sábado, 28 de abril de 2012

LA CUARTA PELEA DEL CHOLO DURÁN




La cuarta pelea del Cholo Durán

Por Federico Bello Landrove



     Este relato sigue de cerca la historia real, aunque no pretende serle servilmente fiel. Lo inspira la serie de combates entre los famosos pesos ligeros, Roberto Carlos Durán Samaniego (1951) y Esteban de Jesús Rivera (1951-1989). Los entendidos dicen que dicha saga estuvo formada por tres peleas, pero yo discrepo. Precisamente, la más hermosa y emocionante fue la cuarta. Si leen este cuento hasta el final, sabrán por qué.




1.      Nueva York, 1972



     Tuvo que ser en la catedral del boxeo, en el Madison Square Garden neoyorquino. El Cholo [1], invicto hasta la fecha, era flamante campeón mundial de los ligeros y ya empezaba a dar muestras de su desinterés por los gimnasios y de los excesos con sus fantásticas cualidades naturales.

-          Pero, Bello, ¿cómo se atreve a decir eso? Precisamente la pelea a la que se refiere era de adiestramiento y preparación para ulteriores defensas del título. Si acaso demuestra algo, es que el campeón no tenía conciencia exacta del gran nivel de su oponente.

-          Es usted demasiado bueno, Torres[2]. ¿No le parece que tres combates en menos de cinco meses son demasiados, aunque fuesen a diez asaltos y sin poner el título en juego?

-          Bueno, bueno, siga. Procuraré no interrumpirle.

     Decía que, a los quince segundos del primer asalto, De Jesús mandó a la lona a Durán, con un poderoso uppercut de izquierda y, aunque este se levantó y aguantó el combate, nunca pareció capaz de imponerse a su adversario. Más adelante reconocería que no se había preparado para este evento, que supuso su única derrota en la división de los livianos [3].

-          ¿Y usted qué cree, maestro? Por mi parte, nunca he hecho mucho caso de las disculpas sin pruebas. Ya ve como –sin ir más lejos-, en su siguiente enfrentamiento, el Vita volvió a tumbarlo en el primer asalto, con otro golpe muy parecido.

-          Cierto, Chegüi, pero en este último caso, Durán supo reponerse y ganar el combate, gracias a una superior preparación, que le permitió soportar el calor y los asaltos mucho mejor que su contrincante. Pero esa es ya otra historia.





2.   Ciudad de Panamá, 1974



     Ya lo creo que es otra historia. Como que Durán ponía en juego su título de la Asociación Mundial [4] y nada menos que en su casa y ante su gente. ¡Dieciséis mil personas abarrotando el gimnasio Nuevo Panamá, con una temperatura ambiente inicial de 35 grados [5]!

-          Aquello, amigo Bello, fue una encerrona. Con decirle que el árbitro era panameño…

-          No irás a decirme, Chegüi, que Durán no ganó en buena lid.

-          Desde luego, pero lo merecieron tanto uno como otro. ¡Qué gladiadores!

     En fin, apenas había transcurrido un minuto del primer asalto, cuando el Cholo cayó de culo, por un formidable crochet de zurda de su oponente. ¡Madre mía, qué disgusto! La decepción del público podía cortarse con un cuchillo. Pero esta vez la cosa iba en serio. El campeón capeó el corto temporal y la pelea se fue igualando y, luego, decantando del lado del púgil de calzón verde con cintura dorada [6]: Una caída del Vita en el séptimo y otra en el onceno, que determinó el k.o. técnico.

-          Decisión del árbitro un poco precipitada. Yo creo que mi compatriota [7] aún podía aguantar.

-          Dejémoslo así, Torres, para alegría del público y menor castigo del dignísimo perdedor.





3.   Las Vegas, 1978



     ¡La mayor pelea de los ligeros de todos los tiempos! El Caesars Palace de Las Vegas acogía, el 21 de enero de 1978, el tercer combate entre Durán y de Jesús, ambos campeones mundiales a la sazón[8], con sus respectivos títulos en juego. Era la oportunidad soñada de unificar el cetro mundial y aclarar definitivamente la primacía entre aquellos enormes fajadores.

-          Ahí le duele, señor escritor. De Jesús salió al cuadrilátero con su estilo de siempre, pero Durán había aprendido de las experiencias pasadas y le planteó el duelo como si de mi admirado Cassius Clay[9] se hubiese tratado.

-          Cierto. ¡Qué esgrima, qué velocidad, qué movilidad… y qué fuelle! Porque la pelea se fue hasta el asalto doce.

-          Fue prodigioso. Nunca se ha visto nada igual, y ante un rival valiente y muy peligroso. Después de esto, ¿qué más podía hacer Mano de piedra[10] en la categoría?

     El bueno de Torres, siempre tan gentil y comprensivo. No creo que fueran razones filosóficas las que pasaran por la cabeza de Durán para dar el salto a los welters, los medios y otras categorías intermedias. El dinero y el poco control de su peso tendrían, sin duda, más incidencia. Pero dejémoslo así, con el dramático gateo por la lona del Vita camino de las cuerdas, para levantarse, agarrándose a ellas.

-          ¿No quieres contar nada de lo que vino después? Me refiero a la condena de Esteban por asesinato[11], su heroinomanía carcelaria, a cómo contrajo el SIDA por compartir jeringuillas…

-          No creo que ello tenga mucho que ver con el boxeo; de modo que bien puedo decir aquello de este cuento se ha acabado.

-          ¿Acabado? Pero si aún falta aludir a la última pelea, la que el Cholo ganó por decisión unánime y sin dar un solo golpe: solo un clinch o agarre, de la mejor calidad que yo haya visto nunca.

     Yo habría jurado que los combates entre Durán y de  Jesús fueron tres pero, en fin, si Chegüi sostiene lo contrario y asegura haber sido testigo presencial…

-          Está bien –le digo-, pero cuéntalo tú y responsabilízate de la veracidad del relato.

-          Claro, hermano. Hasta estoy por asegurar que este encuentro te resultará más emocionante que cualquiera de los tres anteriores, aunque no puedas contemplarlo en vídeo.





4.   San Juan de Puerto Rico, 1989



-          Fue en casa del Vita, en San Juan. Ante lo avanzado de la enfermedad, se había autorizado su excarcelación, para que pudiera cuidarse mejor y morir en paz. El Gobernador llegó a indultarlo, cuando estaba a punto de morir. Eso fue por abril de 1989, más o menos cuando yo presencié el combate que te cuento.

-          Pero entonces la pelea sería entre De Jesús y el terrible virus. ¿Qué pinta Durán en eso?

-          Calma, deja que siga. Quien más, quien menos, algunos nos preocupamos de visitar al Vita en sus últimos días. Y no era cosa de poca monta, con la fama que entonces tenía tal dolencia. Yo lo frecuenté, por supuesto, pero también otros famosos sin relación directa con el box, como Cheo Feliciano, Orlando Cepeda [12] y algunos más. Entre ellos, apareció un día por casa de la familia De Jesús el legendario Mano de Piedra quien, a sus treinta y siete añitos, andaba navegando con brillantez por las divisiones de los superwelters y los medios [13]. Venía acompañado de una de sus hijas[14], con quien pasó a la habitación en que se hallaba encamado Esteban de Jesús. ¡Chico, qué escena! Se me pone la carne de gallina de volver a recordarla. Te la contaré con parecidas palabras, escuetas y frías, a las que usé en el Post de Nueva York, como si de un combate se tratara. Salta el Cholo al entarimado y, en el otro rincón ve, yacente y esbozando una sonrisa, al  Vita De Jesús. No oye las recomendaciones del árbitro, ni espera a que suene la campana, ni tampoco toca los guantes del rival en señal de saludo. Se lanza a él, lo agarra en un clinch sorpresivo y lo alza de la cama, a peso, como si fuera una pluma. Mantiene la presa y besa el rostro de su contrincante, como otrora mostró burlón su barbilla a Sugar Leonard, retándole a alcanzarla; solo que esta vez, la caricia no es de burla, sino de compasión. Luego, afloja el abrazo y dice a su hija que también ella bese al rival, quien cae finalmente en la cama por la cuenta de diez. ¡K.O. sin un solo golpe! Claro que un clinch bien hecho vale mucho; ¡y no digamos un par de besos!

-          ¡Caramba, Chegüi! ¡Menos mal que ibas a ser escueto y frío, que si no!

-          Pues eso, amigo Freddy. Que los combates fueron cuatro y el que diga lo contrario se las verá con el excampeón mundial de los semipesados[15], que, aunque ya viejo, todavía reparte estopa, si se tercia.

-          Por supuesto, campeón, por supuesto. Como diría el propio Durán, viejo es el viento y aún sigue soplando.





[1]  Roberto Durán es conocido por los apodos de El Cholo y Mano de Piedra. Esteban de Jesús tenía el sobrenombre de Vita.
[2]  Alusión al gran boxeador, periodista y escritor sobre temas boxísticos, José Chegüi Torres (1936-2009), con quien el autor (¡qué más quisiera!) dialoga ficticiamente a lo largo del cuento; primero, tratándose de usted y, luego, más informalmente.
[3]  Para los púgiles masculinos profesionales, el peso ligero o liviano está comprendido entre las 130 y las 135 libras (aproximadamente, 59 y 61,25 kilogramos).
[4]  Asociación Mundial de Boxeo (siglas, W.B.A, en inglés), el más prestigioso de los dos títulos mundiales entonces vigentes.
[5] Las referencias de prensa suelen darse en escala Fahrenheit: 95⁰F, equivalentes, grosso modo, a nuestros 35⁰C.
[6] Colores de Durán en aquel combate. De Jesús, como en su primera pelea (¿superstición?), salió con calzón a rayas blancas y azules.
[7] Como es sabido, Esteban de Jesús y José Torres eran puertorriqueños. Durán es panameño, aunque algunos aduzcan su vinculación con Méjico, patria de su efímero padre.
[8]  Tras casi seis años de posesión, Durán aún ostentaba el título de la W.B.A. Esteban de Jesús era campeón por el Consejo Mundial del Boxeo, desde mayo de 1976.
[9]  José Torres fue autor de un famoso libro sobre Cassius Clay (o Muhammad Ali), titulado Sting like a bee.
[10]  El inventor de este apodo lo escribió tal cual. Fueron los norteamericanos quienes pasaron a emplear el plural (Hands of stone).
[11]  Para los interesados en el tema, además de otras fuentes menos seguras, les remito a la sentencia de apelación del Tribunal Superior de Puerto Rico (Sala de San Juan), de 7 de febrero de 1983, colgada en Internet.
[12] Alusión al conocido cantante José Feliciano (1945) y al muy notable jugador de béisbol Orlando Cepeda (1937), ambos puertorriqueños.
[13] Divisiones boxísticas que tienen, respectivamente, como peso máximo los 70 y los 72,5 kilogramos, aproximadamente (las masas exactas se dan en libras). Digamos, entre paréntesis, que se afirma de Roberto Durán que llegó a pesar unos 95 kilos, tras dejar el boxeo profesional, cumplidos los 50 años de edad.
[14]  Mi interlocutor no recordaba cuál de ellas. Me gustaría creer que fuese Irichelle (1976), por haber llegado a boxear profesionalmente en tres combates y ser comentarista de boxeo.
[15]   José Chegüi Torres fue campeón mundial de esa división en 1965-1966.

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