Luís Simões Lopes, otro de los secundarios en el quinteto de personajes que venimos presentando.

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     Como Getúlio y Darcy, Lopes, Luís era natural del Estado de Rio Grande do Sul. Nacido en 1903, tenía unos cinco años más que Aimée Soto-Maior[18]. Desde 1930, era oficial de gabinete, al servicio de Getúlio, a la sazón Jefe del Gobierno Provisional de Brasil. Por tanto, ya tenía cargo cerca de Vargas cuando ennovió, en 1931, con Aimée, casándose ambos el 7 de junio de 1932. Se sostiene que, durante algún tiempo, la pareja estuvo viviendo en el palacio de Guanabara, residencia también de la familia del Presidente. En cualquier caso, es muy probable que fuese Lopes el eslabón que enlazó el conocimiento y prístina amistad entre Aimée y Getúlio, germen, a su vez, de su ulterior relación de amantes.

     Posteriormente, la carrera política de Lopes fue polarizada hacia la organización y reforma del funcionariado brasileño, a través de los cargos sucesivos de Director del Consejo Federal del Servicio Público Civil (1937) y de la Presidencia del importante DASP (Departamento Administrativo de Servicio Público); esto último, en agosto de 1938, coincidiendo aproximadamente con la ruptura de Aimée con Getúlio. Permaneció en ese puesto hasta octubre de 1945, momento de la salida del poder de Vargas por el golpe de estado de dichos mes y año. Años después, en el segundo periodo presidencial de Vargas (1951-1954), ocuparía nuevos cargos políticos, que no es del caso reseñar. Sí me parece significativo que, entre 1944 y 1992, Lopes fuera Presidente de la Fundación Getúlio Vargas, que en un principio tuvo el objetivo principal de promover la formación de personal cualificado para la Administración pública y privada. El cese en esa dilatadísima dedicación fue casi sincrónico del fallecimiento de Lopes, en junio de 1993.

     No se conoce con precisión el momento en que Luís Simões Lopes fue consciente y estuvo seguro del affaire de su mujer con Vargas. Sí parece lógico que fuese bastante antes del 17 de marzo de 1938, en que aquel dirigió a este una extensa carta, compungido y derrotado, en la que le manifestaba que, en vista de la infidelidad de su mujer, había decidido separarse de ella y, por el momento, alejarse de la vida política, para la que no tenía ánimos, emprendiendo en consecuencia un viaje al extranjero, que esperaba lo restableciese. Dicho viaje fue a Italia y duró unos seis meses, pasados los cuales se reincorporó sin óbice a sus ocupaciones precedentes[19].

     Dos cuestiones, por lo menos, suscita la citada carta de Lopes a Vargas. La primera es si hasta su redacción y envío no había sabido el marido engañado de la relación de su mujer con el Presidente. Desde luego, yo respondo que no, casi con seguridad. Creo que, por razones fácilmente comprensibles, Lopes consintió -como lo hizo doña Darcy-, hasta que la relación alcanzó niveles incontenibles de duración y de escándalo[20] , que lo movieron a separarse de su esposa y, posteriormente, al divorcio y la contracción por ambos de nuevos matrimonios.

     La segunda cuestión es la de si Lopes ignoraba la identidad del amante de su mujer, aunque conociese la infidelidad de esta. La pregunta parece ridícula, pero se ha formulado por algunos, con base en que la carta de marzo de 1938, aunque dirigida a Vargas, no lo acusa de ser el amante de su mujer. Podría sostenerse que se trata de una simple misiva de explicación de los motivos para la temporal resignación de las tareas políticas, que a Lopes había asignado el Presidente. Si no hubiera otras razones para rechazar tal tesis, bastaría con referirse a la longitud -cuatro páginas- y al tono de compunción por la infidelidad, para comprender que no es la petición de licencia -cuya concesión, por otra parte, el remitente da por hecha- el objetivo único de la carta.

     En suma, de manera respetuosa y astuta -no derribando los puentes de la amistad-, Lopes echa en cara al Presidente su liviandad, pero sin romper los vínculos de amistad, ni cerrarse su vida política futura. Todo ello podría ser muestra de una actitud práctica un tanto repugnante. Yo lo juzgo, más bien, una muestra de que Lopes apreciaba y admiraba a Vargas, incluso después del adulterio con Aimée, y apuntaba a una futura reordenación del problema, en términos de ruptura de la mujer con los dos hombres, pero no de estos entre sí. El tiempo acabaría por darle muy pronto la razón, como ya hemos visto.

***

     El quinto personaje de este enredo es el alcahuete, siquiera lo fuese de cierta categoría. El ingeniero Iedo Fiúza[21], como buen conocedor de Petrópolis y, en general, de los ambientes fluminenses, se dice que ya había servido de suministrador para Getúlio de algunos de esos amores mercenarios que de vez en cuando solicitaba. Como es natural, no fue así en el caso de Aimée, a quien el Presidente conocía sobradamente por otros medios. Ahora, la cooperación de Fiúza fue meramente logística: buscar lugar o apartamento para que los amantes tuviesen sus encuentros de manera discreta y rápida, aprovechando huecos en la agenda presidencial durante la tarde o a primera hora de la noche. A mayores, desconfiando de la discreción de los chóferes oficiales, Fiúza sirvió de conductor a Getúlio, rumbo a su nido de amor. Entre paréntesis, digamos que, más adelante, el Presidente no fue tan cauto y empezó a emplear a sus chóferes habituales para tales menesteres; tal vez, no tenía ya tanto interés en que sus devaneos fuesen desconocidos para sus íntimos.

     La solicitud de Fiúza llega a resultar cómica, cuando se conoce la disculpa que Getúlio solía poner para escaparse: visitar las obras de alguna carretera o autopista cercana a Rio. Lo divertido es que su cooperador era, desde 1934, el Director General del Departamento Nacional de Autovías (DNER). Nada más lógico, según eso, que hacerse conducir y acompañar por el máximo responsable de tal departamento.

     Dada la evolución histórica de la carrera política del señor Fiúza, no parece que influyeran en la misma los servicios que acabo de indicar, aunque tampoco puede decirse que Vargas lo abandonara en ningún momento, pues se mantuvo activo en puestos técnico-administrativos de cierta relevancia hasta el suicidio de Getúlio, en 1954.



3.      ¡A mí la familia!



     Los varios episodios del llamado levantamiento integralista de 1938[22] llegaron a su culmen dramático en el fallido asalto al palacio de Guanabara de Rio -a la sazón, residencia presidencial-, en la madrugada del día 11 de mayo de 1938. El objetivo de la acción era, evidentemente, neutralizar a Getúlio, mediante su secuestro y destitución, acompañados de su muerte, para el caso de encontrar por su parte cierta resistencia[23]. Como resumen, puede decirse que el fracaso del golpe se debió principalmente a las vacilaciones y errores de los asaltantes. En segundo lugar, resultó decisiva la acción de los familiares de Vargas que, por esta vez, cumplieron en general con las atribuciones y la confianza que el Presidente, como típico dictador y riograndense, solía poner en su familia más próxima.

     Si mediocre y confusa fue la preparación del asalto por los golpistas, no le fueron en zaga la lentitud e indolencia de los militares y policías que debían oponerse a aquellos; hasta el punto de que Getúlio y su familia siempre tuvieron la sospecha de connivencias entre unos y otros. El Presidente, tan circunspecto como casi siempre, no adoptó medidas drásticas y directas, como algunos íntimos le aconsejaban, pero dejó huella de sus suspicacias en decisiones suyas que, a la postre, resultarían muy importantes, si no decisivas. Este puede ser el caso de la inmediata creación de una Guardia presidencial especializada, al mando de personas adictas de su total confianza, pero que tan mal resultado darían en términos de corrupción y de crímenes políticos. También es el caso de la gratitud y respeto que Getúlio mantuvo siempre por el entonces Ministro de la Guerra, general Eurico Gaspar Dutra, cuyas aspiraciones presidenciales apoyaría en las elecciones generales de 1945 que Dutra, efectivamente, ganó.

     Dos personas -una de cada parte- se distinguieron aquella noche, entre el desacierto general. Por parte de los integralistas, destacó el teniente Barbosa[24], al mando de los fusileros navales que custodiaban el palacio, quien tuvo la feliz idea de limitar la capacidad defensiva de sus subordinados, ordenando que se les entregase un solo peine de balas por cabeza, además de dejar abierto un portón secundario de acceso al edificio. Y, entre los que apoyaron a Vargas, insistimos en el valor y la eficacia del general Dutra[25] quien, tan pronto tuvo aviso telefónico de lo que estaba sucediendo, se presentó en el cuartel más próximo a su casa, ordenó el transporte de la tropa que pudo recabar de modo inmediato -alrededor de una docena de hombres- y se presentó en el palacio cercado por los asaltantes, dando la voz de  ¡paso! al Ministro de la Guerra, recibiendo una rociada de balas -una de las cuales le rozó una oreja-, pero haciendo decaer los ánimos de los golpistas, frente a los cuales los soldados de Dutra resultaron un refuerzo muy importante. 

     Pero el objetivo de este relato -como se deduce de su rúbrica- es resaltar el papel de los miembros de la familia de Getúlio en el asalto al palacio de Guanabara. Comenzaré aludiendo a quienes poco o nada pudieron hacer. Este fue el caso de la mujer del Presidente, doña Darcy, que permaneció refugiada en una habitación interior del palacio, en unión de su hija menor, Jandira[26], quien en un primer momento estuvo a punto de sufrir algún grave percance, cuando dio la luz y abrió la ventana de su cuarto, para ver qué ruidos eran aquellos, que se estaban produciendo en el exterior. Tampoco pudo intervenir de modo significativo el hijo mayor del Presidente, Lutero[27], que había salido de la residencia presidencial antes de iniciarse el ataque, por lo que no pudo reintegrarse a ella hasta pasadas las cinco de la madrugada, en unión del coronel y recién nombrado Interventor de Rio Grande do Sul, Oswaldo Cordeiro de Farias.

     También se encontraba fuera de palacio el expeditivo hermano menor de Getúlio, Benjamim -conocido por Bejo-, quien cenaba fuera, en unión de un buen amigo, llamado Júlio Santiago, y de otros conocidos. Con todo, al ser informado de lo que sucedía, los comensales montaron en un vehículo e hicieron entrada veloz y a tiros en los jardines del edificio, pasando seguidamente a formar parte del grupo reducido de quienes trataban de defender al Presidente, exhortando así mismo a su sobrina Alzira para que reiterara telefónicamente las peticiones de auxilio a las fuerzas armadas de la ciudad.

     Como tantas otras veces, cumplió a Alzira Vargas[28] la labor más relevante, dentro del elenco familiar[29]. En primer lugar, se percató inmediatamente de lo que estaba sucediendo, avisando a su padre y llevando a su hermana Jandira junto a su madre, a una habitación más segura. En segundo lugar, en unión de su hermano Maneco[30], tomó su revólver -ambos eran expertos en su manejo, pues se ejercitaban en el tiro- y se aprestó a defender a su padre, con riesgo de su propia vida. Pero lo decisivo fue el esfuerzo insistente por encontrar un teléfono operativo, a fin de pedir ayuda. Los asaltantes y sus cómplices en el interior del palacio habían cortado las líneas ordinarias pero, por fortuna, pocas semanas antes el Presidente había ordenado instalar una línea privada con algunos de los centros oficiales de más relevancia defensiva. Así, arrastrándose hasta el aparato pertinente, Alzira pudo avisar a policías y militares, si bien -como ya he dicho-, la llamada fue atendida con tal retraso que, salvo en el caso de Dutra, fue para pensar que los comunicantes no tenían mucho interés en prestar ayuda.

     La joven Alzira no terminaría la noche sin una lesión: la que se hizo en la barbilla, al retirarse bruscamente de una ventana; herida leve que, no obstante, le dejaría una cicatriz permanente -poco apreciable- en el rostro.

     Las referencias a la familia Vargas hemos de terminarlas con la alusión al propio Getúlio. Desde el momento en que se percató del asalto, en pijama y provisto de su luego tristemente famoso revólver de culata de nácar, se puso al frente de la situación, aunque de manera poco vistosa, pues se le aconsejó no salir de sus habitaciones privadas y, por supuesto, mantenerse a buen resguardo de las ventanas. No en vano, al acercarse imprudentemente a una de ellas, un proyectil había entrado en el interior, hasta impactar en el lomo de uno de sus libros de consulta[31]. Las apariencias podían indicar que el Presidente, invariablemente en pijama durante toda la noche, se sentía desbordado por los acontecimientos, pero la realidad era muy otra, al menos, según fueron disminuyendo las opciones de que el golpe triunfara. Luego, se retiró a descansar un buen rato y, en esa misma mañana, sorprendió a todos al caminar paseando entre los palacios de Guanabara y Catete, separados por casi un quilómetro, sin otra compañía que la de un ayudante militar. Y, tras despachar brevemente en Catete, una anotación en su diario nos explica que: Fui a ver a la Bien-Amada[32]. Fui solo, acompañado por un amigo, como de costumbre. Las emociones sufridas y reprimidas precisaban de una descarga sentimental.

***

    La jornada del asalto terminó con un número no bien determinado de muertos por arma de fuego[33]. El número mínimo[34] parece haber sido de nueve atacantes integralistas[35] y siete defensores, fusileros de marina[36]. Desgraciadamente, varios de los primeros no fallecieron en combate, sino estando detenidos en los jardines del palacio de Guanabara, al terminar el enfrentamiento. La criminal idea y su ejecución fueron obra de Eusebio de Queiroz Filho, teniente comandante de la Policía Especial, de Bejo Vargas y del amigo de este, Júlio Santiago. El hecho no fue investigado ni sancionado, a reserva de su posterior aclaración parcial, y del juicio de la Historia[37].



4.      Bejo Vargas y Edda Mussolini

    
     No era Vargas el único dictador que otorgaba funciones políticas a miembros de su familia. El Jefe del Gobierno italiano, Benito Mussolini, también tenía asignado un papel representativo importante a su hija mayor y preferida, Edda Mussolini[38], esposa del Ministro de Asuntos Exteriores, conde Galeazzo Ciano. Sus significadas dotes de carácter, presencia y don de gentes la convirtieron en asidua embajadora del régimen fascista italiano en numerosos eventos concretos y viajes de cortesía, hasta el punto de haber sido llamada la Dama del Eje[39]. No es extraño, por tanto, que en un momento tan relevante para las alianzas y cooperaciones internacionales, como mayo de 1939, doña Edda viajase a Brasil, en términos de amistad y buena voluntad, para una estancia de dos semanas, nada menos[40]. Parece que, con tanto tiempo utilizable, la señora de Ciano tenía que encontrar momentos para la diversión y el flirt, a los que la joven era muy aficionada. Aún a riesgo de incurrir en alguna exageración, suele afirmarse que Edda Mussolini había llegado con su esposo a un acuerdo de libertad de relaciones, manteniendo el mutuo afecto y las apariencias; un acuerdo, no siempre llevado de buen grado por la esposa, pero que acabó desembocando en una larga lista de amantes por ambas partes, en la que bien podría decirse que ni son todos los que están, ni están todos los que son[41].



     Es más que probable que Benjamim Vargas estuviese al tanto de la forma de comportarse de la distinguida huésped italiana, por otra parte tan joven, atractiva y extrovertida, como solían ser las mujeres que gustaban al mujeriego Bejo. Lo cierto es que el hermano menor de Vargas acabó convirtiéndose en el asiduo acompañante de Edda en las fiestas y saraos de la noche carioca, sin ningún tipo de ocultación o rebozo, del brazo los dos, por restaurantes, casinos y salas de fiestas. Que se sepa, el culmen de tales escapadas se produjo de madrugada, cuando la pareja tomó un baño de mar en la playa de Copacabana, tal y como habían venido al mundo[42]. El episodio fue reconocido por Bejo, cuando su hermano, el Presidente, le preguntó por él[43]; lo que permite suponer que Getúlio estuvo al margen de las poco diplomáticas iniciativas de su hermano, quien es bien sabido que, aunque fiel a aquel, no necesitaba de su venia para obrar como bien le parecía.



5.      Getúlio, académico de las Letras


     Aunque fundada nada menos que 258 años después que su homóloga francesa, la Academia Brasileira de Letras tiene numerosos puntos en común con la Académie française[44]. Por ejemplo, el número de sus miembros: cuarenta; o el lema -À l’inmortalité, para la francesa; Ad inmortalitatem, en el caso de la brasileña-, que ha dado lugar a la broma de denominar inmortales a quienes entran a formar parte de tan solemnes y relevantes instituciones. Pero hay un punto más de relación entre las dos Academias, que es el que más importancia tiene para este relato: la sede de la Academia brasileña en Rio de Janeiro es un edificio réplica del Petit Trianon de Versalles, levantado por el Gobierno francés como pabellón de su país para la Exposición Internacional conmemorativa del centenario de la independencia del Brasil[45]. Al concluir el evento, la edificación fue donada por los franceses a la Academia brasileña; pero existía un no pequeño contratiempo: el terreno sobre el que el edificio fue erigido era de la propiedad del Estado brasileño. Durante unos quince años, fueron vanos los esfuerzos de los académicos por conseguir que el Gobierno brasileño les transfiriera ese dominio, a ser posible, de forma gratuita. No ayudó en el empeño la complicada política brasileña de la época, ni tampoco el hecho de que los presidentes de la Academia se renovaran entonces de manera anual, salvo algunas excepciones[46].

     La consolidación del Estado Novo, con Vargas a la cabeza como Presidente dictador, brindó la oportunidad de conseguir la donación anhelada, para lo cual la Academia actuó con diligente astucia. Primero, se hizo notar del ocupadísimo Getúlio, invitándolo a visitar la espléndida biblioteca, en lo que, en realidad suponía -y así lo reflejó Vargas en su diario- una especie de recibimiento académico, mitad político, mitad como famoso hombre de letras, en su calidad de orador y escritor[47]. Luego, a lo largo del año 1940, y con la oportuna intermediación del académico y condiscípulo de Getúlio, João Neves da Fontoura[48], se fue gestando una especie de acuerdo do ut des, por virtud del cual, la Academia obtendría el deseado dominio pleno del predio de la sede, y el Presidente Vargas sería recibido como miembro de número de la institución. Muchos han denostado la oferta, con base en que Getúlio carecía de méritos literarios o lingüísticos, pero no era la primera vez que llegaban a académicos personas con otros méritos muy distintos, como el aviador -en el más amplio sentido- Santos Dumont, o el médico y epidemiólogo, Osvaldo Cruz[49]. El problema, en el caso de Getúlio, no era tanto la falta de obra literaria, o lo que pudieran pensar -decir o escribir, a la sazón, no era fácil- los puristas de la relación de la política con el arte: La cuestión era que saliese elegido académico sin contradicción, brillantemente.



     Para empezar, y como obra literaria relevante a citar, se escogió la única posible: los discursos de Getúlio, reunidos en los volúmenes intitulados A nova política do Brasil[50]. Seguidamente, diez académicos presentaron la candidatura de Vargas para el sillón 37, vacante por fallecimiento de su anterior titular. No se presentó ningún otro candidato acepto como tal por la Academia. Finalmente, el 8 de mayo de 1942, Getúlio fue elegido por 36 votos a favor y una abstención. Tres académicos no comparecieron a votar.

     Los pasos siguientes fueron la donación por decreto del terreno del Petit Trianon a la Academia y la toma de posesión de Vargas, mediante el solemne discurso de posesión académica[51], que se hizo esperar hasta el 29 de diciembre de 1943, habiéndose rebasado con creces el plazo habitual de seis meses, reglamentado para leer tal discurso, a contar desde la elección del académico. Fue, en verdad, un acto brillante, pero uno de los últimos eventos sonados del culto a la persona y los valores que encarnaba el Estado Novo. Es posible que Vargas, aún enfardado en el más llamativo y solemne de los atuendos de que jamás se revestiría, fuese consciente de su ocaso.




    



[1] Lira Neto, Getúlio (1930-1945) Do governo provisório à ditadura do Estado Novo, edit. Companhia das Letras, São Paulo, 2016. Procuro respetar la ortografía original para las palabras en portugués, empezando por la acentuación del nombre propio, Getúlio.
[2]  El segundo de ellos -del que no trato en esta historia- se produjo en Rio de Janeiro, el 1 de mayo de 1942, y tuvo como causa el no respetar la señal semafórica uno de los dos vehículos implicados.
[3]  Apelativo cariñoso de Getúlio Vargas Filho (1918-1943), hijo pequeño de Getúlio Dornelles Vargas y de su esposa, Darcy Sarmanho Vargas.
[4] No había cumplido aún los quince -nació el 24 de agosto de 1918-, como parece dar a entender Lira Neto, Getúlio (1930-1945), citado, página 131, como otros autores que lo consideran nacido en 1917.
[5] Lira Neto, Getúlio (1930-1945), citado en nota 1, página 427, afirma que Getulinho falleció de 23 años, pero eso es incompatible con haber nacido el 24 de agosto de 1918. La fecha del óbito fue el 2 de febrero de 1943.
[6] Conocida su existencia desde antiguo, fue preciso esperar el fallecimiento de su depositaria, Alzira Vargas -hija mayor de Getúlio-, para que la nieta del diarista e hija única de la anterior, Celina Vargas do Amaral Peixoto, autorizase la publicación, que se hizo en 1995, simultáneamente, en dos líneas editoriales. Ver Getúlio Vargas, Diário (1930-1942), dos volúmenes, edit. Siciliano, São Paulo, 1995, y ediciones de la Fundação Getúlio Vargas, Rio de Janeiro, 1995.
[7] He aquí un punto de sustancial divergencia con los datos que suelen ofrecer las fuentes, en los que de manera bastante uniforme se dice que Aimée nació en 1903 y, por tanto, falleció centenaria, aunque con apariencia mucho más joven. Yo, en principio, acepto el año de nacimiento que ofrece la página web de la Família Simões Lopes, dedicada específicamente a su genealogía, en la que Aimée Soto-Maior figura como nacida el 3 de agosto de 1909 (véase entrada correspondiente al 23 de junio de 2011). Según eso, la señora habría fallecido con 97 años, el 14 de septiembre de 2006. Su primer apellido tiene grafía ambigua: Soto-Maior, Sotto-Mayor, Soutomaior, etc.
[8] Recuérdese que Getúlio no empezó a llevar dicho diario hasta octubre del año 1930.
[9] En cuanto a la edad, ha habido cierta avidez de los comentaristas por presentar a la mujer como una chica muy joven, cosa relativa pues, aún en el caso de haber sido amante de Getúlio desde 1931, ya habría cumplido los 22 años. Lo que sí es cierto es que el político le llevaba más de veinticinco años. Y, en cuanto al estado civil, debe recordarse que Aimée contrajo matrimonio con Luís Simões Lopes en junio de 1932, siendo soltera hasta entonces.
[10] Referencias que no siempre son de identidad explícita, por lo que el número de las mismas se ha calculado, según autores, entre veinte y más de cuarenta. Una cuenta generosa para el trienio 1936-1938, se iniciaría con una alusión de abril de 1936, inequívoca de relaciones sexuales, y continuaría con diecisiete a lo largo de 1937 (dos en abril, una en mayo, tres en julio, dos en agosto, una en septiembre, dos en octubre, cuatro en noviembre y dos en diciembre), veinticinco durante 1938 (cinco en marzo, trece en abril, cuatro en mayo, dos en junio y una en diciembre) y dos -puramente evocadoras- en 1939 (en marzo y en diciembre). Aunque no todas las entradas aluden a encuentros sexuales, sí la mayoría, por lo que las cifras pueden considerarse indicativas de la frecuencia de dichos encuentros. Por supuesto, habrán existido episodios galantes que no hayan tenido reflejo en el diario.
[11] Debemos recordar que Darcy (1895-1968) era trece años más joven que Getúlio (1882-1954).
[12] Véase Lira Neto, Getúlio (1930-1945), citado en nota 1, pp. 276-278, 309, 339-342, 344, 349, etc.
[13] Ver José Carlos Mello, Os tempos de Getúlio Vargas, edit. Topbooks, Rio de Janeiro, 2011.
[14] Con las salvedades expresadas antes, mantengo como más probable la siguiente secuencia cronológica: se conocieron en 1931; pudieron tener las primeras relaciones sexuales hacia 1934; nos consta que la relación ya era sexual -según el diario de Vargas- en la primavera de 1936.
[15] Por ejemplo, relaciones sexuales al aire libre, a escondidas; existencia de un ninho de amor -o varios-, a los solos efectos de celebrar los encuentros de Rio en ambiente íntimo y seguro.

[16] Generalmente episódicas y con periodos de abstinencia, como el del trienio ligado a la preparación, desarrollo y consolidación de la Revolución de 1930. Me resisto a aceptar, sin más, la autorizada opinión de Lira Neto, que calificó a Getúlio de incorrigível mulherengo, en su artículo Aimée Sotto Mayor: revelada a mulher que abalou o coração de Getúlio Vargas, en la revista “Marie Claire”, 24 de agosto de 2013.

[17]Un largo viaje (dos meses) de doña Darcy por Europa, en 1936, en compañía de sus dos hijas, parece  haber tenido una de sus causas en el enfado de aquella por las relaciones de su marido con Aimée, aunque pudo haber sido peor el remedio que la enfermedad, pues tal ausencia dio alas a la pasión de Getúlio por su amante y a las posibilidades de mostrarla sin tanto rebozo. 

[18] Se emplea también para su apellido la grafía Sotto-Mayor. Sobre la diferencia de edad, véanse las observaciones de la nota 7. Luís Simões mantenía parentesco -primo, más o menos próximo- con Aimée, pero también con su segunda mujer, Regina de Macedo Sampaio Quentel (1920-2010), pues una y otra eran nietas del germano-brasileño, Christian Ludwig Wilhelm Quentel. Del primer matrimonio de Lopes no hubo hijos; del segundo, nacieron cuatro. Aimée tampoco tuvo hijos de su segundo enlace, con el norteamericano Rodman Arthur de Heeren (1909-1983), por cierto, hijo de un diplomático español.
[19]  El original de la carta se conserva en los archivos del CPDOC-FGV. Un breve resumen de la misma, en Lira Neto, Getúlio (1930-1945), citado en nota 1, pp. 339-340.
[20]  Es un tópico en esto la referencia a la intervención admonitoria del íntimo colaborador de Vargas, Oswaldo Aranha, advirtiendo a aquel del efecto negativo de los rumores al respecto. Por cierto, Getúlio no recibió de buen grado la interferencia, recordando a su Ministro de Relaciones Exteriores que también él mantenía contactos adúlteros, al punto de haber embarazado a una cantante lírica, Yolanda Norris. El hijo de ambos, Luís Oswaldo Norris Aranha, nació en la segunda mitad de 1938.
[21] Iedo (Daudt) Fiúza (1894-1975), ingeniero de profesión, fue Prefecto de Petrópolis en los periodos 1930-1934 y 1936-1938, y Director General del Departamento Nacional de Estradas de Rodagem entre 1934 y 1945. Cuando la primera caída de Getúlio, concurrió a las elecciones presidenciales (1945) como sorprendente candidato del Partido Comunista de Brasil, alcanzando el tercer lugar en el recuento (casi un 10% de los votos). Retornado Vargas a la Presidencia (1951), Fiúza ocupó cargo en el Departamento Nacional de Aguas (1951-1954).
[22] Conjunto de intentos de derribar a Vargas, protagonizados por gentes de extrema derecha, afines al fascismo, aglutinados en la Acción Integralista Brasileña, liderada por Plínio Salgado (1895-1975).
[23] El hecho histórico sigue presentando numerosas dudas y vacíos. Me atengo principalmente al relato que del mismo ofrece Lira Neto, Getúlio (1930-1945), citado en la nota 1, páginas 331-339.
[24] Júlio Barbosa do Nascimento, teniente de fusileros navales, se sumó al golpe integralista, con el que colaboró desde su puesto de comandante de la guardia del palacio de Guanabara los días 10/11 de mayo de 1938. Fracasado el levantamiento, huyó y trató de refugiarse en la embajada de Polonia. Finalmente, fue expulsado del Ejército y condenado en 1938 por el Tribunal De Seguridad Nacional, a la pena de diez años de reclusión. Sería liberado en virtud de la amnistía general de abril de 1945.
[25] Eurico Gaspar Dutra (1883-1974), general del Ejército -luego, Mariscal- y Ministro de la Guerra entre 1937 y 1945. Llegó a ser Presidente del Brasil (1946-1951).
[26] Jandira Sarmanho Vargas (1913-1980), soltera a la sazón. Tenía notables desarreglos de tipo mental, lo que por sí solo puede explicar la decisión de su hermana Alzira de llevarla junto a su madre, en plan puramente defensivo.
[27] Lutero Sarmanho Vargas (1912-1989), licenciado en Medicina en 1937.
[28] Alzira Sarmanho Vargas (1914-1992), todavía soltera entonces. Una buena presentación de su papel político junto a su padre -y cerca de su marido- en Rachel Soihet y Suely Gomes Costa, Tutela e devir das mulheres no espaço público, en La manzana de la discordia, julio-diciembre 2011, vol. 6, No. 2, pp. 7-25.
[29]  Puede contribuir a esa preponderancia el hecho de que fue ella quien reflejó los incidentes en su conocido libro, Getúlio Vargas, meu pái, editora Globo, Rio de Janeiro, 1960. Hay versión ampliada, a cargo de su hija, Celina Vargas do Amaral Peixoto, edit. Companhia das Letras, São Paulo, 2017 (a propósito de esta nueva edición, véase Pedro Cezar Dutra Fonseca, Alzira Vargas, uma liberal-comunista, en GaúchaZH Livros, 04/08/2017).
[30]  Forma familiar de referirse al hijo de Getúlio, Manuel Antônio Sarmanho Vargas (1916-1997).
[31]  Es una curiosidad preciosa la de que el volumen se titulara “Bajo el fuego invisible”, como obviamente lo era el de los asaltantes nocturnos. El libro era Sob o fogo invisíbel, de André Carrazzoni (Editora Globo, 1932).
[32]  Apelativo de Getúlio para Aimée Soto-Maior, aludida en el anterior capítulo. El amigo al que luego alude es, con toda probabilidad, Iedo Fiúza, también citado íbidem.
[33] El diario carioca O Globo del 11 de mayo de 1938 (página 1) aludía a ocho cadáveres a la vista y a que era aún mayor el número total de muertos.
[34] Mínimo, por cuanto se inscribieron sus nombres en los monumentos funerarios correspondientes. Véanse Adriane Piovezan, Rituais fúnebres militares: o túmulo dos Fusileiros Navais mortos na intentona integralista de 1938, XXIX Simpósio Nacional de História, Brasília, 2017 (accesible por Internet); Arcy Lopes Estrella recoge los nombres de nueve integralistas muertos, en Offensiva, abril de 2002.
[35]  Véase supra, nota 34. Según la revista Idade Nova, 18/05/1950, p. 1, los integralistas muertos fueron once.
[36]  Dos de ellos fueron de los reclutados a toda prisa por el general Dutra en el Forte do Leme y cayeron a su lado, cuando trataban de romper el cerco al palacio de Guanabara para acceder a su interior.
[37]  Resumen de fuentes (incluyendo manifestaciones y testimonios de los generales Dutra y Góes Monteiro y del Interventor de Rio de Janeiro, Amaral Peixoto), en Lira Neto, Getúlio (1930-1945), pp. 338-339.
[38]  Nacida en 1910, se casó con el conde Ciano en 1930. Falleció en 1995. Estuvo considerada como el prototipo de nueva mujer italiana, sugerido por una cierta sección de los ideólogos fascistas.
[39]  Por la revista norteamericana Time: véase el número de 24 de julio de 1939 (volumen XXXIV, nº 4), que le dedicaba la portada, con la siguiente afirmación, un tanto sexista: Lleva los pantalones diplomáticos.
[40]  La presencia de la Dama no tuvo una cobertura extensa en la censurada prensa brasileña de la época, al margen de su llegada a Rio y de la solemne cena con el Presidente Vargas en el palacio de Guanabara: ver O Globo, de Rio de Janeiro, de 23 de mayo de 1939 (pp. 1 y 3) y de 27 de mayo de 1939, p. 1.
[41] Me limitaré a citar una fuente novelada al respecto: Begoña Aranguren, Tras tus pasos, editorial Planeta, Barcelona, 2014. El título responde al hecho de que Ciano fue el primero en las infidelidades, llegando finalmente su esposa a la fórmula de pagarle con la misma moneda.
[42] El hecho tuvo, entre otros, a un destacado y sólido testigo. Véase José Louzeiro, O anjo negro: a história sincera de Gregório Fortunato, edit. Francisco Alves, Rio de Janeiro, 2000, p. 147.
[43] Ver Lira Neto, Getúlio (1930-1945), cit. en nota 1, p. 360. Benjamim, por toda explicación, habría aclarado a Getúlio, con su peculiar portugués de frontera con Argentina: Yo no me contuve, che.
[44]  La Academia francesa fue fundada en 1635; la brasileña, en 1897.
[45]  El edificio, erigido para la Exposición de 1922, se levanta en la avenida Presidente Wilson de la ciudad de Rio de Janeiro.
[46] Véase la web academia.org.br, entrada Presidentes.
[47] El acontecimiento tuvo lugar el 12 de agosto de 1939. La valoración por Getúlio es transcrita por Lira Neto, Getúlio (1930-1945), citado en nota 1, página 430.
[48] João Neves da Fontoura (1887-1963), recibido como académico en 1937; su Presidente, en 1947.
[49] Alberto Santos Dumont (1873-1932), elegido académico en 1931, no llegó a tomar posesión. Osvaldo Cruz (1872-1917) tomó posesión como académico en 1913.
[50]  Editorial José Olympio, 1ª edición, Rio de Janeiro, 1938. La obra esta dividida en diez volúmenes.
[51]  Tanto el discurso de Vargas, como el de su recepción, obra de Ataulfo de Paiva, pueden encontrarse en la web de la Academia Brasileira de Letras, academia.org.br. Breve valoración de ambos, en Lira Neto, Getúlio (1930-1945), citado en nota 1, pp. 432-434.